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Sábado, 22 de mayo de 2004

«Nosotros venimos de parte de la novia»
Asturias ya estaba ayer en Madrid, preparada para vivir hoy la boda de su paisana con Felipe de Borbón


LETICIA ÁLVAREZ ALFONSO ALDEYTURRIAGA/ENVIADOS ESPECIALES. MADRID


Comprometidos e ilusionados. El 2 de noviembre, don Felipe y Letizia se presentaron ante los españoles con esta fórmula y ayer, 21 de mayo, 24 horas antes del gran día, María Victoria, Margarita y José Manuel imitaban su gesto. Son asturianos en Madrid y dicen, orgullosos, que ellos vienen a esta boda «de parte de la novia», de su paisana.

Para ellos, la celebración del enlace comenzó hace ya siete meses, el mismo día en que se supo que una presentadora de TVE había conquistado el corazón del Príncipe y, para más señas, la afortunada era asturiana. «Si mis padres levantaran la cabeza. ¿Qué ilusión!».

Margarita Marty se acuerda, ahora más que nunca, de ellos, Julio Marty y Ludivina Martínez. Él, de El Natahoyo; ella, del centro de Gijón. Ayer, esta hija emigrada a Madrid aguardaba en la cola formada ante la carpa de información que, sobre el enlace, se ha instalado en la plaza Mayor. Una de las muchas iniciativas municipales diseñadas para que la capital recupere la sonrisa.

Los madrileños responden en masa a esta llamada. No son los únicos. Junto a ellos, cientos y cientos de turistas venidos de todos los rincones del país. María Victoria, por ejemplo, llegó anteayer desde la Alcarria para respaldar la causa de Letizia. «Me encanta que sea asturiana, porque siempre me ha gustado reflejarme en esa gente. Me apasionan sus autores, Palacio Valdés, Clarín, no sé, muchos».

Además, dice, quien hoy se convertirá en Princesa de Asturias reúne todos los requisitos para desempeñar su papel «a las mil maravillas. Es inteligente, está muy preparada y, por si fuera poco, es guapísima».

Esta mañana, María Victoria se dará un buen madrugón. Pero no saldrá de la casa en la que se aloja, de sus familiares. «Tenía preparada hasta la mantilla, pero los atentados del 11-M... Después de lo que nos ha pasado, prefiero verlo por la tele».

También Margarita elegirá el sillón y la televisión para oír y ver el «sí, quiero» de quienes un día ocuparán el trono de España. José Gómez León sólo interrumpe el discurso de su mujer para proclamar que «somos monárquicos y de Letizia» y, por eso, comenta que no le importa haber esperado media hora con tal de regresar a su casa, en la calle de San Francisco de Sales, con el póster conmemorativo del enlace, en el que los novios muestran su mejor sonrisa.

La felicidad se ha instalado de nuevo en Madrid. Las calles lucen grandiosas, los jardines se han vuelto primavera y los ojos de los viandantes brillan. En estos días todo es distinto, hasta en las sidrerías. Están de moda. Lo asturiano vende. «Para este fin de semana hemos duplicado el género. Nuestras previsiones son venderlo todo», asegura José Manuel Rodríguez detrás de la barra de La Panera, frente a una de las bocas de metro de la Puerta del Sol.

Este hostelero de Tineo, que llegó a Madrid hace 28 años, reconoce que «los asturianos se sienten orgullosos, nos sentimos orgullosos, de que la futura Princesa sea de Oviedo». Y él, al igual que el propietario del negocio, el naveto Adrián Martínez, brindarán con sidra por la felicidad de la pareja.

No tendrán invitación, ni lucirán atuendo de etiqueta, pero en el bar, en La Panera, la televisión estará conectada desde bien pronto.

Comienza a chispear y se agradece porque las temperaturas rondan, a mediodía, los 25 grados. Pero hoy a la lluvia no se la querrá ni pintada en los lienzos que cubren buena parte de los edificios en obras de la Gran Vía. En los principales escenarios de la boda, La Almudena, el Palacio Real, el recorrido y la basílica de Atocha, se congregarán espectadores desde las siete de la mañana. Entre esa muchedumbre se espera la presencia de decenas de asturianos que a lo largo de la tarde de ayer han ido llegando a la capital. Algunos de ellos en viajes organizados, otros, los más osados, con sus propios coches. Todo esfuerzo es poco para ver convertirse en Princesa de Asturias a una de los nuestros.