27 Premios Príncipe de Asturias
Historia de premio
Esfuerzo, prudencia y calma. Su historia está escrita por sus protagonistas. Por los hechos y las acciones. Hombres, mujeres y organizaciones que ya son patrimonio de la humanidad.
Javier Barrio
Los Premios Príncipe de Asturias cumplen 27 años de emociones, reconocimientos e imágenes imborrables. El paso de los años ha servido para consolidar una iniciativa que se constituyó, de forma oficial, en Oviedo, en 1980. A partir de aquí, el paso ha sido más firme en cada edición. Sólido y sin titubeos.
Son un referente para la sociedad, cargado de principios, universal. Ese es el espíritu de la Fundación Príncipe de Asturias y también el secreto de su éxito. Forman ya una parte indivisible de la cultura mundial.
Al evocar el nombre de estos galardones, la mente se llena de ‘instantáneas’ con momentos mágicos: Woody Allen compartiendo escena en el centro de Oviedo con su réplica en bronce, la legendaria primatóloga Jane Goodall imitando el comportamiento chimpancé, Fernando Alonso cantando ‘Asturias patria querida’ desde el balcón del edificio de Cajastur, Yasser Arafat reunido amistosamente con el ex primer ministro de Israel, Isaac Rabin, o las históricas palabras que personalidades como Camilo José Cela, Gorvachov o Mandela dejaron en Asturias.
Desde la primera ceremonia, en 1981, muchas personalidades de distintos ámbitos y disciplinas han acudido al Teatro Campoamor a recoger un merecido reconocimiento social. Graciano García, actual director de la Fundación, tuvo la visión. Fue muy reveladora y ambiciosa. Puso en marcha la idea que germinaba en su cabeza. Y se la transmitió al asturiano Sabino Fernández Campo, en aquel momento jefe de la Casa Rey. El proyecto nació, con once millones de pesetas o, como ha reconocido en alguna ocasión el propio Graciano García, «en la más absoluta pobreza».
La organización de los Premios estuvo a punto de no llenar el Teatro Campoamor de Oviedo. Hoy, el acto de entrega cuenta con una audiencia de 1.000 millones de espectadores enganchados «a la ceremonia cultural más importante del mundo», según manifestó en una ocasión el sociólogo Anthony Giddens, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2002. Han sabido envejecer y sacar provecho a ello.
En 1986, el escritor Mario Vargas Llosa recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras junto a Rafael Lapesa Melgar. Un homenaje a su vida, trayectoria y a sus valores. El autor agradeció el gesto y la concesión del galardón con unas palabras que se han convertido, con el paso de los años, en hechos: «Yo puedo testimoniar mejor que nadie sobre el espíritu generoso que los informa y, viniendo del remoto Perú, sobre su vocación universal. Lo hago con la modestia debida, pero también, orgulloso de compartir este reconocimiento con los distinguidos intelectuales, artistas, científicos e instituciones que los han merecido».
Desde su inicio, más de 200 premiados ya han paseado por las calles de la capital asturiana. Desde Nélida Piñón hasta Miguel Delibes, pasando por el inolvidable Ryszard Kapuscinski. Nadie ha caído en el olvido. Todos forman parte de la memoria. Sus pasos han quedado marcados por las calles de Oviedo. uno de ellos ha tenido un gesto y un recuerdo cariñoso hacia la ciudad. A través de sus palabras o sus acciones.
La esencia es la misma
Después de 27 años, la emoción del momento sigue intacta. Los rostros cambian, pero la esencia se mantiene. Son unos galardones cercanos con una proyección internacional. Toda una paradoja. Es una estructura muy pequeña que hace grandes cosas. Y en la que Don Felipe constituye un símbolo aglutinador. Ha sido desde su mayoría de edad el motor de una institución que nació sin sede, dinero ni plantilla en una España recién salida del hermetismo más absoluto.
Al contrario que la naturaleza del ser humano, el tiempo ha sido el mejor aliado de los premios. Ahora, con la celebración de los treinta años a la vuelta de la esquina, suben un escalón más. Alcanzan otra cima con una generación distinta. Otras caras. Otros valores. Distintas acciones, aunque el interior siga siendo el mismo.
Al Gore, Bob Dylan, Michael Schumacher, Amos Oz, Ginés Morata, Peter Lawrence, las revistas Science y Nature, Ralf Darendorf y el Museo del Holocausto recibirán este años los galardones. Los Humanitarios de Moreda son ya Pueblo Ejemplar. Otra edición irrepetible. Suman ya veintisiete.
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