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EXPOSICIÓN VIRTUAL
El Comercio
 
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11-dici.-2007



Metáfora de las barreras
Instalación, fotografía, escultura, sonido y animación se combinan en
las exposiciones AlNorte’07. Así es el recorrido por las cinco
propuestas, en Gijón, Oviedo y Avilés


Inauguracion. Eduardo Guerra (segundo por la izquierda), junto a Ángel Antonio Rodríguez, Román Álvarez y Miguel Ángel Villalba./ T.J.

C. BARTSCH

Las paredes del Centro Municipal de Arte y Exposiciones (CMAE) de Avilés se convirtieron ayer en las barreras particulares de una muestra que, precisamente, invita a traspasar todo hermetismo. Se trata de ‘Límites difusos’, la exposición fotográfica del artista gijonés Eduardo Guerra que se puede disfrutar hasta el 28 de diciembre en el centro avilesino dentro del programa de AlNorte’07.
El coordinador de la Semana Nacional de Arte Contemporáneo, Ángel Antonio Rodríguez, acompañó a Eduardo Guerra en la inauguración de la exposición, en la que no faltó la presencia del concejal de Cultura del Ayuntamiento de Avilés, Román Antonio Álvarez. Otros representantes de la Corporación municipal fueron el concejal del PP Constantino Álvarez y el edil de ASIA Miguel Ángel Villalba.

En representación del mundo artístico, acudieron Angélica García (de la galería Amaga), la pintora Rebeca Menéndez, el escultor Jesús Castañón, la directora del Museo Barjola Lydia Santamarina y el profesor de la Escuela de Arte de Oviedo Miguel Carrera. Con el sello de AlNorte, acudieron Carmen González, una de las artistas becadas este año y que expone su obra en el Museo Barjola, y el pintor Alfonso Albacete, que dirige el taller ‘Entrepinturas’ que hoy comienza en el Centro de Cultura Antigua Instituto.

Ante todos ellos, Eduardo Guerra diseccionó las claves de una muestra que utiliza los árboles como elemento iconográfico que sugiere la idea del límite, un concepto que «todo el mundo intuye, pero que no acaba de ver claro», afirmó el artista. La muestra consta de una serie de imágenes Polaroid que invitan al público a pasar al fondo de la sala, el último límite, donde se encuentran las doce fotografías que componen la instalación final, todas ellas tomadas en Gijón. El sonido de la central térmica de Aboño sirve de fondo indisociable de las imágenes, uno y otras profundamente interiorizados por el artista.

A pesar de que la quietud de los árboles captados por la cámara de Guerra, el artista negó haber querido representar la soledad. «Todo lo contrario», afirmó. De hecho, explicó que en todas las imágenes intentar mostrar la presencia humana, aunque no aparezca ninguna persona retratada. «¡No sé fotografiar personas!», exclama el artista. Un nuevo límite que, como los sugeridos en la muestra, se enfrenta a una última barrera: el gusto del espectador.

 
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