ARTES
Bob Dylan

JOSE RAMON PARDO, Crítico musical
Y de golpe el rock se hizo maduro
La primera vez que escuché una canción de Bob Dylan, la cantaba Richard Anthony, y además en francés. No era un problema mío, aunque también puedo confesar que la primera vez que escuché ‘Los ejes de mi carreta’ no fue a Yupanqui sino a Lucho Gatica. Y es que en los primeros años sesenta, el mundo del disco español estaba más que despistado y el sello que editaba a Bob Dylan no tenía presencia en España, sino un distribuidor poco atento a lo que sonaba por ahí fuera.
Por fin la CBS se instaló en Madrid y nos deslumbró con un doble elepé titulado ‘Blonde on Blonde’ con un Bob Dylan en plenitud creadora. Se había saltado toda su etapa folk, la psicodélica, los devaneos con el country y sus primeros escarceos con las guitarras eléctricas, pero a nosotros nos daba lo mismo. Por fin teníamos a Dylan y a partir de entonces íbamos a poder realizar un esquizofrénico ejercicio de hacernos con todo lo nuevo en el momento de su edición e ir recuperando el pasado al ritmo impuesto por la compañía.
Ver y escuchar así, en tan solo unos meses, el despliegue de talento que Bob Dylan había realizado en los diez años anteriores, fue algo asombroso. Nadie había influido tanto en el mundo musical ni había sido capaz de reinventarse a sí mismo tantas veces sin errar ninguna. El primer Bob Dylan, el que cantaba con voz nasal adosado a una guitarra y a una armónica ortopédica, era un profeta bíblico que nos amenazaba con tormentas y tiempos cambiantes, nos veía arrastrado por las aguas como simples cantos rodados y arremetía contra los dueños de las guerras.
Luego llegó el Dylan psicodélico, de versos ininteligibles y una mayor carga de música. Una amiga norteamericana se extrañaba del éxito que empezaba a tener Dylan en un país que no hablaba inglés, cuando a ella misma le costaba captar el sentido de las frases que escribía. Musicalmente, Bob Dylan cambió el rumbo del rock tras su encuentro, físico, pero también a distancia, con los Beatles. Con ellos, y con la ayuda d elas guitarras eléctricas de The Byrds se dio cuenta de que estaba dirigiéndose a los jóvenes urbanos de su generación, con mensajes de la máxima actualidad, pero empleando los modos musicales y los sonidos de la música rural de las décadas anteriores, deslumbrado por su mentor, Woddy Guthrie.
Los Beatles descubrieron con Dylan que las canciones podían decir algo más que ‘quiero coger tu mano’ o ‘conduce mi coche’. Bob Dylan descubrió con los Beatles que sus palabras llegaban mejor a los jóvenes porque tenían el ropaje de la modernidad. De aquel encontronazo de conceptos salieron unos Beatles más profundos y poéticos y un Bob Dylan más músico y rockero. De golpe el rock se había hecho maduro, incluso sesudo.
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