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Domingo, 23 de mayo de 2004

«¡Felipe el hermoso, Letizia la bella, en agosto al Sella!»
Cientos de asturianos congregados en las calles de Madrid corearon a los recién casados y les animaron a visitar pronto, «cuanto antes», el Principado

ALFONSO R. ALDEYTURRIAGA



FERVOR ASTURIANO. Vecinos del Principado desplazados en autobús a Madrid, con Eloy Fernández en primer término, muestran su entusiasmo en las calles próximas a la basílica de Atocha con emblemas propios de la comunidad autónoma. / PAÑEDA

Nati e Iluminada no recibieron el tarjetón en sus casas de Gijón, pero se dieron por invitadas a la ceremonia. Tampoco lucían lujosas pamelas, pero ahí estaban, en primera fila, dispuestas a no perderse detalle de cuanto ocurría en el Patio de la Armería, a medio camino entre el Palacio Real y La Almudena. Madrugaron y fueron dos de la afortunadas que accedieron al privilegiado emplazamiento. Portaban un mensaje que a nadie dejó indiferente: «Felipe el hermoso y Letizia la bella, en agosto en el Sella». En menos de tres meses se comprobará si se cumple su segundo deseo. De momento, el primero, verles el día de su boda, fue posible.

Viajaron toda la noche, «a posta», para ser testigos directos del 'sí quiero' entre el Príncipe y una asturiana. Por las inmediaciones del Palacio Real se dejaron caer muchos más paisanos de la novia, también oír. Y un 'fernandito alonso' animaba la espera y pedía ver a la Princesa. Cuanto más tiempo pasaba, más se impacientaba.

La mayor concentración de asturianos, no obstante, estaba bastante lejos del centro neurálgico del enlace. Fue ante la Basílica de Atocha y alrededores. A lo largo del recorrido, por Gran Vía, paseo del Prado y demás, también se vio ondear alguna que otra bandera de fondo azul y Cruz de la Victoria en amarillo. Inconfundible.

«Me saludaron, me saludaron a mí», decía Aitor (11 años, Madrid) en medio de un grupo de uniformados con chubasqueros amarillos. «Sí, sí, nosotras somos asturianas», presumían Patricia Pires y Diana Hernández. «¿Estaba guapísima! La hemos visto, bueno, los hemos visto muy bien y sí, la espera mereció la pena», narraban frente al templo en el que la novia depositó su ramo. Querían decir tanto que no les salían las palabras: «Esto ha sido muy fuerte. ¿Si hasta se dieron un beso frente a nosotras!».

Las voces más sentidas

Mientras esto ocurría, mientras Don Felipe y Doña Letizia sellaban su cariño para deleite de incondicionales, el Coro de la Fundación se felicitaba dentro de la basílica con el orgullo del deber cumplido. La sonrisa de los novios se convirtió en la mejor felicitación. «Fue emocionante cantar para nuestros Príncipes. Fue un acto sentido, más íntimo que el de La Almudena», recordaba José Esteban García Miranda, que apenas pudo ver a la pareja porque, «como director, estuve de espaldas todo el tiempo». Bueno, casi todo, porque «cuando se iban sí que eché un vistazo». Y lo que vio fue a «Letizia bellísima». Él, feliz, cree que «Asturias ha quedado muy bien en esta boda». Decían lo mismo Chiti Menéndez, de Bueño, e Irene Suárez, de La Fresneda, dos de esas voces prodigiosas que hicieron aflorar alguna lágrima, aunque ninguna de ojos de la realeza. «Es algo inolvidable. Estábamos un poco inquietas, nerviosas, pero creo que lo hemos hecho bien. Eso lo tienen que juzgar los demás».

Doble asturianía

«Si se hubiera casado con una andaluza o una extremeña, la querríamos y la aceptaríamos gustosos como Princesa de Asturias, pero al ser asturiana... Ahora, es de allí por partida doble», sentenciaba Eloy Fernández, uno más de los que iban con bandera en mano. «Esto tiene que servir para ponernos de una vez en el mapa», saltó un espontáneo. No quiso identificarse, pero ratificó su discurso.

Calle abajo, Kike Ruesga, de Gijón, con camisa azul y amarilla de Renault, y Silvia Centeno, con abanico toma que toma, se autoconvencían de que «algo así pasa una vez en la vida y no podíamos faltar. Menos mal que ha salido el sol, porque estábamos a punto de coger una pulmonía».

«Están mejor en persona que en foto». Elena Menéndez y Aurora Vega, de Llanera, no pudieron apreciar muy bien los detalles del vestido de la novia. El lunes devorarán las revistas. Aun así, están convencidas de que «era espectacular». Soportaron estoicamente el aguacero, como tantos y tantos asturianos, madrileños y demás, y siguen diciendo que «mereció la pena».