
Domingo, 23 de mayo de 2004
Testigos
del Principado
Asturias tuvo un destacado lugar entre los invitados, con una
amplia representación de personalidades de todos los
sectores sociales
LETICIA ÁLVAREZ
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| PRESIDENTE. El jefe del Ejecutivo
regional, Vicente Álvarez Areces, y su esposa,
Soledad Saavedra, que eligió un elegante conjunto
de Sybilla y un sorprendente tocado de Mabel Sanz. |
España entera fue ayer testigo de un día histórico,
pero sólo los más privilegiados lo han vivido
en primera persona. En la boda de los paraguas, la boda que
podía haberse celebrado en Asturias y donde la lluvia
no hubiera sido noticia, no ha faltado una amplia representación
de invitados procedentes del Principado.
Convidados que no han brindado con sidra por la felicidad
de los novios, pero sí con cava y en uno de los salones
del Palacio Real. Codo con codo con los representantes de
todos los reinos y los mandatarios de decenas de países
del mundo. Allí estuvieron en un lugar preferente,
junto al resto de los presidentes de las comunidades autónomas,
Vicente Álvarez Areces y su esposa, Soledad Saavedra.
La etiqueta en el vestir exigía chaqué para
los caballeros y traje corto para las damas, y de esta manera
se presentaron el jefe del Gobierno regional asturiano y su
esposa. Ella vistió un elegante conjunto de la diseñadora
Sybilla, compuesto de abrigo y falda. El primero, en color
verde tornasolado y la segunda, en marfil. El tocado, una
sorprendente pieza de Mabel Sanz, fue, junto con los zapatos
anudados al tobillo, lo más original de su atuendo.
Muy elegantes y en el mismo autobús que los anteriores
llegaron al templo, el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo,
y su esposa, Rita María Álvarez. Ella que, además
celebraba su santo, al igual que la alcaldesa valenciana,
Rita Barberá, escogió para la ocasión
un traje de chaqueta en color verde, combinado con encajes
en beige. Su bolso era dorado y el tocado, de plumas en el
mismo tono verde del conjunto.
De Oviedo también es Aruca Fernández-Vega,
esposa de Emilio Aragón e hija del reconocido oftalmólogo.
Aruca, siempre acertada, lució un vestido estampado
en flores con una pamela en color morado. Pigmentación
que predominaba, precisamente, en los dibujos de su vestido.
Si unos aciertan, otros son inimitables. Es el caso de la
modelo Laura Ponte. Asistió como prometida de Beltrán
Gómez-Acebo, y rompió moldes. Para ello recurrió
a Miguel Palacio, quien la envolvió en un vestido camisero
tramado y en color beige. Combinó la pieza con complementos
en negro y consiguió así un atrevido estilo
años veinte.
Arriesgada también la mezcla colorista, fucsia y verde
ácido, con que apareció la acompañante
de Plácido Arango, ex presidente de la Fundación
Príncipe de Asturias. El industrial entró a
la catedral por una de sus puertas laterales, al igual que
otros muchos invitados. Entre ellos, el actual presidente
de la institución asturiana, José Ramón
Álvarez Rendueles, acompañado por su esposa,
María Eugenia Villar.
Minutos más tarde llegaba, aunque por la puerta principal,
Graciano García, director de la fundación, junto
a su mujer, María Jesús Cervero, quien vistió
un conjunto de color naranja y crudo. Ambos entraron en la
catedral muy contentos. Graciano García ya manifestó
en más de una ocasión su alegría por
este matrimonio de la periodista asturiana y el Príncipe.
Además entre los asistentes al enlace había
nada menos que 25 galardonados en alguna de las categorías
de los premios Príncipe, una prueba más de los
vínculos entre la Corona y la entidad asturiana.
Entre la nutrida lista de invitados de la tierra de la novia
también figuraban María Luisa Herrero Zumalacárregui,
esposa del industrial y financiero Elías Masaveu, y
su hijo Luis Masaveu Herrero; Juan Vázquez, rector
de la Universidad de Oviedo, y, junto a él, su esposa,
María José Zamora, vestida de rojo y con un
tocado de plumas. Tampoco faltaron otros representantes institucionales,
como el villaviciosín Víctor García de
la Concha, presidente de la RAE; Gonzalo Anes, de la Academia
de la Historia; el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, y el
abad de la Basílica de Covadonga, Florentino Hoyos.
Junto a ellos, no quisieron perderse este acontecimiento
el presidente del grupo El Corte Inglés, Isidoro Álvarez;
el presidente de la Confederación de Cámaras
de Comercio, José Manuel Fernández Norniella;
Vladimir Spivakov, director de los Virtuosos de Moscú;
Sabino Fernández-Campo, ex jefe de la Casa del Rey,
acompañado por su esposa, la candasina María
Teresa Álvarez, de azul y con falda de volantes; el
preceptor de don Felipe, el jurista gijonés Aurelio
Menéndez, y el ex secretario de Estado para la Inmigración
y miembro de la grandeza de España, Enrique Fernández-Miranda.
Pero si una asturiana tuvo el privilegio de estar tan cerca
como el Príncipe de la novia, esa fue Claudia Ortiz,
prima de doña Letizia y una de las damas de honor,
que la ayudó a manejar la cola de su traje.
Vestida de goyesca, estilo que inspiró buena parte
de esta boda real, Claudia cumplió su cometido. Recibió
a su prima a las puertas del Rolls con un cariñoso
beso y, después, se dedicó a velar por la buena
imagen de la cola diseñada por Pertegaz. La siguió
atentamente su madre Henar Ortiz, quien no pudo contener las
lágrimas durante la ceremonia, como tampoco el cielo
quiso contener la lluvia.
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