
Viernes, 14 de mayo de 2004
Letizia
encandila en su puesta de largo ante la realeza mundial
La prometida del Príncipe captó casi tantas miradas
como Mary Donaldson en la gala ofrecida por los reyes de Dinamarca.
Los duques de Palma también acudieron al teatro de Copenhage.
LETICIA ÁLVAREZ/ENVIADA ESPECIAL COPENHAGUE
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| SONRIENTES. Letizia
afrontó con mucha naturalidad su puesta de largo
ante la realeza. /EFE |
Como una princesa más. Ocho días antes de convertirse
en la futura reina de España, Letizia Ortiz Rocasolano
ya ha tenido la oportunidad de vivir el ambiente palaciego
propio de una boda real. Fue ayer por la tarde, en el teatro
Real de Copenhague, con motivo del compromiso matrimonial
entre el príncipe Federico y su prometida Mary Donaldson.
Aquí, en la capital de la Sirenita, es también
donde probablemente la periodista asturiana habrá sentido
con más claridad el cambio que ha dado su vida en tan
sólo siete meses.
Letizia no lució diadema, como sí hicieron
otras jóvenes consortes de los príncipes europeos,
pero sí encanto. Radiante, sonriente y muy cómoda
en su papel, se la pudo ver al entrar al Teatro Real cogida
del brazo de don Felipe. Como ya es habitual entre la pareja,
a pesar de lo solemne del momento, no dejaron de intercambiarse
gestos y complicidades. La novia del Príncipe supo
llenar el momento de naturalidad y superar así la prueba
de su puesta de largo ante la realeza europea.
Tal y como se había anunciado, el diseñador
Lorenzo Caprile la vistió para la importante ocasión.
El modisto del traje de novia de la infanta Cristina envolvió
a la prometida del Príncipe de Asturias en una falda
de color rojo con una leve cola en su terminación y
un escotado corpiño ceñido y brocado muy al
estilo de los tradicionales corsés. Un diseño
elegante y, sobre todo, muy distinto de los que lucieron el
resto de las damas. La mayoría optó por trajes
de corte tradicional y de tonos brillantes, incluso, metálicos,
como el dorado elegido por la princesa Alexandra de Dinamarca,
esposa del príncipe Joaquín o el plateado lucido
por Mette Marit.
El conjunto de Letizia podría decirse que es muy del
gusto español y que con ese fin fue elegido. Nada en
sus apariciones públicas se deja al azar. Y mucho menos
aún en un encuentro formal, codo con codo, con el resto
de las damas de las cortes europeas. El largo de su falda
apenas dejó intuir unos zapatos de salón forrados
en rojo, en la mano un pequeño bolso del mismo color
y como únicas joyas unos pendientes largos. Por supuesto
no podía faltar su anillo de pedida.
La novia del Príncipe abandonó ayer su habitual
coleta y tampoco optó por la melena suelta, como probablemente
haga el día de su boda eligió el recogido de
estilo italiano, con el que ofreció una suerte de adelanto
para los observadores más escrúpulosos de la
futura Reina de España.
Junto a la pareja, acudieron al Teatro Real los duques de
Palma, que volvieron a dar muestra de su simpatía al
girarse para saludar a los representantes de los medios de
comunicación antes desaparecer en el lujoso vestíbulo
del coliseo. Don Felipe y Letizia Ortiz no pudieron responder
del mismo modo al quedar completamente ocultos a ojos de la
prensa por dos autobuses llenos de invitados, pero lo hicieron
luego, asomados al balcón del teatro.
Los representantes de la Familia Real española que
se encuentran ya en Dinamarca llegaron en autobús al
teatro desde el palacio de Fredensborg, donde se alojan por
cortesía de la Casa Real danesa. En el mismo viajaron,
además, los representantes de las cortes griegas, noruega,
belga, británica, japonesa, monegasca y búlgara.
Fue justo cinco minutos antes del comienzo de la función,
como corresponde a los invitados de más alto rango,
pero cinco minutos antes también de la estelar entrada
en el teatro de los verdaderos protagonistas: el príncipe
Federico y Mary Donaldson, quienes hoy contraerán matrimonio.
En las calles de Copenhague todo estápreparado para
la ocasión. También para recibir al resto de
los 800 invitados al enlace, entre los que se encuentran la
Reina de España y los duques de Lugo. Desde primeras
horas del día, los daneses ocuparán los alrededores
de la iglesia de Nuestra Señora para ver a sus futuros
monarcas convertidos en marido y mujer.
Copenhague es ya desde hace días una auténtica
fiesta, con las calles plagadas de carteles y alusiones a
la boda real. Los daneses parecen entusiasmados con la que
será su futura monarca, a pesar de que a la joven abogada
austriana le haya costado ganarse a su futura suegra, la reina
Margarita.
Bandera asturiana
Y paralelas al entusiasmo ciudadano, las estrictas medidades
de seguridad. La policía mantenía en la tarde
de ayer una estrechísima vigilancia en el entorno del
teatro, al igual que por la mañana, durante la visita
de los novios al Parlamento. Pero fue junto al coliseo donde
ordenaron retirar una bandera del Principado de Asturias,
que portaban unos periodistas españoles, ante el temor
de que tuviera algún significado político. Evidentemente,
desconocían que se trataba de un símbolo para
los novios, no los daneses, sino los españoles, que
este fin de semana 'ensayan' en Copenhague la que será
su boda.
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