
Sábado, 7 de febrero de 2004
Letizia elige al maestro Pertegaz
El modisto se ha reunido en un par de ocasiones con la prometida
del Príncipe para preparar el modelo Creará un
vestido «sobrio y sin extravagancias» a partir de
las ideas que le ha transmitido la propia novia
MONTSERRAT LLUIS
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| LA NOVIA.
Letizia dará el sí quiero al Príncipe
ataviada con un modelo del modisto aragonés./ E.
C. |
Manuel Pertegaz suele hacer gala con sus palabras de la misma
elegancia que exhiben sus diseños. Sin embargo, dicen
quienes le conocen que nunca ha ocultado cierta decepción
y pesar, incluso un velo de rencor, por no haber sido escogido
para vestir de blanco a ninguna de las dos infantas. Pero el
mago del dedal se ha sacado ya esa espina. Y con creces. Quizás
por su modestia no sospechaba que el último talento vivo
de la alta costura española estaba reservado para una
ocasión aún más especial. Desde el trono
de la moda, debía coronar su carrera con una futura reina.
La noche del jueves, y pese a que aún no dormía,
el sueño de Pertegaz se hizo realidad. Una llamada
de la Casa Real confirmó que la novia le había
dado el 'sí quiero'. Doña Letizia Ortiz lo había
elegido para confeccionar el traje con el que el 22 de mayo
se convertirá en esposa del Príncipe Felipe
y en princesa de la Asturias que la vio nacer. Como en cualquier
enlace, y según indicó la sobrina del diseñador,
«Zarzuela dejó a la novia la última palabra
en este tema», y tardó en darla. El propio modisto
confesó ayer que se había reunido con la prometida
del heredero de la corona «en dos o tres ocasiones»,
si bien fue este miércoles cuando la prensa descubrió
el encuentro, que fue, además, el definitivo.
Mientras don Felipe participaba en Barcelona en la inauguración
de una exposición dedicada a Dalí, Letizia Ortiz
llegaba al mediodía al estudio de Pertegaz, situado
en la misma Ciudad Condal y en un espectacular edificio de
La Diagonal, cuya lujosa y sofisticada decoración parece
obra del propio diseñador. Acostumbrado a tratar con
clientas como la esposa de Franco o la de Kennedy, la periodista,
con la que ha establecido «una gran complicidad»,
le pareció «una chica de hoy, muy cercana y segura,
que te da confianza y tiene mucha personalidad». De
hecho, «vino llena de ideas» y será ahora
misión del modisto depurarlas y convertirlas en un
traje para la historia, un vestido que el mismo día
en que se anunció el compromiso real tuvo la intuición
de que haría él.
Cuatro o cinco pruebas
Aunque las novias que sólo son reinas por un día
-el de su boda- han de encargar su traje con al menos seis
meses de antelación, en el taller de Pertegaz, donde
se emplean veinte personas, confían en que «tres
meses bastarán» para terminar el encargo a tiempo.
«Si hay que trabajar de noche, lo haremos», afirman
quienes anoche ya no pegaron ojo, pero de alegría.
De entrada, el autor del modelo con el que Nati Mistral,
Carmen Sevilla o Bibi Samaranch acudieron al altar preparará
«dos o tres cosas, un esbozo con algodones y, entre
esos, decidirá» doña Letizia. Del boceto
escogido, se realizará un modelo gráfico que,
una vez perfeccionado, se cortará en tela y se confeccionará
en los talleres que el modisto tiene en Barcelona. La novia
se lo probará cuatro o cinco veces, «pero, si
son necesarias más citas, no se escatimarán
esfuerzos para cumplir con sus deseos».
Idilio con la moda
Los de Pertegaz ya se han cumplido. El encargo real supone
la preciosa culminación del idilio que el turolense
ha mantenido con la moda desde que era niño y a la
que le ha sido fiel a lo largo de sus 87 años de vida.
En la edad de empezar a desnudar mujeres, en plena adolescencia,
comenzó a vestirlas empleado en una sastrería
de Barcelona. A los 25 años, abrió su propia
casa de modas en La Diagonal y, a los 37, mordió el
fruto prohibido de la Gran Manzana. Ningún español
se había atrevido a presentar sus colecciones en Nueva
York. Se trajo el 'Oscar de la costura' por la Universidad
de Harvard y la admiración de Hollywood: Ava Gadner
o Audrey Hepburn pagaban fortunas por que Pertegaz diseñara
para ellas.
Claro que no fueron las únicas. Entre las que han
sido sus mujeres se encuentra la propia Reina Sofía,
a la que vistió cuando era princesa, o la mismísima
Jackie Kennedy. Nombres sinónimos de elegancia como
los de Marisa Berenson o Aline de Romanones completan una
nómina de lujo. Ahora añade otro nombre con
letras mayúsculas: el de una periodista asturiana que
pronto se convertirá en princesa.
Para ella, concebirá un traje «sobrio»
y «sin extravagancias». El resto de detalles está
ya «bajo llave». Los modistos no sueltan prenda,
y menos cuando la prenda es un traje de novia. Y la novia
una futura reina.
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