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Domingo, 2 de noviembre de 2003

Tres amores, mil rumores
Aunque nunca fueron novias oficiales, Isabel Sartorius, Gigi Howard y Eva Sannum ocupan por derecho propio un lugar preferente en la vida del Príncipe


O. BARRIUSO/MADRID


EN LA BODA DE HAAKON. Eva Sannum y don Felipe no se ocultaron en el enlace el heredero noruego con Mette-Marit. / E. C.

Entre la imagen de Isabel Sartorius en cariñosa actitud con el Príncipe a bordo de una lancha fueraborda en aguas de Cabrera y la de Eva Sannum, enfundada en un espectacular vestido azul eléctrico y compartiendo confidencias con don Felipe en la boda de Haakon y Mette-Marit, transcurrieron doce años y docenas de rumores sobre supuestas novias, amigas y candidatas de todo pelaje a ocupar el trono de España. Entre Isabel y Eva -el primer amor del heredero y el último antes de Letizia Ortiz- sólo la americana Gigi Howard rozó, siquiera de lejos, la difusa categoría de novia del Príncipe. Un 'título' nominal y nunca oficial inseparablemente unido a la persecución implacable de los 'flashes' y, visto lo visto, condenado a acabar en ruptura.

El factor sorpresa ha jugado a favor de la futura esposa de Felipe de Borbón, que no ha tenido que enfrentarse a la presión social y mediática que, según dicen, dio al traste con su noviazgo con Sartorius, ni a pinchazos telefónicos como Howard, ni defenderse antes de tiempo de supuestas 'manchas' en su currículum, como los cacareados desfiles de Sannum en ropa interior. El hecho de que los padres de Isabel y los de Eva estuvieran divorciados también se citó en ocasiones como un posible obstáculo. La realidad demuestra lo absurdo de la prevención: hoy es la prometida quien arrastra una ruptura matrimonial anterior. Letizia Ortiz, novia oficial del Príncipe sin el habitual juicio popular previo, se ajusta al perfil clásico de las mujeres que han rodeado siempre a don Felipe: alta, rubia, ojos azules, porte atlético. Cortada por el mismo patrón, pero en este caso con final feliz.

Desde que, en el verano de 1989, saltara a la luz pública su especial amistad con don Felipe, Isabel Sartorius -una joven madrileña de familia 'bien', hija de los marqueses de Mariño, cosmopolita, políglota y licenciada en Ciencias Políticas- se convirtió de la noche a la mañana en la mujer más buscada y perseguida de España. El acoso de los 'papparazzi' logró acabar con los románticos paseos por Palma de Mallorca de los primeros tiempos, pero no impidió que continuaran las frecuentes idas y venidas entre la Zarzuela y la lujosa urbanización de El Viso, donde ella residía.

No obstante, tras casi tres años de relación, la pareja se rompió de mutuo acuerdo, cuando muchos veían ya en Isabel a la futura reina de España. A finales del año pasado, Sartorius -madre hoy de una niña, Mencía- rompió su silencio después de una década, y, en declaraciones a 'Hola', recordó a su ex novio como «un ser humano excepcional y un regalo para los españoles», además de esforzarse en desmentir uno de los rumores más recurrentes desde el final de su noviazgo: la supuesta intervención de la Reina Sofía en la ruptura.

Americana espiada

En 1995 llegó la modelo estadounidense Gigi Howard, hija de millonarios y afincada en Nueva York. De su paso por la vida del Príncipe, a quien conoció cuando éste estudiaba Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, se recuerda hoy sobre todo un turbio episodio de escuchas telefónicas que terminó con sendas condenas para un periodista español y el detective privado que contrató en Miami para espiar los movimientos de la joven americana, de cuya estrecha relación con el Príncipe también quedaron pruebas gráficas.

Y, por fin, apareció en escena Eva Sannum, otra modelo, esta vez noruega, que hizo sonar con más fuerza que nunca las campanas de boda, al menos en la calle y los platós. Y, al mismo tiempo, abrió un furibundo debate público al que se sumaron sin cuento monárquicos, historiadores y periodistas del corazón, empeñados todos en dilucidar si la rubia nórdica podría desempeñar dignamente el papel al que parecía destinada, o si agravios tales como el haber compartido pasarela con Ania, ex concursante de Gran Hermano, desaconsejaban gravemente el matrimonio.

Fue el propio Príncipe quien, en un gesto inédito, anunció la ruptura, en diciembre de 2001. «Nuestra relación no ha prosperado y punto. No hay más lecturas», zanjó Felipe de Borbón. A partir de su separación, la fiebre por emparejar al Príncipe -un deporte nacional del que algunos tendrán que empezar a desengancharse- se desató con energías renovadas. Si en la etapa 'pre-Sannum', se le relacionó con nobles y aristócratas como Tatiana de Liechtenstein, Victoria de Borbón Dos-Sicilias, Carolina de Waldburg o Esmeralda Iacobella y en pleno noviazgo con la noruega sonó con fuerza Gabriela Sebastián de Erice, fue tras su ruptura cuando las especulaciones se dispararon sin medida.

Tanto que algunos quisieron ver en un supuesto romance con la actriz Gwyneth Paltrow una reedición moderna de la historia de Grace Kelly. Aunque ella no se despegara de su novio, el rockero Chris Martin. El nombre de la noble sevillana Mencía Roca de Togores Lora entusiasmó a los partidarios de una candidata de alta alcurnia y el de Diana Martínez Bordiú, 'Didi', surgió en pleno estrellato televisivo de su pariente Pocholo. La última fue la alemana Christine von Wangenheim. Ella misma se encargó de aclarar que sólo eran «buenos amigos». Y punto final.