
Lunes, 24 de mayo de 2004
Las
entretelas de un traje para la Historia
La diseñadora Covadonga Plaza analiza el vestido confeccionado
por Pertegaz para doña Letizia Ortiz. «Quizá
le hubiera ido mejor un vestido más liviano».
S. CASTILLO / M. F. A./GIJÓN
Lo vio todo en primera línea y con ojos de experta.
La diseñadora asturiana Covadonga Plaza tiene casa
madrileña en la plaza de Oriente y, desde su balcón,
y a través de la pantalla del televisor, siguió
la boda del año. También tuvo oportunidad de
visitar el Hotel Palace, donde se hospedaron algunos de los
personajes VIP que este fin de semana lucieron palmito en
Madrid. Dice la modista asturiana que la nota media del vestir
fue alta, por encima del ocho. Eso sí, el vestido de
novia de la Princesa de Asturias no le convenció del
todo.
LA CONFECCIÓN
«Estaba muy bien asentado»
Dice Covadonga Plaza que el vestido regio y de aire medieval
que lució doña Letizia «estaba asentado
magníficamente». La mano del maestro Pertegaz
se dejaba ver en esa perfección, aunque la diseñadora
asturiana sostiene que, pese a la gran belleza de la manga
larga elegida para la ocasión, no era el mejor modelo
para Letizia Ortiz. Le hubiera ido mejor un diseño
más liviano, porque, en cierta forma, el modelo «se
la comía». O dicho de otra forma, «parecía
como si la hubieran metido dentro de un traje».
LA TELA
«Me gustó muchísimo»
Todo son alabanzas para la tela con la que se confeccionó
el traje de novia. Se trataba de una faya de seda natural
de color blanco perlado tramada con hilos de plata fina volteada
a tres cabos, de la que se han utilizado entre 15 y 18 metros.
No ocurre lo mismo con los bordados, «que lo encontré
rancios, muy pasados».
EL TOCADO
«Me encantó la mantilla»
El manto nupcial, un regalo del Príncipe de tul de
seda natural con bordados de flor de lis y la espiga, símbolos
de la Monarquía y la fecundidad, ha recibido numerosos
parabienes. Entre ellos, el de la propia Covadonga Plaza:
«Me encantó la mantilla», afirma. Un sobresaliente
recibe también el ramo elegido para la ocasión.
El manto iba sujeto con una diadema prusiana de estilo imperio,
de platino y brillantes, perteneciente a la Reina, que la
lució el día de su boda con don Juan Carlos
y que ha lucido en varias ocasiones.
LA COLA
«Tiraba demasiado»
Sostiene la diseñadora asturiana que la cola «tiraba
demasiado». Dicha de otra forma, que a Letizia Ortiz
le costaba mover los cuatro metros y medio de cola de su traje
con naturalidad. Por eso, Plaza asegura que más vuelo
en la falda le hubiera permitido moverse de manera más
cómoda. Esa cola, mucho más alta y ancha que
en la falda, contaba con un bordado alegórico de motivos
heráldicos: la flor de lis floral y la heráldica,
espigal de trigo, tréboles y madroños.
EL ESCOTE
Podía haber lucido más
Mucho se especuló con el escote que elegiría
Pertegaz. Al final, optó por un tejido bordado que
evocaba a las 'modestias' utilizadas antaño para que
los cuellos no se desbocaran y evitar que mostraran más
de la cuenta. La pirámide que adorna el delantero del
vestido se repite en el centro de la cola. A Covadonga Plaza
no le entusiamó la elección. Le hubiera gustado
lucir más el escote de la Princesa.
Diseños de lujo para los pajes
Si bien Covadonga Plaza encuentra algunos peros al vestido
de la novia, lo cierto es que no pone una sola pega a los
diseños de Lorenzo Caprile para los niños y
las damas de honor. «Me encantó el amarillo dorado»,
dice la diseñadora asturiana en alusión al color
elegido por su colega para vestir a los hijos de las infantes
Elena y Cristina y a la sobrina de la Princesa de Asturias.
Además, alaba incluso la fuente de inspiración.
La elección de un cuadro de Goya como punto de referencia
para esos trajes fue también una idea que merece buenas
palabras de la diseñadora.
Por cierto que, pese a la lluvia y a que los niños
no pudieron lucirse a gusto en el paseíllo previsto
por la alfombra roja, Covadonga Plaza destaca precisamente
esa iniciativa, la de hacer participar a los más pequeños
con la famosa guirnalda que tantas y tantas veces portaron
en los ensayos del Palacio Real.
Un nueve para los tocados
Dice Covadonga Plaza que las invitadas que asistieron al enlace
supieron estar a la altura de las circunstancias y eligieron
bien sus modelos. Tal es así que la nota que le da
a los vestidos es de uno ocho y asciende hasta un sobresaliente
nueve a la hora de hablar de los tocados.
Pero en 'ranking' particular de elegancia, Plaza tiene a
sus favoritas: la infanta Elena, con su atrevido modelo de
Lacroix, está a la cabeza, seguida de Rania de Jordania,
Ana Gamazo (la esposa de Juan Abelló) y Rosario Nadal,
siempre espectacular con sus 'valentinos'.
Otra de las mujeres que destacó por su buena elección
en el vestir fue Marie Chantall Miller, lo mismo que la Begum
Inaara. Por cierto que todo son elogios para la familia de
la novia. Las hermanas, la madre y la abuela asturiana «iban
muy bien».
Dentro del catálogo de tocados, para Plaza merece
especial mención el de Ana Patricia Botín, arriesgado
y atrevido, pero también espectacular. No puede decir
lo mismo de la esposa de Carlos Herrera, Mariló Montero,
cuya «pamela me pareció excesiva».
Como excesiva -cree- fue la elección de Agatha Ruiz
de la Prada. «Me espantó», confiesa, antes
de hacer idéntico comentario respecto a Marta Luisa
de Noruega.
Tampoco le gustaron en demasía los diseños
elegidos por las esposas de los políticos catalanes,
con especial mención a la de Jordi Pujol, Marta Ferrusola.
Pero, críticas al márgen, «la gente iba
requetebién». No sólo por la ropa. También
por las joyas y por todos los complementos elegidos para la
boda real.
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