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| Adolfo Manzano / E.C. |
Seis años después de su anterior exposición individual en la galería gijonesa Espacio Líquido y cuatro después de pasar por la ovetense sala Vértice, vuelve Adolfo Manzano a la primera con una muestra que ha titulado ‘La casa es la frontera’, reuniendo distintas disciplinas. Heredero de las estéticas constructivista y minimalista, el asturiano ha puesto su mirada poética, su fortaleza plástica y su capacidad crítica al servicio de este hermoso conjunto de sugerencias, vibrantes y en constante cambio.
Con más de treinta exposiciones dentro y fuera de Asturias, Manzano continúa planteando alegorías bajo una asombrosa economía de medios. En esta ocasión aporta dibujos, graffiti, una instalación, varias esculturas de mármol y dieciséis textos poéticos que hablan de los límites del individuo.
–‘La casa es la frontera’ establece un diálogo entre hogar, territorio y paisaje. ¿Son esos quizás, los temas más recurrentes de su trayectoria?
–Es verdad que el territorio y el paisaje aparecen en bastantes de mi obras, aunque estos temas los abordo desde diferentes perspectivas. En ocasiones, con una visión nostálgica, otras veces una mirada opresora, poética o crítica. También es cierto que un mismo factor genera en nosotros diferentes interpretaciones, estados de ánimo, o sentimientos. Un mismo suceso, un lugar, una persona o un paisaje lo vivimos de diferente manera en la medida que las personas nos transformamos a lo largo de nuestras vidas. No percibimos de la misma manera una situación con veinte años que con cincuenta. En mi caso, y creo que en el de la mayoría, ni siquiera de un día para otro. Ysi me apuras, de una hora para otra. Son tantos lo factores que influyen sobre nosotros... Me interesan las visiones subjetivas de un mismo hecho, que conforman una mirada más ajustada frente un acontecimiento o situación determinada.
–Aquí se presentan diversas técnicas, más o menos habituales en su quehacer, que le sirven para fundir formas, palabras y volúmenes. ¿Un reto complicado?
–No suelo mantener fidelidad a un material o a una técnica concreta. En la mayor parte de mis obras hay un reto que salvar y, además, un cierto riesgo que me hace vivir con intensidad el proceso de creación. Por citar un caso más o menos próximo, la obra titulada ‘A los héroes que fuimos’ instalada en la plaza del Ayuntamiento de Pravia, para la que realicé una escultura monumental de un caballito balancín de madera que previamente había tallado en pequeño formato. En su ejecución conté con un gran maestro, Blas Quesada, y juntos sacamos adelante en un tiempo récord una escultura de gran complejidad técnica que nunca antes había abordado.
–Algunas de estas piezas retoman composiciones que recuerdan formalmente a sus anteriores trabajos. ¿El pequeño formato tiene aquí un sentido más intimo?
–Desde luego, el formato es un factor determinante para la percepción de una obra, pero también lo es a la hora de abordar dicho proyecto. Tras los últimos trabajos que he realizado para exterior, preparar esta exposición fue un placer. El trabajo de taller a solas con la pieza hace que el proceso sea mucho más íntimo. Creo que así se percibe por el espectador
–Se advierte una carga irónica y muy crítica contra diversos asuntos en esta exposición. Y también una intensidad poética, que se constata en las dieciséis frases...
–A lo largo de un tiempo fui escribiendo algunas reflexiones referidas al paisaje, al entorno urbano, la casa... Como espectador de estas realidades y sujeto activo de las mismas, sintetizé estos pensamientos en 16 frases. A partir de ahí, traté de darle una formalidad que resultara coherente con el tema. Por eso pensé en el graffiti, como representación gráfica de la expresión urbana. La publicidad que sale a nuestro paso, casi siempre utilizando la imagen de la mujer para vendernos las cosas más inútiles e inauditas, o la casa como elemento sagrado de la cultura contemporánea. La casa, entendida como límite que nos aísla y desprotege frente a los poderes sobre todo económico, en contraposición a esa idea según la cual la casa es el íntimo refugio donde llevar a cabo los deseos.
–¿Hay otras ‘fronteras’ que te parezcan importantes desde el punto de vista creativo?
–Sí de hecho en otras exposiciones ya he abordado esa posibilidad. Por ejemplo, en ‘La superficie de las cosas’, planteaba la piel como el límite sutil que nos separa del mundo. O en la escultura titulada ‘Límite’ que forma parte de la colección del Museo Jovellanos y plantea los límites físicos del cuerpo e, incluso, el límite de nuestra propia proyección.
–Estos días participa en una exposición colectiva en Valencia. ¿Algún otro proyecto?
–Es una gran exposición titulada ‘Construir, habitar, pensar. Perspectivas del arte y la arquitectura contemporánea’ en el IVAM. Además, estoy preparando un gran mural interactivo para exterior, con el arquitecto Julio Valle. También tengo prevista una exposición próximamente en la sala El Gallo, de Salamanca, que aprovecharé para llevar una pieza al Museo-Mausoleo de la ciudad. A medio plazo tengo prevista otra muestra en Roma. Y en el mes de julio realizaré un taller con niños y niñas en Laboral Centro de Arte, un nuevo proyecto que me hace mucha ilusión. |