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CIENCIAS SOCIALES
Ralf Dahrendorf
Hombre de Estado
Liberal, brillante, escéptico, polémico... Ralf Dahrendorf ha redefinido el papel de la UE para salvaguardar la democracia
Javier Barrio
Ralf Dahrendorf, un británico de adopción nacido en Alemania, es el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Precisamente, en su país de origen, Dahrendorf estuvo confinado en un campo de concentración y exterminio ubicado en la actual Polonia. La Gestapo le detuvo a finales de 1944. Su ‘delito’ había consistido en plasmar, en un trozo de papel, sus pensamientos acerca del gobierno de Adolf Hitler. Sólo tenía quince años y era incapaz de controlar el desprecio que sentía hacia la Alemania nazi.
Una voz en su interior clamaba contra la opresión. Mantenía una lucha interior contra la tiranía. Cada vez más fuerte. Sus principios le martilleaban en la cabeza y el fue expulsándolos. Fluyeron sobre el papel con toda naturalidad y con la inocencia de un joven de su edad. Culpable. No hay un veredicto distinto en un régimen totalitario. Le soltaron en 1945 con un documento de las SS –la policía militar alemana– que le prohibía estudiar en cualquier escuela de este país. Le cerraron la puerta de la educación, aunque a sus verdugos no les sirvió de mucho.
Una gran dosis de fortuna hizo que salvara la vida y meses después, concluida la guerra, pudo regresar a su Hamburgo natal. Una ciudad donde la vida y los edificios se habían convertido en escombros.
Varias décadas más tarde de aquel desagradable episodio que marcaría toda su vida, Dahrendorf, de 78 años, se ha convertido en un nombre de referencia. Es uno de los ‘padres’ de la Teoría del Conflicto Social. Un estudio que trata de explicar que, desde su aparición en la Tierra, el ser humano ha estado inmerso en muchos conflictos y ha ideado formas de solución, desde las más primitivas hasta las más elaboradas.
Sus estudios y publicaciones le han convertido en una pluma de referencia en el debate de los distintos conflictos internacionales que asolan el mundo actual. Es un sociólogo, liberal, brillante y muy escéptico. También politólogo y economista. Ha estudiado muchas corrientes políticas y ha sobrevivido a varias experiencias que le han obligado a ir siempre un paso más allá.
No confía en los sistemas perfectos. Por eso, para Dahrendorf la democracia no puede nunca servir para suplantar la responsabilidad de las personas, de los auténticos agentes sociales. Al contrario, debe garantizar las oportunidades, la libertad, en consecuencia. En esa línea, este reconocido sociólogo ha reclamado una justicia fuerte e independiente que obligue a todos, gobernantes incluidos, a cumplir las leyes.
Necesaria desigualdad
Dahrendorf ha defendido siempre la existencia del Estado, hasta el punto de criticar a quienes aseguran que el viejo modelo del Estado-nación está en crisis. «El Estado es necesario, entre otras cosas para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y para poner límites a la desigualdad. Porque una cierta desigualdad estimula la creación de riqueza», explica, «pero cuando es excesiva resulta perniciosa».
Su prestigio académico no ha podido ocultar su forma de ser. Es un hombre de acción. En su carrera, no se ha limitado a estudiar la política. De hecho, a los cuarenta años se presentó a las elecciones al parlamento alemán por el Partido Liberal y fue elegido diputado. Tras esa primera incursión en el poder legislativo llegó al ejecutivo. Un año más tarde, en 1970, fue nombrado comisario europeo en un momento clave e histórico. La CEE preparaba su primera ampliación.
Ciudadano británico desde 1988 y ‘Sir’ desde 1993 (con el título de Barón Dahrendorf de Clare Market), miembro de numerosas sociedades académicas y artísticas, ha levantado su voz en numerosas ocasiones ante episodios de política internacional que le han disgustado profundamente. Una de sus últimas críticas ha sido contra la situación de los presos en Guantánamo. Dahrendorf está seguro de que si se dejan de aplicarse estrictamente las normas jurídicas, los terroristas habrán alcanzado su meta de destruir los valores de Occidente.
Al contrario que otros pensadores, Dahrendorf cree que no debe ponerse pega alguna al uso del velo islámico y otros símbolos religiosos, pero pide mano dura contra los predicadores del odio.
También critica el relativismo moral que ha permitido que en Occidente se siembren ideas que atacan directamente los valores de la democracia, porque «la capa del multiculturalismo es delgada. No se necesita mucho para poner a gentes que pertenecen a un grupo en contra de otras con las que aparentemente habían vivido en paz hasta entonces». Tras una larga y fructífera carrera académica, que le ha llevado a ser, entre otras cosas, director de la prestigiosa London School of Economics y decano del St. Anthony’s College, Ralf Dahrendorf se dedica ahora a teorizar sobre lo que deben ser las bases políticas de una Europa compartida con millones de ciudadanos procedentes de otros continentes. Un espacio en el que no quiere que la religión condicione la política porque ve demasiadas amenazas en ello. |
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