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Sábado, 31 de enero de 2004

Covadonga se saltó el protocolo
Decenas de vecinos se acercaron al emblemático santuario para festejar la presencia de los novios, que se dejaron querer, saludar, besar e, incluso, abrazar


ANA MORIYÓN/COVADONGA


MIRADA. Letizia Ortiz observa a su prometido embelesada, con la imponente imagen de la cueva al fondo. / NAREDO
Covadonga se saltó el protocolo. No hubo normas para este viernes tan especial. Sólo el cariño de cientos de asturianos, que, reunidos en las inmediaciones de la Basílica desde primera hora de la mañana, celebraban el cumpleaños del Príncipe de Asturias. Y de paso, según confesión general, lograban llenar sus retinas con la imagen cercana de su prometida, Letizia Ortiz.

La seguridad de la Casa del Rey insistía en ubicar a los visitantes, según el estricto cuaderno de normas. Pero todo fue tarea inútil. Emoción y devoción pudieron más que obediencia. Así, al llegar la comitiva oficial, las súplicas de los guardaespaldas se fueron con el aire. Y es que el Príncipe y la futura Princesa también rompieron con todo lo predecible y mostraron su cara más amable y familiar, estrechando manos y dejándose besar e, incluso, abrazar.

El cielo tampoco siguió el programa previsto y, tras unas nubes que parecían no querer dar tregua a la mañana, el sol llegó al Real Sitio. Eso sí mucho después que algunos de los asturianos que coparon el lugar. María Luisa Alonso, sin ir más lejos, se había levantado en Oviedo a las cuatro de la madrugada para llegar a la cita con suma puntualidad. No tardó la ovetense en hacer migas con Covadonga Alonso, Isabel y Amparo Melero.

Ellas fueron quienes animaron al resto de los asistentes y promovieron un sincero 'cumpleaños feliz' a la llegada del Heredero de la Corona. Querían sorprenderle y lo consiguieron. El Príncipe alzó la vista por encima de las autoridades y les dedicó un gesto de complicidad, que fue festejado con vítores.

Los mismos que se llevó, nada más hacer su aparición la prometida real. «Es muy guapa, además de inteligente y asturiana», se comentaba a ambos lados de la comitiva. Y del Príncipe, otro tanto. «Es muy simpático, amable y más guapo en persona», decían, «encantados de la vida», unos y otros. De manera singular firmaba este comentario Teresa Morales, una de las muchas que lograron estrechar la mano de don Felipe. Como Beni Aramburu, al quien madre y tía tenían «de taxista» desde que el anuncio del noviazgo se hizo oficial. «Ya me mandaron a Sardéu para conocer la casa de los abuelos», explicaba no sin advertir que conocer a la futura Reina le había gustado.

El consejo del Príncipe

Como en cualquier cumpleaños que se precie, no faltaron los regalos. Rosa Mar Rodríguez se saltó la imaginaria valla de protección para regalar a Don Felipe una rosa perfumada. Otros, como Argentina Díaz, en lugar de dar pidieron. Esta joven gijonesa requirió la rúbrica de la periodista prometida sobre el libro biográfico 'Tú serás mi Reina'. Letizia Ortiz pidió permiso a su novio para dejar su estampa en la portada y éste accedió no sin antes recomendar a la lectora, entre risas, otros «libros más documentados». Argentina reconoció estar «encantada» por haber conseguido algo que, según le habían advertido los agentes de seguridad, sería imposible. Pero ayer nada lo fue.

Con los niños

Durante toda la mañana los novios se mostraron accesibles, no perdieron la sonrisa y no dudaron en agradecer personalmente las numerosas muestras de cariño. Entre las anécdotas del día, los niños de la Escolonía de Covadonga, que se saltaron las clases para rendir su particular y musical homenaje a los prometidos. No estaban nerviosos o, al menos, eso aseguraban momentos antes de su actuación. Para algunos, como Fernando Fuego, de Pola de Siero, ésta no era la primera que cantaba ante don Felipe.

Cesados los cantos escolanos, el Príncipe y su prometida se fotografiaron con los niños. Mientras, Juan Antonio Jabalquinto, natural de Córdoba, pero vecino de Sotrondio, improvisaba la tonada 'Paxarín Parleru', que los visitantes agradecieron con un aplauso.

Llegó la despedida y ya en el restaurante donde almorzaron siguieron las muestras de cercanía. Íker, un bebé de seis meses, no lo recordará, pero la pareja principesca le cogió en brazos.