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15-abril-2004

ÁNGEL GUACHE (LUANCO, 1950)
«El eslogan es una brizna de vida»
Guache presenta dos exposiciones en Gijón, con
las series ‘Las islas’, pintada en los años ochenta, y
‘Se venden frases’, que funde pintura y literatura


Tras una larga trayectoria como poeta y artista plástico, Ángel Guache ha vuelto estos días a Asturias, haciendo doblete expositivo en Gijón, en la Fundación-Museo Evaristo Valle y en la galería Espacio Líquido. En el primer centro expone su serie ‘Las islas’, realizada en los años ochenta, y en el segundo un original conjunto de eslóganes propios, reunidos en un libro e impresos en las salas sobre distintos soportes, bajo el título genérico ‘Se venden frases’.

Desde que el minimalismo entró en el arte en los años sesenta, las referencias teóricas a la espiritualidad han venido multiplicándose entre algunos artistas que, como Guache, gustan de interiorizar y meditar diariamente.

Así, a lo largo de su carrera creativa, que alterna con sus labores docentes en un instituto madrileño, Ángel Guache ha venido compaginando artes visuales y ritmos literarios. Sus mejores logros funden ambos campos, desarrollando esa ‘poética del asedio, de la repetición, de la variación musical sobre un mismo tema’ que citaba Juan Manuel Bonet con motivo de la exposición de Guache en el Espacio Uno, del Museo Nacional-Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

Pintor bien informado de lo que se cuece dentro y fuera de España, lector experimentado, revolucionario, viajero insólito y pensador empedernido, Ángel Guache ha pasado por muchas etapas, pero en todas late su comunicación íntima con los elementos, el despojamiento, la rebeldía y la ironía. En esta ocasión, el ritmo y la esencialidad armonizan ambas exposiciones, formalmente dispares y, sin embargo, unidas bajo ese mismo espíritu.

–Resulta curioso asistir a dos exposiciones que aparentan tantas diferencias en su sentido plástico. ¿Qué significado tiene este doble encuentro expositivo?
–Como suele ocurrir, hay un poco de azar en esta coincidencia. Pero, de alguna manera, ambas se compaginan. La serie ‘Las islas’ es muy pulsional, fruto de una actitud más contenida. Es, quizás, ‘pintura-pintura’. Sin embargo, ‘Se venden frases’ es lo contrario. Va más al grano y se despoja de la propia pintura, sin dejar de serlo del todo. Personalmente, estoy encantado con la coincidencia.

–La nueva serie, ‘Se venden frases’ es una vuelta de tuerca sobre anteriores exposiciones, donde primaban la geometría y el minimalismo, sin excesos conceptuales...
–Dice Javier Barón, en el prólogo del libro, que esta exposición funde de manera rotunda pintura y poesía, mis dos facetas más conocidas. La verdad es que me interesa mucho el concepto de ‘eslogan’. El eslogan es una brizna de vida y, en cierto modo, es el arte de hoy. Es más rápido y efectivo que el arte ‘tradicional’, y se enfrenta a la literatura y las artes plásticas. Pero con eso no me río de los que no compartan mis creencias, porque yo mismo estoy siempre mudando ideas. Nuestra razón de ser es la mutación.

–Hay quien advierte cierto tono mercantilista en el título elegido para esta la serie...
–La verdad es que había pensado otros títulos: ‘Ideas mutantes’, ‘Eslóganes’... Pero me gusta el que elegí finalmente, porque esas connotaciones mercantilistas, pese a ser menos sutiles, son más reales, y, la verdad, bastante más acordes con nuestra actualidad.

–Varios autores han unido pintura y literatura, pero pocos se han atrevido con esta variedad de soportes...
–El eslogan permite mucha flexibilidad. Aquí he usado vinilo impreso sobre pared, lona publicitaria, proyección de vídeo, audio... En realidad, todo es una broma aforística. Podía haber optado por el graffiti, la fotografía o el empleo de color... pero prefería un eslogan puro y duro, sin adornos.

–La crítica le trata bien. ¿Vende mucho Ángel Guache?

–La verdad, creo que escribo para todo el mundo, aunque quienes compran mis libros, al final, suelen ser cuatro amiguetes. Creo que me tratan bien porque ese humor provocativo que utilizo no suele sentar mal a casi nadie. Pero siempre hay algún crítico que se molesta.

 
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