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 • ACTUALIDAD EN ARCO 2003

11

Feb

2004
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Ouka Leele, en carne viva

La fotógrafa y pintora publica ‘Floraleza’, un libro en que saca a la luz 20 poemas íntimos con serigrafías de flores


Antonio Arco

Ouka Leele (Bárbara Allende, nacida en 1957), a la que es frecuente ver acompañada de su adolescente hija María, y de sus tres perros vagabundos, se empeña en «mantener una mirada pura sobre las cosas». Para ello, se aferra al instante ya lejano en el que vio «tantos y cada uno de los milagros que me rodean», aunque ahora es consciente de que «el mundo te lleva...». En la Feria de Arte Arco que arranca hoy se presentará su último y original libro de bibliofilia titulado ‘Floraleza’, un íntimo y desnudo proyecto, materializado por la editorial murciana Ahora. Incluye 20 serigrafías de la artista y, por primera vez, 20 de sus poemas inéditos. El prólogo es de Calvo Serraller.

Pasa el tiempo y Ouka Leele cada vez es más perfeccionista. «Me paso muchas horas trabajando», asegura. No cesa hasta «llegar al punto en el cual se produce el arte. Es como una corrida de toros: hay momentos en los que no sabes por qué hay arte, y otros que son un espanto». Y no siempre el optimismo se hace presente: «A veces hay una oleada de entusiasmo, y otras una hartura horrible...». Ahora está feliz, y algo inquieta por la aparición pública de sus poemas, que surgen de lo más profundo de sus sentimientos y sensaciones, de las caricias y los sueños que la acompañan, de su imaginación desbordante.

Ouka Leele, quien por vez primera muestra su faceta de poeta, no parece, a veces, habitar en este mundo. Lo pisa, se deja envolver por su su luz y su oxígeno, ha incrementado el número de sus pobladores con una hija que adora, y durante los últimos tiempos ha investigado sobre el mundo de las flores, que le aportan libertad y una sensación de fusión con la naturaleza. Pero la ternura que despliega, en su vida y en su obra, va a contracorriente de modas y actitudes. La fotógrafa y pintora residente en Madrid canta a la vida porque se sabe muy «frágil frente a la muerte».

La artista sabe que sus trabajos suscitan una gran expectación en el mundo del arte. Ahora se enfrenta «desde el temor y el entusiasmo» a uno de los retos más importantes de su vida artística: la realización en la población murciana de Ceutí de un mural pictórico de enormes proporciones –300 metros cuadrados– al que le gustaría llamar ‘El jardín de las delicias’.

Si para Roland Barthes «la foto es como un teatro primitivo, como un cuadro viviente, la figuración del aspecto inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos», para Ouka Leele su trabajo, cualquiera que sea el soporte sobre el que lo lleve a cabo, es concebido «como un canto a la vida» con el que no sabe precisar qué es lo que busca. La artista, autora de hermosos trabajos como el libro titulado ‘Piel’, con textos y fotografías suyos, y durante años una fotógrafa cuyas aportaciones han hecho historia, escribió en una ocasión: «Los fotógrafos, agresivos ladrones, van por ahí robándole su luz a las gentes, a los paisajes, a todo lo que pillan».

La cita es curiosa, porque ella es calma. Puede que vaya por ahí robando o saqueando minúsculos fragmentos de realidad o de tiempo apresado, pero lo hace sigilosamente, deseando ser invisible.

Agresividad
Una de las cosas que la artista hizo durante años para sí misma fueron fotografías de flores, una experiencia que ahora ha cristalizado en el mural de Ceutí. Un trabajo en las antípodas de la agresividad, de cualquier atisbo de violencia. Siempre a contracorriente. Su ‘Jardín de las delicias’ es un remanso de paz. «Hay violencia por todos lados, incluso en el arte, y eso me harta», indica la autora. «Algunos de estos trabajos agresivos», explica, «pueden ser un producto de nuestra época, y de las vivencias de alguna gente, que les lleva a expresarse así, pero creo que hay algo de moda y de falsedad en otros muchos». Una especie de «a ver quién da el salto mortal más impactante para ver quién llama más la atención. Y si me corto el brazo y me hago una foto sangrando, mejor».

No es su caso. Cree que hoy en día lo difícil es hacer una foto de una flor, o pintar un cuadro de flores y que éste sea fuerte sin caer en lo cursi. «A veces», reconoce, «recibo críticas porque soy demasiado tierna, o no sé qué. Pero yo estoy ahí, contra viento y marea, manteniendo mi postura porque yo soy así».

 
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