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ARTES
Bob Dylan


Cuando el rock también es literatura
Bob Dylan ha sobrevivido a las modas y superado a sus propios mitos para convertir sus canciones en himnos universales

Rachel A. San Juan

Nadie es libre. Hasta los pájaros están encadenados al cielo». Sólo alguien con un alma tan contradictoria como la de Robert Allen Zimmerman (Duluth, Minnesota, 1941) podría definir con tal contundencia el vaivén del ser humano. Frases lapidarias como ésta definen la personalidad de uno de los compositores y músicos más influyentes del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia de origen judío, el joven Robert tuvo muchos alias antes de convertirse en Bob Dylan (Blind Boy Frunt, Lucky Wilbury o Elmer Johnson, entre otros). Tenía seis años cuando su familia se trasladó a Hibbing, donde su padre abrió un negocio de electrodomésticos. Entre lavadoras, televisores y frigoríficos transcurrió la adolescencia de Dylan en una población minera que nada tiene de atractivo para el muchacho. Pronto comienza a amar la música. A los ocho años aprende de oído a tocar la armónica y por diez dólares adquiere una guitarra que se convertirá en su mejor aliada. Las tardes las pasa pegado a la radio, donde descubre la música negra y es en este preciso instante cuando decide llegar a ser un héroe del rock and roll y tener tanto éxito como sus admirados Elvis Presley, Carl Perkins o Jerry Lee Lewis. Sus primeros intentos llegaron de la mano de Golden Chords, un grupo que formó en el instituto.

Pero no sólo su pasión por la música ha marcado su carácter. Su admiración por las motos de gran cilindrada ha dejado una honda huella en un alma rebelde que reta a la muerte. A los 25 años, siendo ya una estrella, la experimentó en carne propia, un par de meses después de haber publicado su doble álbum ‘Blonde on Blonde’ (1966) con The Band, al sufrir un accidente con su Triumph 5000 en las cercanías de Woodstock, lo que le apartó de la vida pública por un largo período.

Un vez finalizados los estudios secundarios y con el empeño de huir de Hibbing, ingresa en la Universidad de Minnesota. Pronto sustituye las clases por el ambiente de los intelectuales locales de la zona donde comienza a escuchar temas de country, rock y a músicos como Robert Johnson. Es entonces cuando abandona por un momento su amor por el rock and roll y abraza la música folk.

Sus años universitarios son intensos y dejan en Dylan la huella de la poesía y la literatura. Aprendió a escuchar, sobre todo, discursos sobre la paz, los derechos de los trabajadores y la enseñanza de una nueva moral. Es en este momento cuando decide cambiar su nombre por el de Bob Dylan, inspirándose en el poeta Dylan Thomas (Gales 1914- 1953) famoso por su brillante imaginería verbal y por su canto a la belleza natural. Empieza a calar en él la necesidad de contar a los ojos del mundo lo que se entierra bajo la alfombra con su armónica, su guitarra y su expresiva voz. Comienza la historia de una leyenda.

A mediados de los 60, obtiene su primer contrato como profesional en un local de ‘strip tease’ de Central City, en Colorado. En este momento de su vida, descubre en la biografía del músico Woody Guthrie, su Biblia. Por él decide efectuar el salto hacia la gran ciudad. Solamente un año más tarde, su nombre circula con soltura en el ambiente musical de Nueva York.

Si Dylan tuvo un padrino éste fue John Hammond, gran descubridor de talentos por cuenta de la CBS, quien le ofrece, nada más conocerle, un contrato. En 1962 sale el primer disco con el simple título de ‘Bob Dylan’. Sólo dos canciones son suyas, pero bastaron para darle confianza como autor y abrirle las puertas a una de sus etapas más creativas. En esta época dos mujeres marcan su vida, la activista política Suzie Rotolo y Joan Baez, con quienes comparte canciones, marchas pacifistas y amores atormentados. Las letras de sus canciones se tornan más inseguras propias de una época donde Dylan se empieza a conocerse. Es un período difícil en su vida, pero rico en estímulos creativos.

Encuentro con los Beatles
Cuando en la primavera de 1965 se traslada a Inglaterra para realizar algunos conciertos, el nombre de Dylan ya corría de boca en boca. Allí conoce a The Beatles, con quienes comparte un vínculo de mutuo aprendizaje. John Lennon manifiesta la influencia de su colega norteamericano en canciones como ‘Help’. Pero el propio Dylan experimenta en este encuentro una fusión a su propia composición que se desliza por sonidos nuevos y más lúdicos.
Enamorado por la sonoridad de las guitarras eléctricas, abandona el folk, aunque el resultado no es del todo satisfactorio. Los más puristas alzan sus voces contra este cambio cuestionando las concesiones eléctricas que se dejan ver en el disco ‘Bringing It All Back Home’, (1965). Sin embargo, este disco es la consagración definitiva. También de este año es ‘Highway 61 Revisited’, considerado hoy en día uno de sus mejores trabajos. En él se incluyen temas míticos, como la demoledora ‘Like a Rolling Stone’ o la insinuante ‘Ballad of a Thin Man’.

Al finalizar 1965 Dylan conoce al grupo The Hawks, que en 1968 se transformarán en The Band, una de las bandas más históricas de la música estadounidense de la década de los 60 y 70. Con parte de la banda, Dylan graba ‘Blonde on Blonde’, (1966), un doble disco más tranquilo que los anteriores y con un mayor valor poético en las letras. Poco después sufre el accidente de moto que lo recluye en casa con su mujer, la modelo Sarah y sus cuatro hijos. Pasa los días en compañía de sus colegas de The Band, tocando y grabando canciones despreocupadas que verán la luz públicamente en 1975 en ‘The Basement Tapes’.

En 1970 sufre su primer traspié musical, con su doble disco ‘Self Portrait’. La crítica musical se queda perpleja ante la escasa calidad del disco. Pero Dylan resurge de sus cenizas y en 1971 el mito se aviva cuando participa como principal estrella en el concierto de beneficencia para Bangladesh en el Madison Square Garden. No se acaban aquí las contradicciones de este genio que indaga todas las posibilidades creativas. Ha puesto música a películas como ‘Pat Garrett and Billy the Kid’ (Sam Peckinpah, 1973) con la que consiguió llevar su canción ‘Knocking on Heaven’s Door’ a lo más alto, o en documental ‘No Direction Home’ donde el músico pone voz a una banda sonora que incluye canciones inéditas. En los 70 se convirtió y este verano declaró que había vuelto a sus orígenes judíos. Otro giro más, una nueva catarsis del hombre que demostró que el rock también puede ser literatura.

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