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Domingo, 23 de mayo de 2004

Asturias esperaba el beso
Seis expertos de diversos ámbitos analizan la ceremonia, que consideraron «fría» pero elegante. El vestido de Letizia, los trajes de las invitadas y el futuro de la pareja, los temas más comentados de la jornada.


OLGA ESTEBAN


Que nadie se preocupe. Ni la lluvia, ni la ausencia de gran beso final, ni las escasas lágrimas que se vertieron, ni los inapropiados modelos que lucieron algunas invitadas tienen importancia. Porque, al final, todo se resume en tres cosas: primero, que el agua es símbolo de fertilidad; después, el arco iris que -se intuye- pudo salir en Madrid augura para los novios un futuro lleno de felicidad y prosperidad y, por último, los diamantes de la Princesa de Asturias son el mejor talismán. Por lo tanto, todos tranquilos, que los expertos asturianos así lo vieron y así lo contaron para este periódico y su televisión, Canal 10.

El estilista Delfín Blanco; la diseñadora de de la firma Josechu Santana María Argüelles; el restaurador Alejandro Urrutia; la vidente Montse Martín; el experto en protocolo Juan Carlos González, y el párroco de Viesques, José Vicente Álvarez, no se perdieron ni un detalle de la ceremonia y la comentaron para este periódico. Todo. No quedó ni un gesto, ni un vestido, ni un sombrero. Y, por supuesto, ni una crítica.

Y si es difícil poner de acuerdo a tanta gente, ellos coincidieron en un tema principal. La boda no les convenció. Faltaron, dicen, gestos de complicidad, miradas enamoradas, caricias y, por supuesto, un beso en el balcón. «Fría» fue una de las palabras más usadas para describir la ceremonia. La temperatura no sólo bajó en el exterior de la Almudena. Pero, como si doña Letizia lo estuviera escuchando, llegó la hora del 'Asturias patria querida' y más de uno descansó. «¡Por fin! ¡Se ha emocionado! Es, sin duda, el mejor momento de la boda».

Para lo que no hubo remedio fue para algunos trajes. Mette Marit y Marta Luisa de Noruega, junto con Rania de Jordania -curiosamente- estuvieron, para los asturianos, entre las peor vestidas. El modelo de la primera fue calificado de «monjil» y el de su cuñada, de «excesivo». Las mejores, como no podía ser de otro modo, las españolas. María Argüelles destacó por encima de cualquier otra a la Infanta Cristina: «Está especialmente favorecida». Su traje y su original sombrero causaron furor. También las hermanas de doña Letizia fueron halagadas.

¿Y la Princesa de Asturias? Gustó pero no apabulló. Delfín Blanco fue el más claro: «Está correcta, que últimamente no siempre lo está. A veces parece más una estrella de Hollywood que una princesa». Ayer sí se ajustó a su papel y, conforme pasaban las horas, iba convenciendo más, hasta que el estilista llegó a decir que el vestido «es una pasada, de alucine». Lo que no gustó a Delfín fue el peinado, considera que la Princesa «no ha encontrado todavía su estilo». María Argüelles fue algo más positiva. Aseguró que «esperaba más», aunque el «sobrio» vestido del maestro Pertegaz era, sin duda, muy elegante. El cuello, uno de los detalles más comentados, causó discrepancias y no hubo forma de llegar a un acuerdo sobre si era el más apropiado o no.

Habrá tiempo para examinar cada zapato, cada color, cada sombrero y cada bolso de las invitadas. Y alguna corbata también. Como habrá que examinar el protocolo. El experto Juan Carlos González dio ayer sus primeras impresiones. «Ha sido muy sobrio, muy elegante, con detalles muy bien escogidos». Si hubo algo que gustó a González fue el interior del templo: «Es una catedral con un estilo poco definido y han sabido sacarle partido». Su experiencia se notó en lo comedido de sus palabras para describir La Almudena, porque otros contertulios no dudaron en afirmar que «es la catedral más fea de toda España».

Todo perfecto, incluso algo que a algunos no ha gustado demasiado: que el Rey entrara en la catedral del brazo de su hermana, la Infanta doña Pilar, y no de Paloma Rocasolano. «Es lo lógico. Se trata de un cortejo real y, por lo tanto, tenía que estar formado por miembros de la Familia Real». Cambiar el protocolo en este caso hubiera sido un «detalle de modernidad, pero no era necesario».

«Poca espontaneidad»

El párroco del Beato Juan XXIII de Viesques, José Vicente Álvarez, fue otro de los más satisfechos. Le gustó la «solemnidad» de la ceremonia y de las músicas escogidas para la ocasión, aunque echó de menos «un poco de espontaneidad, algunas palabras al comienzo y en la despedida y, quizás, no tanta lectura». Aunque para lectura, la de la abuela, Menchu Álvarez del Valle. Sus tablas se notaron y entusiasmó.

¿Y la comida? Aunque estos asturianos (como muchos otros) no tuvieron la ocasión de probarla, sí opinaron de ella. Especialmente el restaurador Alejandro Urrutia, quien alabó la elección del restaurante Jockey. Urrutia no olvidó tampoco la dificultad de elaborar un menú que agrade a gentes de tan distintos gustos, religiones y culturas.

Dos hijos para la pareja

Pero entre tanto análisis, críticas y alabanzas, hubo también riesgos. Como el que corrió la vidente Montse Martín, que no dudó en afirmar que «tendrán dos hijos. Primero una niña y después un niño». Eso sí, los que estén deseando ver aumentar la Familia Real tendrán que esperar. «La descendencia no va a venir pronto. Va a haber un periodo de tiempo que ellos van a aprovechar para disfrutar de ellos mismos».

Y, a juzgar por las palabras de Martín, pueden disfrutar mucho, porque «se complementan a la perfección». El Príncipe Felipe es acuario, con ascendente tauro, y la ya Princesa de Asturias es virgo, con ascendente acuario. Al parecer, sus signos hacen también buena pareja. Él, independiente, humanista, con mucha fuerza de voluntad y mucho don de amigos. Ella, analítica, meticulosa, modesta y ordenada. Y el día 22 de mayo, perfecto para la boda: los novios disfrutaron de una buena predisposición planetaria. Como dice Montse: ayer nació «una relación duradera y feliz».