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Algunos viejos y nuevos alumnos del taller de Humberto, que lleva más de tres décadas impartiendo su experiencia docente en Asturias con unos resultados excelentes, presentan una exposición colectiva en la sala Principado de Madrid. La muestra completa la muestra individual que el maestro presenta estos días en Gijón.
En el ámbito metodológico, Humberto siempre ha sabido orientar a sus alumnos en múltiples variaciones procesuales, con preferencia por óleos, acrílicos y técnicas mixtas sobre tela y tabla pero, además, con interesantes incorporaciones (fotografía, grabado, ‘collage’...) que en la mayor parte de los casos enriquecen la composición con felices contaminaciones. Así ocurre en Madrid con los ejemplos aportados por Isabel Álvarez, Paz Banciella, Elena Castellanos, Manuel Eloy González, Elvira López, Gabriel Moreno, Cristina Ortiz o Edith Sáez. Llama también la atención en la muestra madrileña la recuperación de signos estéticos históricos y su asimilación bajo nuevas lecturas, donde brillan las llamas de la abstracción lírica y del juego matérico, con reminiscencias informalistas (Trinidad Formoso, R. Garpe, Lydia González, Marina Ladero, Aurora Matas, Esther Menéndez Arias, Ángeles Palomeque, Víctor Robles, Varrio, Carmen Villar) y hay una creciente proyección de las propuestas que albergan ritmos de carácter neofigurativo, en investigaciones siempre alejadas de las limitaciones eruditas, que se debaten entre la monocromía de algunas piezas y el cromatismo intenso y ‘pop’ de otras.
En esa amplia encrucijada se sitúan Carmen Fernández del Busto, Carmen García Viejo, Evelia Gómez, Marga González, María Jesús Martino o María José Navarro. Hay, además, felices universos oníricos (Zita López, Soledad Martín, Carmen Quirós), composiciones que alternan geometría y gestualidad (Inés Villavoy, Rocío Viejo), herencias constructivistas (Otilia González, Raquel Miranda, Ramón Moncada, Blanca Prado, Ángeles Vega) y guiños escultóricos (Teresa Monforte, Juan Salinas) que, en cada paso, responden a una identidad comprometida y singular. Identidades e individualidades, pues, cuyos rasgos comunes son conscientes de la necesidad del pensamiento colectivo y la puesta en común de cada esfuerzo. Entre otras cosas, porque en este taller de Humberto todos saben que pensar puede ser más productivo que saber o, quizás, más enriquecedor que mirar. |