
Sábado, 31 de enero de 2004
«Pedí
a la Virgen por mis abuelos», confesó Letizia
El Heredero y su prometida rezaron en la Santa Cueva , besaron
la medalla y arrojaron monedas al estanque
LETICIA ÁLVAREZ/COVADONGA
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| Don Felipe se dirige a
su prometida con la Santina al fondo /NAREDO |
El 30 de enero de 2004 pasará a la historia como la presentación
a los asturianos de su futura princesa. Esta tierra le dio a
don Felipe la mujer que le acompañará en su destino
como Rey de España y él quiso devolver ese obsequio
celebrando aquí su último cumpleaños de
soltero. Y por esa boda le dio gracias a la Santina.
Letizia Ortiz le pidió a la Virgen «por nosotros»,
pero, sobre todo, ayer rezó por su abuelo paterno José
Luis, quien se encuentra delicado de salud. «He pedido
por mi abuelo, por mis abuelos», comentó en presencia
de los pocos feligreses que pudieron acompañar a la
pareja durante el acto litúrgico celebrado en la Santa
Cueva.
Don Felipe y Letizia ocuparon dos asientos justo delante
de la imagen de la Virgen. Dos sillas tapizadas en color fresa
y con brocados dorados situadas frente a dos reclinatorios
tapizados en terciopelo del mismo tono. En los bancos paralelos,
los representantes de las principales instituciones asturianas.
Detrás, los abuelos, vecinos de Cangas de Onís
y Covadonga, así como un grupo de monjas encargas del
cuidado de ancianos.
La escolanía abrió el oficio religioso con
la interpretación de unos cánticos. Estrofas
del tipo «la princesa bellísima, vestida de perlas
llevada por un séquito de vírgenes» consiguieron
emocionar a Letizia Ortiz, pero más aún el himno
de Covadonga, que canta a la «reina de nuestras montañas».
Las palabras del arzobispo Carlos Osoro también resultaron
emotivas: «Santina de Covadonga, ayuda en su alta misión
al Príncipe de Asturias y a su prometida doña
Letizia Ortiz, que en esta iglesia particular de Oviedo recibió
la vida de Dios por el bautismo. Alienta en ellos los lazos
del amor cristiano y de servicio a España y protege
con tu maternal cuidado a todos los jóvenes y familias
de España».
Covadonga es diferente
Pronunciada esta oración, don Felipe besó la
medalla de Covadonga, gesto que repitió su prometida.
Después saludaron a los niños integrantes de
la escolanía, disertaron con el arzobispo y se asomaron
al balcón de la cueva para ver el paisaje. Decenas
de fotógrafos y periodistas les esperaban al pie del
estanque para captar el instante, pero tuvieron que esperar
porque antes de descender por la escalinata de peregrinos,
la pareja saludó a todas las personas que estuvieron
junto a ellos en la misa. Fue Letizia quien explicó
al Príncipe lo «buenas» que están
las rosquillas que elaboran las monjas de la congregación
allí representada. Las religiosas la felicitaron por
su próximo matrimonio y prometieron enviarle «a
Madrid montones de ellas». La futura Reina también
tuvo palabras para otro grupo de monjas que abandonaron su
clausura sólo para verla. «Es para mí
un honor que estén aquí», les dijo.
«Covadonga es siempre diferente», aseguró
tras lanzar una moneda al agua.
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