
Miércoles, 5 de noviembre de 2003
Modelo
asturiano
ALBERTO PIQUERO
En el orden de las múltiples volteretas festivas
que han comenzado a rodar por los prados y moquetas de Asturias
tras el anuncio de la boda de don Felipe de Borbón y
Letizia Ortiz, uno se queda con la eventualidad de que el próximo
año la futura esposa acompañe en los actos de
los Premios Príncipe de Asturias a quien será
su consorte.
En muchas ocasiones, se han comparado los Premios Príncipe
de Asturias con los legendarios Premios Nobel y, la verdad,
uno ha tenido la sensación de que en la Fundación
que rige los galardones que se han prendido en la solapa de
Woody Allen o Lula -que ya quisieran por allí-, la
analogía no parecía del mejor gusto. Se comprende.
El modelo sueco -con su extensión noruega- tiene una
larga sombra que podría amenazar el brillo y la identidad
propios. Bueno, pues no sé por qué, intuyo que
la comparecencia de don Felipe y Letizia nos hará olvidar
definitivamente a Carlos Gustavo y a Silvia de Suecia. Entraremos
en el reino del modelo asturiano.
Y, además, sin pólvora.
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