
Martes, 3 de febrero de 2004
Negocios reales
Tiendas de recuerdos, agencias de viajes, hoteles todos esperan
ganar dinero con el enlace del Príncipe. Algunos balcones
próximos a la catedral de la Almudena se alquilan por
6.000 euros para el gran día
DAVID GUADILLA
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| ¿INICIATIVA
O PICARESCA? Un plato con la imagen estampada,
claro ejemplo del 'merchandising' que ha despertado la
boda del 22 de mayo. / FOTOS: J. R. LADRÁ |
El mercado inmobiliario en Madrid está enloquecido y,
en algunas zonas, como la confluencia de las calles Bailén
y Mayor, desquiciado. Se alquilan balcones. El precio es negociable,
pero ronda los 6.000 euros si se quiere disponer de ellos el
22 de mayo. Miran a la Catedral de La Almudena y al Palacio
Real, y ofrecen unas vistas aceptables de dos de los principales
escenarios donde se desarrollará el acontecimiento del
año en España: la boda del Príncipe con
Letizia Ortiz.
Nada más oficializarse el compromiso, la ley de la
oferta y la demanda se activó. Las principales cadenas
de televisión nacionales y extranjeras tocaron los
timbres de unos vecinos sobrepasados por el interés
mostrado por los medios de comunicación. «Esto
ha sido una locura», relata Raúl, residente de
uno de los dos bloques más estratégicamente
situados, y que aún espera concretar el arrendamiento
por un día que tiene apalabrado con una emisora internacional.
Otros medios ya han confirmado los miradores que ocuparán
durante un periodo que puede rondar las ocho o diez horas.
Cámaras, equipos de sonido y luces y técnicos
se adueñarán de las viviendas de unos vecinos
que, en la mayoría de los casos, se mantienen a la
expectativa. Porque ofertas sigue habiendo. Razón,
portería.
Es en los portales del número 19 de la calle Bailén
y del 88 de la Mayor -sobre todo, en este último- donde
comienza la subasta. Poseedoras de información privilegiada,
las dos conserjes se convierten en el hilo que conecta a los
interesados con los proveedores. Dolores, la de la calle Mayor,
abre su libreta. «Apunte, éstos son los teléfonos
de las personas con las que tiene que hablar».
«Una casa extraña»
El siguiente paso es establecer el contacto.
-Perdone, pero nos gustaría sacar una fotografía
desde su balcón, una vista panorámica de La
Almudena y del Palacio Real, lo que se observará el
día del enlace.
-Claro, sin problemas, a su disposición.
-Perfecto, mañana a primera hora se acercará
el fotógrafo.
-De acuerdo, pero, bueno, antes habrá que comentar
el tema del precio.
-No, perdone, no me ha entendido. Nos acercaríamos
mañana, no el día de la boda.
-No, el que no me ha entendido es usted; aquí todo
cuesta dinero, no sé si diez mil, veinte mil o cincuenta
mil pesetas, ya se verá.
Las llamadas se suceden y las respuestas siguen el mismo
patrón. Vecinos hastiados de periodistas que, amablemente,
rechazan las peticiones con excusas profesionales -«estoy
en el trabajo»-, personales -«tengo la casa revuelta»-,
sinceras -«no me interesa»- o enigmáticas
-«ésta es una casa muy extraña»-.
En el número 19 de la calle Bailén, el contacto
es personal. Desde la portería se permite el paso a
los pisos, sobre todo, a los más altos, los que ofrecen
mejores vistas. La quinta planta cuenta con dos manos. En
la puerta de la derecha, una mujer que ronda los 70 años
atiende cortesmente e informa de que «esos temas -la
relación con la prensa- los lleva mi hija». La
'representante' avisa de que introducirse gratis en la vivienda
apenas cinco minutos para sacar una panorámica es imposible.
«Lo siento, pero estoy muy ocupada. Pruebe con la vecina
de al lado».
La vecina en cuestión es una mujer de trato afable,
también cercana a los 70 años, turbada por la
presencia de unos extraños. Ante la petición,
se muestra reacia. Tiene dudas, pregunta sobre dónde
saldrán las imágenes. Recuerda que, cuando se
anunció el compromiso, los periodistas acudían
a la puerta de su casa. «Pero ahora todo se ha tranquilizado
un poco». Asegura que aún no ha llegado a un
acuerdo con nadie, que no sabe qué pasará y
por cuánto cederá el derecho a unas buenas vistas
de los novios la jornada señalada.Al final, las súplicas
la ablandan. «Ahora no puedo atenderles. Pásense
mañana, a primera hora de la tarde». Apenas un
par de minutos después, se produce un cambio de planes;
por motivos ajenos a la propietaria, la cita debe adelantarse.
Pero, en este mercado, el valor de la mercancía fluctúa
y las oportunidades, si no se cogen en el momento, vuelan.
Revalorización
El periodista regresa al domicilio, toca el timbre y la mujer
le mira con lástima.
-Me alegro de que haya vuelto. Yo, desde mi buena voluntad,
le dejaba hacer la fotografía, pero acabo de telefonear
a mi hijo y me ha dicho que si me he vuelto loca, que eso
tiene un precio.
«No me extraña nada. Aquí algunos están
empezando a perder los papeles. Una cosa es ceder tu casa
el día de la boda; yo voy a intentarlo, y, si te llenan
el salón de trastos diez horas, es normal que te den
una compensación. Pero hay quien se está pasando»,
se sincera Raúl. La duda es si este filón es
tan amplio como piensan los vecinos. Por una parte, el recorrido
definitivo aún no se conoce. Se han adelantado algunos
detalles, como que la que por entonces será ya Princesa
de Asturias ofrecerá el ramo de flores en la basílica
de Nuestra Señora de Atocha, a una distancia considerable
de La Almudena. Y, cuanto más amplia sea la ruta, se
reduce la exclusividad. Medios y curiosos tendrán más
opciones de captar imágenes y el valor de los balcones
de las calles Mayor y Bailén descenderá.
Pero también existe la posibilidad de que se dé
una todavía mayor revalorización. Cuando se
casó la infanta Elena con Jaime de Marichalar, los
balcones cercanos a la catedral de Sevilla empezaron a alquilarse
a 50.000 pesetas; el día de la boda, su precio superaba
el millón. Y eso sucedió en 1995.
Porque un compromiso de este nivel, además de un acontecimiento
de Estado, es un negocio que atrae a los más avispados.
Junto al portal número 88 de la calle Mayor, un escaparate
anuncia la venta de una réplica exacta del anillo de
compromiso que le regaló el Príncipe a Letizia
Ortiz, a un precio todavía por decidir. El local está
en plena reforma. Se llama la Boutique Conmemorativa y su
dueño es José Alberto, un empresario dedicado
«desde hace años al mundo del 'souvenirs'».
Asegura que adquirió la lonja unas semanas antes del
anuncio de la boda y que ha tenido «un golpe de suerte».
La tienda iba a llenarse de recuerdos de Madrid, pero el destino
le ha puesto en bandeja una boda real. Ahora, las obras avanzan
con rapidez para crear un bazar con botellas de vino con etiquetas
exclusivas, ceniceros, tazas, platos, dedales... Todos, con
la efigie de la pareja.
Algunos se han adelantado. En la Plaza Mayor y al lado de
La Almudena ya circulan estos productos. Por 2,40 euros, puede
adquirirse una taza o un plato con el rostro de sus Altezas.
Las fábricas de 'souvenirs' están a toda máquina.
«Hay que aprovechar las inercias. Los negocios son como
un melón; hasta que no lo abres, no sabes cómo
saldrá. Y nadie me asegura que voy a tener éxito.
Igual me acabo comiendo las piezas de cerámica»,
afirma José Alberto.
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