19-enero-2003
Basura y
más basura
"La prudencia suele faltar cuando más se la necesita".
Siro, Publius (siglo I a. C.); poeta romano.
Hoy
en día, un ordenador de última generación
se queda viejo en un año como mucho. La Ley de Moore,
que dice que el número de transistores existentes en
los chips se duplica cada dos años permitiendo multiplicar
la capacidad de procesamiento de los ordenadores, está
más vigente que nunca. Surge entonces una pregunta
que molesta a más de uno: qué hacer con un PC
que se ha quedado obsoleto.
Una respuesta sería ir actualizando el ordenador cada
poco tiempo para que este no se quede desfasado, sin embargo,
el usuario medio no está habituado a destripar la máquina
y lograr que esta vuelva a funcionar con normalidad. Así
que la opción más cómoda, y por la que
suele optar una gran mayoría, es deshacerse de él.
En España no hay vertederos especializados, resultando
más sencillo acudir al mercado de segunda mano, muy
extendido en nuestro país.
Una opción que comienza a ponerse de moda es donar
los ordenadores de forma altruista a una organización
no gubernamental (ONG) para que los puedan utilizar en sus
proyectos. La Fundación Bip Bip, por ejemplo, recupera
excedentes informáticos de empresas y particulares.
Una vez que sus voluntarios han pasado por el domicilio para
recoger la máquina, otros técnicos las ponen
a punto y las dejan preparadas para acceder a Internet y realizar
tareas básicas de ofimática. Dichas computadoras
son instaladas gratuitamente, creando aulas informáticas
en hogares, asociaciones y centros de acogida que solicitan
participar en el proyecto. Si lo que se quiere es contribuir
a la alfabetización digital fuera de nuestras fronteras,
también hay organizaciones que se dedican a recoger
material informático para enviarlo a zonas del Tercer
Mundo donde la Sociedad de la Información apenas existe.
La organización no gubernamental "Nuevas Tecnologías
para África" ya ha enviado decenas de ordenadores
-recogidos gratuitamente por toda España- a proyectos
en Camerún, Mauritania, Burkina Faso y Marruecos, donde
han instalado aulas de informática en las escuelas.
El artículo 22 del Pacto de la Sociedad de Naciones
refleja la idea de que occidente tiene la obligación
de llevar la civilización allí donde se expanda
con las siguientes palabras: "el bienestar y el desarrollo
de estos pueblos constituyen una misión sagrada de
civilización". Y es que África y el Tercer
Mundo necesitan Internet, no como objeto de consumo, sino
de producción y desarrollo, que les sirva como sistema
de educación y formación profesional. Los medios
de comunicación deberían ser un factor esencial
para poner fin a la pobreza de 1300 millones de personas en
el mundo.
Sin embargo, el egoísmo occidental, lejos de perseguir
tal fin, utiliza a los países subdesarrollados como
lugar destino de su material desfasado. Miles de toneladas
de basura informática parten todos los días
en aviones y barcos desde distintas partes del planeta con
destino a los gigantescos vertederos de China, Pakistán
y la India. Allí, personas que viven todavía
anclados en el siglo XIX se encargan de librarse de los restos
de la tecnología más avanzada del siglo XXI.
Se trata de los limpiadores de chatarra informática,
tanto niños como adultos que, poniendo en peligro su
salud, buscan entre los desechos cobre y otros materiales
altamente valorados en los mercados locales para venderlos
y tener algo con lo que sobrevivir.
Un cibervertedero
Según un informe elaborado por la organización
Basel Action Network (BAN), los países de Norteamérica
han convertido esta región asiática en su particular
cibervertedero. Palabra que aunque parece sacada
de un inocente trabalenguas, no deja de enmascarar un lugar
donde deshacerse de los residuos electrónicos de nuestro
mundo civilizado pese a los riesgos para la salud y el medioambiente
que ello causa en las poblaciones indígenas. Los componentes
que no pueden ser vendidos son quemados. De esta incineración
circuitos electrónicos, plásticos, metales,
cables, etcétera- emanan gases tóxicos que pueden
causar enfermedades respiratorias e incluso cáncer
a quienes los inhalen constantemente. El material que no es
vendido o quemado, sencillamente se amontona al aire libre,
con el consiguiente riesgo de contaminación por filtraciones
del subsuelo y del agua potable de corrientes subterráneas
a donde llega a parar plomo, cadmio y mercurio entre otras
muchas cosas. Por poner un ejemplo demoledor, en la región
china de Guiyu la contaminación del agua es tal que
esta no es potable en un radio de 30 kilómetros.
A pesar de que los fabricantes de ordenadores personales incluyen
en sus equipos vistosas etiquetas en las que se asegura que
las empresas se toman en serio la protección del medio
ambiente, lo cierto es que se carece de un sistema eficaz
de recuperación y reciclaje de basura informática.
Por eso precisamente, países del Tercer Mundo con gobiernos
fácilmente sobornables por las multinacionales son
los lugares idóneos para estos menesteres.
España
genera al año entre 100.000 y 160.000 toneladas de
basura electrónica doméstica. Si a esa cantidad
se le añaden los residuos del resto de la industria
y de los establecimientos comerciales, se alcanza la cifra
de 200.000 toneladas de desperdicios electrónicos al
año. Como media, cada familia almacena en el trastero
de su casa tres aparatos, entre televisores y ordenadores
personales. A diferencia de lo que ocurre con otros residuos
generados en las grandes ciudades, sólo el 11% de este
material se recicla, frente al 28% de otro tipo de basuras.
Si se lograse reciclar el 70% de estos desechos, se podrían
recuperar mas de 90.000 toneladas de metales, 30.000 toneladas
de plásticos y 13.000 toneladas de vidrio. ¿Por
qué entonces hay tan pocas plantas de reciclaje? ¿No
puede ser una buena idea de negocio para una iniciativa privada
o una buena excusa para pedir fondos europeos para cualquier
gobierno tanto central como autonómico?
El 4% de la basura total que se produce en Europa corresponde
a residuos eléctricos y electrónicos, en su
mayoría procedentes de ordenadores y móviles,
según un estudio elaborado por el Grupo de Trabajo
para los Residuos Eléctricos y Electrónicos
de la UE. Los informes elaborados por este organismo prevén
que en el año 2004 los ciberresiduos alcancen los 7,4
millones de toneladas. Afortunadamente el Parlamento Europeo
está preparando en la actualidad una normativa que
obligará a las empresas a responsabilizarse de este
tipo de productos, desde su fabricación hasta el final
de su vida útil, para fomentar de esta manera su reciclaje.
Además, también prohibirá a partir de
2006 la fabricación de ordenadores y electrodomésticos
con plomo, mercurio, cadmio, cromo, bifeniles polibrominados
o éter difenil, entre otras materias nocivas para la
salud humana.
Rubén
Sánchez Antuña
es ingeniero superior de
Telecomunicaciones
|