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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

20

May

2002

Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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El vuelo de la imaginación
Los niños ofrecieron ayer su particular visión del parque escultórico del Museo
Antón, dentro de la actividad Impresiones en el museo, con beatriz Corredoria

 

Las miradas de los niños y su actividad hicieron volver a las obras del parque escultórico del Museo Antón de su ligero letargo. Sus ojos veían barcos, aviones, muñecas rusas, e incluso las Torres Gemelas, en las obras de Sánchez, Amador, Camín, José Luís Sánchez...


Una treintena de niños de los colegios candasinos San Félix y Poeta Antón participaron ayer en la primera edición de Arte para los Niños. Eran sus primeras impresiones y la invitación contemplaba un recorrido por el parque escultórico que rodea al Museo Antón y un taller de grabado. «Queremos conocer cosas nuevas», afirmaban mientras esperaban sentados en el suelo en el véstíbulo de entrada. El reto era, tras una explicación de autores y materiales reconocer las esculturas en las planchas grabadas, una vez de vuelta en las aulas del museo.

Libreta y lápiz en mano, los niños, de entre nueve y doce años escuchaban atentamente las explicaciones. «Caveza de Buda», escribía uno de los pequeños ante la escultura de Javier del Río, procurando no olvidar ni un detalle, y tratando de escribir lo más rápido posible, en esa letra redonda de quien todavía no ha escrito demasiado y no la ha deformado. Algunos hacían pequeños bocetos en las mínimas libretas, de las de lo más pequeños, salía de todo, desde lo más parecido y lo más dispar.

Merche, la profesora del colegio San Félix que hacía de guía, les interrogaba contínuamente por lo que veían. Ellos no le defraudaban, y el interrogatorio se convertía en una interacción continua. «¡Un hombre primitivo, un hombre desnudo!», gritaban, al tiempo en que corrían hacia la obra de Amancio González que el mismo prefirió dejar sin título. Los pedestales de la esculturas servían un poco para todo, tanto para hacer un alto en el camino y sentarse, como para apoyar el block de notas.

La imagen de las Torres Gemelas había dado la vuelta al mundo y los pequeños cansados de verlas en la tele, las veían en la obra de Camín, Construcción. «¿Qué yé?, preguntaban contínuamente. Beatriz Corredoira, que posteriormente les enseñaría a manejar el rodillo, la espátula y el tórculo en el que se hace la impresión, les escuchaba atentamente. Los chicos manifestaban sus preferencias, entre ellas el cubo vacío de Amador, «tres metros cuadrados de hormigón, con h», copiaban en la libreta.

«¡Mira que guay!», afirmaban con ojos incrédulos, cuando veían que la plancha de impresión elegida correspondía con las esculturas que habían visto fuera. Su afán era llevarselos a casa y mostrar a sus padres los trabajos de una tarde. Aciertos y errores, Beatriz Corredoira les había puesto otras imágenes para que pensasen y recordasen lo que habían visto. Esa era la primera finalidad. Indira González y Aloha Calviño iban un poco más lejos y no descartaban «pintar o hacer una escultura» algún día .

Mientras los mayores elegían los colores que querían, los más pequeños llevados por su timidez se dejaban llevar, rodeando los caballetes y evitando mancharse con unos tintes que no se quitan. Los monitores pedían silencio y orden con el ánimo de quien sabe que con treinta niños el silencio habitual de los museos y salas de exposiciones era casi imposible.



 
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