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Viernes, 7 de noviembre de 2003

El príncipe que cumplió su promesa

El novio demostró que se casa enamorado y que confía en la futura Princesa

POR/LETICIA ÁLVAREZ


Con la mirada y la sonrisa que el Príncipe regala en la fotografía que acompaña estas líneas sobran las palabras. No cabe la menor duda de que Don Felipe de Borbón se casa enamorado. Ya lo advirtió en una de las escasas entrevistas concedidas a la televisión. En aquella intervención prometió que buscaría a la mujer capaz de asumir las responsabilidades de la futura Reina de España sin que ello supusiese renunciar al amor. Dedicó tiempo y al final cumplió su promesa. Letizia Ortiz Rocasolano se ganó su corazón y Don Felipe apuesta con fuerza a que también se ganará el de los españoles. Tiempo al tiempo.

Le preocupa la aceptación de su madre, la Reina, y ayer en la presentación oficial quedó patente que busca su mirada cómplice. En un momento de la audiencia, Doña Sofía se interesó por los gemelos con los que la prometida selló su compromiso. Cogió a su hijo por la muñeca, sonrió y aprovechó para preguntarle si se sentía feliz. Fue un interrogante retórico que el no tuvo que responder. La Reina le conoce bien y sabe que lo está.

El Príncipe ha crecido bajo las directrices de una educación férrea y es consciente de la altura de su responsabilidad. De ahí esa atención constante a las dos mujeres de su vida, su madre y ahora su futura esposa. Se comportó como el novio que presenta por fin a su novia, aunque ante el acecho de las cámaras disimuló muchos gestos. Su preparación consiste precisamente en eso.

Sobre Letizia Ortiz ejerce, incluso, de protector. El prometido no la perdió de vista y supervisó cada una de sus palabras y movimientos en el gran salón del Patio de los Austrias, quizás con el fin de no dejarla sola ante el peligro. No tardó en comprobar que su Princesa no necesitaba ser rescatada. La 'Rapunzel' hasta hace poco prisonera de su propio secreto se desenvolvió como pez en el agua. A él además debe hacerle gracia. La espontaneidad de su prometida le provoca continuas e irreprimibles sonrisas.

Nadie obvia que en el fondo estamos ante la gran fábula del corazón: una joven sencilla que llega a princesa. Es el guión de una fantástica película. Cualquier director cinematográfico dejaría caer a lo largo de su cinta pequeñas anécdotas en las que ella demuestra torpeza ante el rígido protocolo y él se apresura a corregirlas con cariño.

Si a Letizia Ortiz le cuesta diferenciar los límites entre sus apariciones en el telediario y actos como el de ayer, al Príncipe le sucede algo parecido. La mira y no disimula su entusiasmo. Igual que cuando vivían su amor en la clandestinidad y estaba obligado a seguir sus pasos por la televisión.

Él nunca soltó su mano, convertida en la mejor arma para infundir confianza a la novata. La escena del lunes, en su primera comparecencia pública, se volvió a repetir con escasas variaciones: siempre entrelazados, intercambiando miradas cómplices... Pero no hubo ni un solo beso. Si la espontaneidad no les traiciona, habrá que esperan al día de la boda para captar la imagen del año.

Así se comporta el Príncipe. «Como un hombre que quiere a una mujer», en palabras de su prometida.