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Sábado, 22 de mayo de 2004

Don Felipe, la lucha por la normalidad
Serio y reservado, bastante más que su padre, es el heredero mejor preparado de Europa



T. G. Y.


Dicen que es serio y reservado, incluso cortante, pero probablemente sólo sea timidez. La timidez de alguien que se ha sentido observado desde niño y que pese a todos los esfuerzos de su entorno, nunca se juzgó una persona normal. Nunca lo ha podido ser.

El primer berrinche, la primera vez que comprobó esta circunstancia, ocurrió en el colegio. Un compañero de clase celebró su cumpleaños por todo lo alto. Era una fiesta infantil a la que don Felipe tenía mucha ilusión por asistir. Pero su ilusión se desinfló como un globo. No le invitaron. ¿Por qué? Había nacido príncipe y la madre de su amigo no sabía cómo invitar a un príncipe.

Desde entonces, don Felipe ha intentado integrarse. Hacer lo que hacían los demás. No ser diferente. Una vez, de visita a un colegio en las afueras de Madrid, un niño le preguntó: «¿Y a ti te gusta ser príncipe?» Don Felipe sonrió, arrugó los labios y dijo: «No me queda otro remedio».

Ha recibido una educación exquisita y una formación privilegiada (el príncipe mejor formado de Europa, aseguran sus biógrafos), ha viajado por medio mundo y tiene un físico arrollador. Pero el alma la sigue guardando bajo siete llaves, aunque esto no mengua su personalidad.

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos nació el 30 de enero de 1968. Se casará, por tanto, a los 36 años. Mide 1,97 centímetros, calza un 44 y medio, tiene los ojos azules y el pelo rubio ensortijado. Le apasiona la vela, el esquí y observar las estrellas con telescopio, afición que adquirió durante su travesía en el buque escuela Juan Sebastián Elcano. También se siente atraído por la tortilla de patata, la coca-cola y la colonia Álvarez Gómez, trilogía de esa normalidad que ha ido buscando, contra viento y marea, durante toda su vida.

Primeros pasos

El Heredero de la Corona estudió Educación General Básica y Bachillerato en el colegio Santa María de los Rosales, un exclusivo centro situado en el pueblo de Aravaca, cercano al Palacio de la Zarzuela. Según algunas versiones, su madre, doña Sofía, le llevaba al volante de un Simca 1000.

Fue un estudiante de aprobados, notables y algún que otro sobresaliente. A pesar de los guardaespaldas, del respeto con el que le trataban sus compañeros y de lo poco que veía a sus padres, fue un niño feliz. «La época más feliz de mi vida; allí hice excelentes amigos que aún conservo», le confesó en una entrevista a Pilar Urbano.

De entonces data una de las anécdotas más divertidas que ha protagonizado. El Rey y la Reina viajaban continuamente y el joven Felipe les veía -a través de televisión- subir y bajar por las escalerillas de la compañía Iberia. En un test del colegio le preguntaron en qué trabajaba su padre. Ni corto ni perezoso, respondió: «Mi padre trabaja en aviones».

A los quince años, en plena edad del pavo, bajó su rendimiento escolar y sus progenitores decidieron dar un golpe de timón. Le mandaron al Lakefield College School, en Canadá, para que estudiara el equivalente a COU. Las primeras semanas fueron desoladoras. Como tantas veces en su vida, se encontraba socialmente arropado y humanamente solo.

Quiso regresar, pero su preceptor -José Antonio Alcina, quien le acompañó durante aquel invierno- le convenció para que se quedase. «Ese año aprendió a sobrevivir», declararía más tarde el ex jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, principal artífice de la aventura.

Posteriormente, desde setiembre de 1985 hasta julio de 1988, realizó estudios en las academias militares de Tierra, Mar y Aire. Primero en la Academia General Militar de Zaragoza, luego en la Naval de Marín (Pontevedra) y finalmente en la del Aire de San Javier (Murcia). En 1989 recibió los despachos de teniente de infantería, alférez de navío y teniente del arma de aviación. La 'pista americana' de Zaragoza, donde se tenía que arrastrar como un gusano entre alambradas y pinchos, le gustaba poco. Lo que le apasionaba, y le apasiona, era y es, mar y pilotar reactores.

Su formación la completó en la Universidad Autónoma de Madrid, donde se licenció en Derecho. En setiembre de 1993 inició un master de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown (Washington). Allí se graduó el 26 de mayo de 1995.

Ahora y siempre, lo que peor lleva, con diferencia, son los madrugones. Duerme plácida y profundamente. Como un bebé. En la academia militar de San Javier llegó a utilizar cuatro despertadores alrededor de la cama. No le valió de nada.

Durante su estancia en las tres academias le arrestaron varias veces, y siempre por el mismo motivo: llegar tarde a formación. Seguro que hoy no lo necesita.