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3-mayo-2008



Un nuevo coleccionismo


La transformación de la sala Nogal en un espacio que ahora lleva el nombre de su directora, Guillermina Caicoya, es un ejemplo de los avances que el sector galerístico está viviendo en nuestra región, que en los últimos años ha visto crecer el número de galerías dedicadas al arte contemporáneo y la transformación de las viejas programaciones para adaptarse mejor a los nuevos rumbos del circuito.

Asturias cuenta hoy con una importante red de galerías privadas en sus principales núcleos de población. Gijón ha sido, tradicionalmente, la ciudad con mayor dinámica creativa. Desde 1981 funciona la galería Cornión, en el mismo local donde antes estaba la sala Atalaya. Cornión abrió, entre otras cosas, las participaciones asturianas en ferias internacionales, como Arco. En 1987 nació la galería Durero, comprometida desde entonces con el arte contemporáneo. Con una corta duración, funcionó entre 1996 y 1999 la galería L.A., que logró entrar en Arco’98, y desde 2000 lo hace la galería Espacio Líquido, que ha conseguido brillar en los últimos cuatro años en la feria madrileña. A ellas hay que sumar a la decana de las salas asturianas, Altamira, abierta en 1958, que en los últimos años ha virado hacia la contemporaneidad. Al tiempo, coexisten otras salas (Bellas Artes, Tioda...), que funcionan bajo una línea más conservadora, o Van Dyck, sin duda, una de las más prolíficas de la región desde su apertura en 1985. De ella salió hace tres años Gema Llamazares para montar su propia sala. Otros espacios más modestos (Mediadvanced, El Arte de lo Imposible, Aristas, Pablo’s...) mantienen una incipiente pero amplia actividad.

Oviedo tuvo galerías de vanguardia entre los años sesenta y noventa (algunas de gran peso, como Benedet o Tassili, otras efímeras, como Juan Gris o Marta Llames) a las que se añadieron otras más conservadoras (Cimentada, Murillo...) que aún perduran. Ya en 1993 se fundó la sala Vértice, otra asidua de Arco, y en 1996 Dasto, principales defensoras del arte actual en la ciudad. Alfara ha sido la última sala ovetense en fomentar el arte vivo. En Avilés, la veterana Amaga dedica hace tiempo sus esfuerzos en esa línea, como intenta también Octógono. Con esta amalgama de propuestas y con los grandes proyectos institucionales, el coleccionismo asturiano debe abandonar ya su espíritu decimonónico y admirar, con garantías, las creaciones comprometidas con los tiempos.

 
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