Sábado,
3 de febrero de 2007
CRÓNICAS DE CONCIERTOS
John Cale
(Auditorio Príncipe de Asturias. Oviedo, 2-02-07)
John Cale, fundador junto a Lou Reed de la Velvet, ofreció anoche en el Auditorio de Oviedo un repaso a todas sus facetas como músico
David Remartínez
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El feo de Wham! se llamaba Andrew Ridgeley. Después de enfadarse con George Michael, colgó las mechas y la guitarra para convertirse en surfero y ecologista, infatigable luchador por la calidad de las aguas marinas. La música no era su vocación, y acabadas las navidades engrosó esa larga lista de segundones sin carrera en solitario de la historia del pop. Ahí no cabe John Cale (Garnant, Gales, 1942). Desde 1968, fecha del segundo y último álbum que grabó con The Velvet Underground ('White Light, White Heat'), ha parido más de una veintena de discos variopintos, desde la belleza de 'Paris 1919' (1973) hasta las rarezas de 'Black Acetate' (2005).
Su carrera, tan compleja como desconocida -en comparación inevitable con Lou Reed-, marca ahora una especie de resumen en 'Circus Live' (2006), el disco que anoche presentó en el Auditorio Príncipe Felipe, que registró más de media entrada, con la banda que lleva su nombre. Pedazo de banda, por cierto: dos guitarras, bajo y batería con una contundencia que muchos grupos de renombre para si querrían.
Tres conciertos en uno
En realidad, la gira es un paso adelante sobre la del acetato negro, donde ya incluía viejos éxitos. El avance lo aporta una especie de autorreivindicación, una mezcla de grandes temas propios y ajenos, con más aire rockero, presentados además en una época en la que todo el mundo regresa, sean Barón Rojo, Take That o The Who. Muchos no saben muy bien donde aterrizan. Tampoco es el caso de Cale.
Lo bueno de los músicos de verdad es que pueden hacer cuanto les dé la gana, por clase y por capacidad. Ayer, por ejemplo, no le dio la gana de tocar 'Venus infurs', 'Femme fatale', ni ninguna otra canción de la Velvet. Había una viola eléctrica en el escenario reservada, quizás, para el segundo bis que, después de pensarselo, no dio.
Antes, en apenas hora y media, dio tres conciertos en uno. Empezó con su faceta más rockera, rebuscando entre sus canciones favorita y en lo más directo del repertorio propio (el sententero 'Bang'). Pasó entonces de la guitarra a los teclados y tocó canciones experimentales que descolocaron al público (una versión casi satánica de 'Heartbreak hotel'), para sin transición cogere la acústica y convertirse en una especie de Neil Young y cerrar con un 'You're perfect for im' que apeteció palmear de pie.
Poco clásico
La fórmula funcionó a ratos, pues resultó más asequible que las composiciones de ritmos machacones y acordes reiterados, aunque dejó de lado su fases más clásicas, como el citado 'Paris'.
Pero Cale es de esos músicos a los que la crítica asigna varios estilos, incapaz de encuadrarse. Siempre le pica el niki, siempre pueba algo distinto, un sonido casi molesto o una versión del 'Hallelujah' de Leonard Cohen que todas las butacas aguardaban ayer desde el comienzo. Al final, tampoco la tocó. |