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Martes, 25 de mayo de 2004

La otra cara de la celebración nupcial



A. M. F./MADRID


El pequeño catálogo de anécdotas de la boda tiene ejemplos tan impagables como éste: «¿Dónde está Ernesto? Pásalo» fue uno de los SMS que circularon por los teléfonos móviles en la mañana del 22-M. La gente estaba «preocupada» por el paradero de Ernesto de Hannover, ausente en la ceremonia religiosa. Por cierto, ¿sabía que hasta los corchos de las botellas de vino que se sirvieron en el banquete tenían grabado el Escudo Real?

Las clientas de los hoteles se quejaban de la falta de sueño y de sus ojeras, y pedían un maquillaje muy natural y discreto, «que no se notara apenas», por ser una boda matutina. «El trabajo se tuvo que hacer deprisa y corriendo», se quejan los estilistas, porque se adelantó media hora la salida de los invitados. Un comentario bastante extendido entre las asistentes a la cena del viernes era la extremada delgadez de la Princesa de Asturias. «Se le podría coger la cintura con las dos manos», comentaban.

En el Hotel Villa Real cuentan que algunas clientas bajaron al salón de belleza en bata o envueltas en una toalla. «A una de ellas se le cayó la toalla y se quedó allí, medio desnuda, pero no le importó lo más mínimo.

A los asistentes a la ceremonia se les aconsejó no beber antes para evitar las visitas inoportunas al excusado. La consigna: comer una manzana y ponerse un poco de sal en la boca.

Cuando Carla Vigo, la hija de Erika Ortiz, entró en la catedral con el resto de los pajes, desconcertada con el cambio de planes respecto a los ensayos y al no ver ninguna cara conocida, se quiso desmarcar del cortejo y correr hacia donde estaba «su tía Letizia». Hubo tarta, y los novios hicieron ademán de cortarla, pero no se tomó como postre. Al parecer, se la llevaron para que la degustara el personal de Zarzuela.