
Jueves, 6 de mayo de 2004
Copas
de sumiller para el mejor vino
La Casa del Rey encarga 5.000 piezas a la Fábrica de
Bohemia diseñadas por un experto enólogo. Es un
envase sin ornamentos, pero muy eficaz.
LETICIA ÁLVAREZ/GIJÓN
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| Copa diseñada para apreciar
todos los matices y en la que se servirán los vinos
de la boda. / ABRAHAM |
La Fábrica de Tapices apura la alfombra
Los organizadores de la boda real cuidan hasta el más
mínimo detalle. Los mejores profesionales de cada gremio
están a disposición de la Casa del Rey, volcada
desde hace siete meses en los preparativos del enlace del
Heredero de la Corona. Expertos en protocolo y en seguridad,
ebanistas, restauradores, carpinteros, floristas, pintores,
decoradores... Un enérgico despliegue para ofrecer
al mundo la mejor imagen de la Monarquía española.
Pero no sólo en la espectacularidad reside el éxito
de un acontecimiento de esta envergadura. Cuidar lo pequeño,
en ocasiones, puede dar ese toque esencial que marque la diferencia.
Es el caso de la cuidada selección de todo lo relacionado
con las recepciones previstas para agasajar, primero, a los
400 invitados que asistirán a la cena de gala la víspera
del enlace, y, por último, a los 1.400 que irán
a la boda. Hasta tal punto se ha vigilado con atención
el éxito de ambos banquetes que la Casa del Rey ha
encargado a la Fábrica de Bohemia la elaboración
de 5.000 copas de vino de experto catador.
A las vajillas del Patrimonio Nacional y la cristalería
perteneciente al Rey Alfonso XII se añadirá
un modelo de copa única en el mundo. El diseño
es el capricho de un prestigioso sumiller madrileño.
Fue creada hace cuatro años y su uso prácticamente
se ha generalizado entre los buenos entendedores.
Ahora los asesores de la Casa del Rey han creído adecuado
que los caldos seleccionados para la boda del Príncipe
se sirvan en esta copa. Entre ellos, un tinto rioja gran reserva
de la añada de 1994, calificada excelente, seleccionado
y etiquetado para la ocasión por el Consejo Regulador
de la Denominación de Origen Rioja.
Limpia y fina
De aspecto limpio y minimalista, poco tiene que ver con la
copa que uno se imagina en la mesa de un palacio. A pesar
de la ausencia de barroquismo, cuenta con unas características
especiales para que el bebedor pueda apreciar los máximos
matices del vino.
Tiene una boca de pie fino, ni muy ancha ni muy estrecha,
y el vientre ovalado. Pero el secreto del envase radica en
sus dimensiones. Si se sirve la cantidad adecuada el cristal
permite percibir con agudeza tanto los sabores como los olores
del caldo. Así los camareros que sirvan la cena de
gala, el cóctel de bienvenida y el banquete nupcial
deberán saber que la copa despliega sus virtudes si
sólo se vierte en ella un tercio de su capacidad.
De su profesionalidad dependerá la armonía
de la mesa; la musicalidad del cristal de Bohemia es ya una
vieja conocida en los grandes eventos.
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