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Martes, 4 de noviembre de 2003


El sector turístico pide una residencia oficial de la pareja en el Principado
Políticos, hoteleros y hosteleros coinciden en que el matrimonio de Felipe de Borbón con una asturiana es una gran promoción para la región «Asturias no puede tener una embajadora mejor»


L. F. / M. F. A./GIJÓN


PALACIO. El Revillagigedo, en Gijón, fue uno de los lugares que en su día se barajó como posible residencia oficial del Príncipe. / E. C.
«Asturias no puede tener una embajadora mejor». La frase la pronunciaba ayer Arturo Muñiz, presidente de la Asociación de Hostelería de Gijón, poco después de que el secretario de Estado de Turismo, Germán Porras, asegurara en Oviedo que Asturias debe aprovechar el tirón de la boda de una asturiana con el Príncipe para potenciar el turismo. Hay unanimidad. Y es que nadie duda en este momento que la promoción es insuperable. A lo largo de los últimos días la palabra Asturias se ha repetido de forma machacona en todos los medios de comunicación. Y en todos ellos aparecen las imágenes del paraíso natural que vio nacer a Letizia Ortiz.

Porras aseguraba ayer que el impacto de la boda se dejará notar en el turismo de la región, y añadió que el Principado debería tomar buena nota de lo que ha hecho Baleares para rentabilizar el veraneo de la Familia Real en Mallorca. Por esa razón, apuntó la posibilidad de que el Príncipe pudiera tener una residencia oficial en Asturias.

En esa dirección también van otras opiniones. Es el caso de la directora general de Turismo del Principado, Elisa Llaneza, quien subraya que «siempre que se hable de Asturias por un motivo positivo, es bueno». Sin embargo, si bien respalda la idea de la residencia oficial, no lo ve tan sencillo. Asegura que de nada serviría si eso no se traduce en una presencia en la región más frecuente, no sólo una vez al año. «Tendría que ser una residencia a la altura de Asturias y, por supuesto, a la altura de la Familia Real».

En cualquier caso, señala que Asturias es en estos momentos la única comunidad autónoma que recibe cada año una visita oficial del Príncipe y confía que su boda con una asturiana sirva para poder reforzar esa presencia en la comunidad. «El vínculo del Príncipe con Asturias es muy fuerte y ahora lo será aún más».

El presidente de la Unión Hotelera, Alberto Martínez, aporta también una visión muy positiva sobre el efecto del matrimonio real con la asturiana, aunque aclara que lo primero es felicitar a la pareja y no pensar en rentabilidad. Pero, sin duda, la hay. «Es evidente que Asturias está teniendo una repercusión mediática muy fuerte en los últimos días y eso es bueno, hay un nombre, una marca», afirmó.

Para Martínez, el nombre de ambos va a ir unido al de Asturias, y esa circunstancia debe ser aprovechada por el sector turístico. «El marketing tiene que funcionar», reclama.

El presidente de la Unión Hotelera también ve con buenos ojos la posibilidad de que exista una residencia oficial del Príncipe en la región. «Yo creo que es una buena idea», afirma, no sin antes recurrir al ejemplo de Palma de Mallorca, donde la presencia de la Familia Real durante el verano se ha traducido en una vida social especialmente activa. «Está claro que hay que aprovechar el efecto», concluye.

Arturo Muñiz, presidente de los hosteleros gijoneses, reitera la misma idea. Recuerda que ya hace años se intentó que don Felipe de Borbón tuviera una casa en Gijón, y no fue posible. El palacio de Revillagigedo, antes de convertirse en museo, fue uno de los inmuebles propuestos, al igual que Villa María, en la parroquia de Somió, y La Llorea, ahora convertida en club de golf. Pero finalmente la iniciativa no cuajó y Muñiz entiende que ahora más que nunca hay que recuperarla. «Es una asignatura pendiente», afirmó.