
Sábado, 22 de mayo de 2004
Despedida entre reyes
Sólo la lluvia deslució el anticipo de la fiesta
de la realeza en la que ya se ha convertido Madrid con motivo
de la boda del Príncipe
LETICIA ÁLVAREZ/MADRID
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| LA FAMILIA. El Príncipe
y su prometida junto a los Reyes. Don Felipe y doña
Sofía parecen relajados mientras don Juan Carlos
y Letizia se preocupan por la lluvia. |
Noche de gala en Madrid tras los muros del Palacio de El
Pardo. La capital, más majestuosa que nunca estos días,
celebra la boda en cada rincón, pero anoche en este
edificio histórico se reunían 345 de los 1.400
invitados al enlace matrimonial de don Felipe y Letizia Ortiz
Rocasolano. Los más íntimos de los contrayentes
y todos los miembros de la realeza que por unas horas, con
respecto al resto de los congregados, han adelantado su encuentro
con la pareja en una cena preparada por los tres tenores de
la gastronomía española, Arzak, Adriá
y Roncero. Un anticipo de lo que hoy se vivirá en una
ciudad que ha tenido que esperar 98 años para volver
a ser testigo de una boda real.
El mes de mayo de 2004, sin embargo, pasará a la Historia
por haber traído más de un matrimonio monárquico
y, por ello, tan sólo ha tenido que transcurrir una
semana para que muchos de los nombres congregados en El Pardo
volvieran a encontrarse. La cita anterior tuvo lugar en Copenhague
con motivo del enlace del príncipe Federico con Mary
Donaldson, una celebración que sirvió para presentar
a Letizia Ortiz Rocasolano ante la realeza del mundo. La próxima
será el día 27 cuando, de nuevo, reyes y herederos
se reúnan para presenciar el matrimonio del príncipe
Hamzeh de Jordania.
A medida que se acerca la hora de su boda su estatus va cambiando
y si en el país escandinavo la prometida del Príncipe
de Asturias fue la novedad, ayer, ejerció de anfitriona
junto a su hoy esposo y los reyes don Juan Carlos y doña
Sofía.
Sólo la lluvia deslució este esperado encuentro.
Los partes del tiempo habían anunciado aguaceros para
la víspera, pero nadie quería creer en el augurio
de los profesionales. Después de varios intentos a
lo largo del día, el pronóstico se cumplió
y el amago se tornó tormenta justo cuando los invitados
hicieron acto de presencia ante el Palacio de El Pardo.
Besamanos protocolario
Eran las ocho menos cuarto de la tarde y el clima iba a convertirse,
para desilusión de la novia, en centro de la conversaciones
que ella y el Príncipe iban a mantener minutos después
con sus invitados en el Patio de los Austrias. Previamente,
en el atrio palaciego, decorado con dos tapices de Patrimonio
Real, tuvo lugar un besamanos protocolario que se prolongó
por espacio de una hora. Sesenta minutos de saludos, reverencias,
abrazos y, sobre todo, muchas felicitaciones y buenos deseos
para la pareja.
Los Reyes de España fueron los primeros en situarse
en línea seguidos del Príncipe y Letizia, los
padres de la novia, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano,
y las infantas Elena y Cristina con sus respectivos consortes
Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín.
Ante ellos desfilaron la reina Margarita de Dinamarca y su
esposo el príncipe Henri; los Reyes de Suecia con sus
hijas Victoria y Magdalena de Suecia; el príncipe heredero
del Japón, Naruhito; los Reyes de Noruega, acompañados
de Haakon y Mette Marit; los de Holanda, con el príncipe
Guillermo y Máxima Zorreguieta; los de Grecia, precedidos
por Pablo y una embarazadísima Marie Chantal Miller.
También acudieron la reina viuda Noor de Jordania
y la reina Rania del mismo país; los grandes duques
de Luxemburgo; los Reyes de Bélgica; los representantes
del Principado de Liechtenstein, entre ellos, la princesa
Nora, madrastra de Isabel Sartorius; la familia real búlgara
al completo, así como numerosos mandatarios de distintos
países invitados a la ceremonia. En un lugar privilegiado,
el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero, y su esposa Sonsoles Espinosa. Se convirtió
este paseo de personalidades, al que sólo tuvieron
acceso una treintena de medios de comunicación de los
5.000 acreditados, entre ellos este diario, en una suerte
de anécdotas para el recuerdo.
El protocolo suele ser buena fuente de riqueza en este sentido.
Así sólo habrán pasado unas horas, una
noche, para que muchos de los presentes tengan que modificar
su manera de presentar sus respetos a Letizia Ortiz. A partir
de su boda será saludada con genuflexiones, mientras
que anoche todavía era objeto de un apretón
de manos o besos en las mejillas.
Visiblemente conmovidos, Jesús y Paloma fueron testigos
por primera vez de cómo Letizia 'alterna' ya con los
miembros de la realeza. Presenciaron cómo Máxima
Zorreguieta y Magdalena de Suecia la saludaron con efusividad,
la sonrisa que le dedicaron el príncipe Carlos de Inglaterra
y la reina de Dinamarca, o el cariñoso intercambio
de palabras que mantuvo con Rania de Jordania.
Un vestido gris como el atardecer de Madrid
Pascua Ortega, el prestigioso diseñador de interiores
que se hará famoso por idear los exteriores de Madrid
para esta boda, imaginó lazos grises, rosas y amarillos
como simplificación del atardecer de Madrid. Y Letizia
Ortiz anoche se vistió de gris, como ese crepúsculo
madrileño, que invade sus calles y avenidas.
Dicen que la hoy Princesa de Asturias no ofreció anoche
la espectacularidad que brindó a los ojos del mundo
en Dinamarca. Allí debía causar sensación
y aquí debe mostrarse más sencilla, más
normal.
Es una estrategia femenina. Sabe que hoy millones de espectadores
se fijarán en ella, en su vestido y éste no
debe tener competidor alguno. De nuevo, Lorenzo Caprile. Apareció
y no había dudas sobre el diseñador elegido.
Una vez más lució ese talle de sirena que tanto
le favorece. Esos hombros al descubierto y ese escote plegado
de estilo muy español.
Sin embargo, lo mejor del traje estaba por detrás.
Un encaje salpicado de brillos que hacía las veces
de cola y que Letizia se empeñó en colocar hacia
adelante para que los fotógrafos pudieran captarlo
con acierto.
Sigue sin aparecer con muchas joyas. Tan sólo una
gargantilla y unos pendientes y ha vuelto a cogerse el pelo
en un moño. También empleó un abanico,
pero el mal tiempo no le permitió desplegarlo. Habría
sido la foto del día.
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