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| Javier Riera / E.C. |
Hasta el 1 de septiembre estará expuesta en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid la exposición ‘Noche Áurea’ del asturiano Javier Riera, que continúa brillando dentro y fuera de su tierra natal. Por primera vez muestra el artista sus fotografías, que se inspiran en el entorno natural e incorporan elementos geométricos, color y formas donde mantiene su habitula respeto a la tradición y la experimentación constante. La muestra se incluye dentro del ciclo ‘Producciones’, en la sala habitualmente conocida como ‘Espacio Uno’, reservada a jóvenes valores.
La serie, de ejecución reciente, mantiene ese interés de Riera por el proceso, mediante bellas imágenes analógicas que ha captado en la penumbra. Son escenografías crepusculares que incorporan proyecciones de luz con sombras de elementos simbólicos (mandalas, laberintos...) similares a los que usa en su conocida obra pictórica. La experiencia del paisaje, una vez más, es la génesis de estos trabajos.
–Esta exposición de fotografías supone una novedad en cuanto al soporte empleado pero parece coherente con su trayectoria pictórica. ¿Satisfecho?
–La verdad es que si. Al ser fruto de un proyecto específico para el museo, he podido desarrollar estas serie fotográfic, que tenía hace años en mente. He disfrutado mucho con este trabajo.
–Hay una esencialidad de fondo y forma en el proyecto. ¿Cómo lo sintetizaría?
–A pesar del artificio que supone proyectar luz sobre el paisaje, lo que intento es hacerme eco de algo que ya está en la naturaleza, de una energía. Creo que la geometría tiene esa capacidad de describir los pulsos profundos de la naturaleza, y cuando digo esto suelo nombrar a Palazuelo y a sus escritos como un referente importante para mí. Por otro lado, de mis imágenes diría que van en dirección contraria al concepto de ‘no lugar’. Son lugares reconocidos, plenos de identidad y significado, en los que uno puede sentir sus vínculos a partir de aquello que contempla.
–¿Por qué ‘Noche Áurea?
–Las fotografías están realizadas después de la puesta del sol, en esa hora mágica en que la luz va desapareciendo o con la noche ya avanzada. La palabra ‘áurea’ hace referencia aquí, por un lado, a esa luz dorada que predomina en las proyecciones, y por otro al número áureo presente en muchas de las geometrías que proyecto. Me parece un título adecuado.
–Como en todas sus exposiciones, de nuevo conviven aquí paisaje y geometría, romanticismo y orden, razón y azar...
–En este caso se trata de la superposición de dos lenguajes diferentes o, como prefiero decir, dos ‘matemáticas’ diferentes. Por un lado la irregularidad del paisaje y por otro la geometría. Pero esta distancia es sólo aparente, porque científicamente sabemos que hay unas leyes físicas que se entremezclan para producir esa irregularidad visual. La astronomía se ha convertido en astrofísica y la descripción del universo pasa por lo matemático y lo geométrico.
–Todas las imágenes respetan el proceso creativo y su desarrollo técnico, alternando la incorporación de otras disciplinas con la tradición...
–Son el resultado de las influencias que uno recibe. Yo no pienso en términos de tradición o actualidad, he mirado mucho la pintura del pasado, la pintura del barroco, que me interesa especialmente, y algunos de los pintores románticos han sido muy importantes en mi forma de encontrarle significado al arte. Supongo que eso deja un cierto aspecto ‘clásico’ en mi forma de crear imágenes, que espero esté en equilibrio con conceptos más actuales. Creo que hay un importante desarrollo de la conciencia de lo que somos, que está en el arte actual y que no se encuentra en el arte de épocas pasadas.
–¿El pintor actual precisa de las hibridaciones o depende de su circunstancia personal?
–No creo que ‘precise’ las hibridaciones. Creo en el proceso personal y en el respeto del artista por su trabajo. En mi caso, el paso no es tanto a la fotografía como a la intervención lumínica sobre el paisaje. Históricamente hay un paso desde la pintura como elaboración de una superficie o como espacio de acción al trabajo directo sobre el paisaje. Ese paso lo dieron los primeros defensores del ‘Land Art’ y es perfectamente natural. Son desarrollos de planteamientos que se iniciaron en el romanticismo, que estos artistas han llevado mucho mas lejos. |