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Tras
una larga trayectoria como poeta y artista plástico, Ángel
Guache ha vuelto estos días a Asturias, haciendo doblete
expositivo en Gijón, en la Fundación-Museo Evaristo
Valle y en la galería Espacio Líquido. En el primer
centro expone su serie Las islas, realizada en los años
ochenta, y en el segundo un original conjunto de eslóganes
propios, reunidos en un libro e impresos en las salas sobre distintos
soportes, bajo el título genérico Se venden
frases.
Desde que el minimalismo entró en el arte en los años
sesenta, las referencias teóricas a la espiritualidad han
venido multiplicándose entre algunos artistas que, como Guache,
gustan de interiorizar y meditar diariamente.
Así, a lo largo de su carrera creativa, que alterna con sus
labores docentes en un instituto madrileño, Ángel
Guache ha venido compaginando artes visuales y ritmos literarios.
Sus mejores logros funden ambos campos, desarrollando esa poética
del asedio, de la repetición, de la variación musical
sobre un mismo tema que citaba Juan Manuel Bonet con motivo
de la exposición de Guache en el Espacio Uno, del Museo Nacional-Centro
de Arte Reina Sofía de Madrid.
Pintor bien informado de lo que se cuece dentro y fuera de España,
lector experimentado, revolucionario, viajero insólito y
pensador empedernido, Ángel Guache ha pasado por muchas etapas,
pero en todas late su comunicación íntima con los
elementos, el despojamiento, la rebeldía y la ironía.
En esta ocasión, el ritmo y la esencialidad armonizan ambas
exposiciones, formalmente dispares y, sin embargo, unidas bajo ese
mismo espíritu.
Resulta curioso asistir a dos exposiciones que aparentan
tantas diferencias en su sentido plástico. ¿Qué
significado tiene este doble encuentro expositivo?
Como suele ocurrir, hay un poco de azar en esta coincidencia.
Pero, de alguna manera, ambas se compaginan. La serie Las
islas es muy pulsional, fruto de una actitud más contenida.
Es, quizás, pintura-pintura. Sin embargo, Se
venden frases es lo contrario. Va más al grano y se
despoja de la propia pintura, sin dejar de serlo del todo. Personalmente,
estoy encantado con la coincidencia.
La nueva serie, Se venden frases es una vuelta
de tuerca sobre anteriores exposiciones, donde primaban la geometría
y el minimalismo, sin excesos conceptuales...
Dice Javier Barón, en el prólogo del libro,
que esta exposición funde de manera rotunda pintura y poesía,
mis dos facetas más conocidas. La verdad es que me interesa
mucho el concepto de eslogan. El eslogan es una brizna
de vida y, en cierto modo, es el arte de hoy. Es más rápido
y efectivo que el arte tradicional, y se enfrenta a
la literatura y las artes plásticas. Pero con eso no me río
de los que no compartan mis creencias, porque yo mismo estoy siempre
mudando ideas. Nuestra razón de ser es la mutación.
Hay quien advierte cierto tono mercantilista en el título
elegido para esta la serie...
La verdad es que había pensado otros títulos:
Ideas mutantes, Eslóganes... Pero
me gusta el que elegí finalmente, porque esas connotaciones
mercantilistas, pese a ser menos sutiles, son más reales,
y, la verdad, bastante más acordes con nuestra actualidad.
Varios autores han unido pintura y literatura, pero pocos
se han atrevido con esta variedad de soportes...
El eslogan permite mucha flexibilidad. Aquí he usado
vinilo impreso sobre pared, lona publicitaria, proyección
de vídeo, audio... En realidad, todo es una broma aforística.
Podía haber optado por el graffiti, la fotografía
o el empleo de color... pero prefería un eslogan puro y duro,
sin adornos.
La crítica le trata bien. ¿Vende mucho Ángel
Guache?
La verdad, creo que escribo para todo el mundo, aunque quienes
compran mis libros, al final, suelen ser cuatro amiguetes. Creo
que me tratan bien porque ese humor provocativo que utilizo no suele
sentar mal a casi nadie. Pero siempre hay algún crítico
que se molesta.
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