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ARTES
Bob Dylan



LUIS EDUARDO AUTE, Cantautor

La sabiduría del saber decir

Difícil escribir algo que no se haya dicho ya sobre la obra de Dylan. Hablar de un clásico de la canción popular contemporánea es una aventura más que arriesgada si no se aporta una reflexión nueva, distinta, que enriquezca la valoración de tan gigantesca obra. Obra no conclusa, ni muchísimo menos. El talento de este genial judío parece inagotable, como le sucede al otro judío universal, Woody Allen, que, también fue galardonado, con todo merecimiento, con el Príncipe de Asturias. Perteneciendo a universos completamente distintos, tanto Allen como Dylan han demostrado que su creatividad les desborda. Uno, en el ámbito cinematográfico es capaz de crearse y recrearse en cada una de sus películas, y el otro, disco tras disco, nos sorprende con hallazgos y atrevimientos siempre inesperados, siempre transgresores.
Hay creadores cuyo talento nadie discute porque el tiempo los ha situado en el lugar que merece su obra, y hay otros que, además, establecen un antes y un después en la historia, no sólo de la cultura, sino del colectivo humano. Son muy pocos y Bob Dylan es uno de ellos. Hay una manera de entender el fenómeno de la canción popular antes de Dylan y otra, después. Incluso los Beatles, que también marcaron esa frontera (nada permaneció igual en el mundo después de la aparición del ‘Sargeant Pepper’s lonely hearts club band’) reconocieron que su manera de componer cambió a raíz de conocer las canciones de Dylan.

‘Blowing in de Wind’ fue un vendaval que todo lo trastocó en la canción popular en aquellos años de guerras en Vietnam... Aquel viento fresquísimo, lleno de energía, rabia, imaginación y poética revulsiva hizo temblar los cimientos de una manera de entender la realidad que ya daba sus últimas bocanadas de vida. Aquellos textos casi surrealistas y a un mismo tiempo herederos del ideario y del lenguaje sucio de la ‘beat generation’ inyectaron no sólo savia nueva en la música, sino una nueva sabiduría en la manera de reflexionar sobre la vida. Y esa sabiduría del saber decir en una canción permanece a lo largo del tiempo.

La estela de su obra sigue influyendo, en todos los continentes, sobre muchos compositores-intérpretes de nuestros días. Podría decirse que su canción ‘Knockcing on Heaven's Door’ (compuesta para la banda sonora de la extraordinaria Pat Garrett and Billy The Kid, de Sam Peckinpah) e ‘Imagine’ de John Lennon, son dos hitos indiscutidos e insuperables de la canción popular de todos los tiempos.


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