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Jueves, 20 de mayo de 2004
Manual real de supervivencia

¿Sabría usted comportarse en la boda? La mayor parte de las normas obedecen al sentido común, pero muchas de ellas tienen que ver con el más riguroso protocolo


T0MÁS GARCÍA YEBRA/MADRID


ELEGANCIA. Seguir las normas en una gran ceremonia culinaria es, a veces, tan sencillo como ser discreto y observar los movimientos de los demás. / E. C.

Quedan dos días para la boda y hay que estar preparado. Allí estarán 1.500 privilegiados que deberán desenvolverse con soltura y sin afectación en un almuerzo real en el que hay que tener presente una serie de normas. La mayoría de las pautas de conducta responden al sentido común, pero hay algunas que no todo el mundo conoce. Expertos en protocolo consultados por este periódico han elaborado un manual de instrucciones para salir airoso de un acontecimiento tan trascendente como el de pasado mañana en el Palacio Real. Para ellos son estas instrucciones, aunque cualquiera puede hacer uso de ellas, quien sabe si porque es convocado en el último momento o, para ser más realista, si quiere aplicarlas en su propia casa.

Primera norma: las sillas no se arrastran. En el almuerzo de la boda del Príncipe de Asturias y su prometida habrá dos camareros por mesa. Estas personas se encargarán de retirar suavemente los asientos para que se sienten las damas y, posteriormente, los caballeros. Al levantarse hay que tener el mismo cuidado que ellos pusieron.

No apoye la espalda en el respaldo. La espalda hay que mantenerla erguida. En la mesa se apoyan las muñecas o el antebrazo. Jamás los codos. Las manos tampoco se esconden debajo del mantel.

Las manos, para algunos comensales, suponen un problema, por no saber qué hacer con ellas. Los expertos en protocolo desaconsejan toquetear el pan o los cubiertos. Lo más apropiado, en los prolegómenos, es apoyar el brazo a la altura de las muñecas y sonreír. El pan se trocea con la mano, pero no se pellizca ni se desmiga. Tampoco se llevan trozos desmesuradamente grandes a la boca.

Servilleta, con discreción

La servilleta se despliega con discreción a medida que uno la coloca sobre las piernas. Últimamente, entre algunos ejecutivos, se ha puesto de moda anudarse la servilleta al cuello, como Carpanta. Esto es una incorrección. Al concluir el almuerzo no hay que doblar la servilleta. Resulta cursi. Simplemente se deja caer sobre el mantel.

El camarero sirve los platos por la izquierda. A no ser estrictamente necesario (por falta de espacio), el comensal permanecerá erguido, sin inclinarse hacia la derecha. Al camarero no se le chista. Tampoco se levanta la mano -ni ningún dedo- para reclamar su atención. Se da por hecho que los invitados estarán perfectamente atendidos. En caso de necesitar la ayuda del camarero, se les busca con la mirada y se hace un leve gesto con los ojos.

Si, por accidente, se derrama una copa de agua o de vino, los comensales seguirán conversando como si no hubiera pasado nada. El camarero se encargará de todo. Es de mal gusto hacer hincapié en lo obvio. Y de pésimo gusto decir que «da buena suerte» o pronunciar expresiones como «¿Alegría, alegría!» o «Del suelo, no pasa».

En caso de que un caballero se manchara la corbata o una dama el vestido, se podrá limpiar la prenda con el pico de la servilleta. No se recurrirá al agua de la copa ni a polvos de talco ni a ningún otro producto de limpieza. No se debe de montar el número por una simple mancha.

Manejo de cubiertos

Las copas se cogen por la peana o el fuste (no por el cáliz). Hay que limpiarse moderadamente los labios antes y después de beber. Luego se colocan en el lugar que estaban. No procede, en un almuerzo real, observar el color del vino y deleitarse con los aromas. Se bebe de la copa y se deja en su sitio. Sin más folclore.

Jamás hay que llevarse la paleta del pescado a la boca. Está prohibidísimo. Una vez finalizado un plato, se colocará el tenedor (con las puntas hacia arriba) junto al cuchillo, en sentido paralelo. La cuchara se lleva a la boca por el lateral, no por la parte puntiaguda.

El experto Manuel Palacios señala que esta es una incorrección muy frecuente. Si la sopa o la crema estuviera caliente, no se sopla. Tampoco se remueve ni se derrama el contenido desde las alturas. Una sopa no es una cascada ni un salto del agua. Se deja enfriar por el método de la espera. Mientras tanto, se va consumiendo por las orillas. Prohibido sorber.

Durante el almuerzo es poco fino hablar de comida o de la temperatura de los vinos. Tampoco se debe de comparar el solomillo que se está consumiendo con otro de tal o cual restaurante. Las conversaciones en este tipo de almuerzos deben ser ligeras y agradables, sin caer en la pedantería, la grosería, la avilantez o el sopor.

Las señoras no retirarán de sus cabezas la pamela o el sombrero. Los caballeros no se quitarán el chaqué. Antes de sentarse hay que ir al servicio para evitar molestas ausencias. Si no quedara más remedio, el invitado se levantará sin disculparse ni hacer ningún tipo de aclaración. En las charlas entre comensales hay que mirar a los ojos. Lo más difícil es saber escuchar. «Aparentar interés es fácil, lo difícil es que tu interlocutor perciba que le estás escuchando de verdad».

No se fuma entre plato y plato. Se fuma con el café. Los comensales se levantarán de sus asientos una vez que lo haya hecho la mesa presidencial.