
Domingo, 23 de mayo de 2004
La
rebelión de los pajes
Froilán y Juan Valentín, desalojados de la catedral
tras liderar un simpático motín. El nieto mayor
de los reyes protagonizó la anécdota del día
al dar pataditas a su prima
ARANTZA FURUNDARENA/MADRID
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| ¡Para quieto! Felipe Juan
Froilán, hijo de la infanta Elena y de don Jaime
de Marichalar, fue el principal animador del enlace con
sus carreras y travesuras. En la foto, recibe con una
sonrisa la reprimenda de don Juan Carlos tras colarse
a gatas hasta la zona reservada para la Familia Real.
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Después de tanto ensayar, los pajes de doña
Letizia lograron transportar la famosa guirnalda de flores
hasta el interior del templo. Sin embargo, niños al
fin, sus buenas intenciones naufragaron en el mar de solemnidad
que inundaba La Almudena, y a los pocos minutos de acomodarse
en la catedral, vencidos por el aburrimiento de una ceremonia
que aún no tienen capacidad de entender, comenzaron
a hacer de las suyas.
La simpática comitiva de pajecillos reales estaba
compuesta por Felipe Juan Froilán, de cinco años,
y Victoria Federica de Marichalar, de tres, hijos de la infanta
Elena; Juan Valentín, de cuatro, Pablo Nicolás,
también de tres, y Miguel Urdangarín, de dos,
que son los rubios retoños de la infanta Cristina;
Carla Vigo, sobrina de la novia, de similar edad, y Victoria
López Quesada Borbón Dos Sicilias, una niña
más entrada en años y en uso de razón
que sus enredadores primos.
Vestidos por Lorenzo Caprile con casaca y chorreras, Froilán
y Juan Valentín estaban elegantísimos, pero
una vez metidos en travesuras, el atuendo les confería
el aspecto de dos diminutos corsarios. El protocolo había
dispuesto para los pajes siete cojines rojos en un discreto
escalón, a la izquierda del altar. Sin embargo, apenas
tomaron asiento, se declararon en rebeldía. El pequeño
Miguel se quitó sus diminutos zapatos y no paró
hasta que Carla, a la que parece haber tomado un gran afecto,
se acomodó a su lado.
A medida que transcurría la ceremonia, iban 'causando
baja' por cansancio algunos de sus pajes. Los primeros en
ausentarse fueron Victoria Federica y Miguel, demasiado chiquitín
para asimilar los entresijos de la liturgia.
Froilán, en cambio, no manifestaba el menor deseo
de irse, convencido como estaba de que aquel suntuoso decorado
era un gran parque temático.
El primogénito de la infanta Elena y de Jaime de Marichalar,
que para las travesuras demuestra tener auténtica madera
de líder, empezó a corretear y a amagar pataditas
a la pobre Victoria López Quesada, secundado por su
fiel escudero Juan Valentín Urdangarín, que
le imitaba en todo.
Alberto Aza, jefe de la Casa Real, primero, y más
tarde el propio Rey Juan Carlos, abuelo de los niños,
intentaron imponer su autoridad y frenar los ímpetus
de los chiquillos. Pero no dio resultado.
Laura Ponte y Beltrán Gómez Acebo, entre otros
invitados, contemplaban el espectáculo infantil enternecidos.
Al final, viendo que la cosa podía ir a más,
dos cuidadoras decidieron desalojar cariñosamente a
Juan Valentín y Felipe Juan Froilán, que desaparecieron
sin rechistar, dejando tras de sí un reguero de guirnaldas,
un par de zapatitos olvidados y siete pequeños cojines
rojos, como testigos mudos de su alborotada presencia.
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