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CIENCIAS SOCIALES
Ralf Dahrendorf


FRANCISCO J. LLERA

Catedrático de Ciencia Política y director del Eukobarómetro
Pasión por la libertad

Este hamburgués, nacido en plena crisis del 29 y socializado en los convulsos y dramáticos años de la República de Weimar y el III Reich, es un apasionado defensor de la libertad en su más amplio sentido. Quizás, por ello, siempre ha sido un liberal difícil de clasificar en términos estereotipados, habiendo tenido como padre a un parlamentario socialdemócrata. Con una sólida formación académica de tipo filosófico y humanístico, a los 23 años ya había obtenido su doctorado en Filosofía y Estudios Clásicos, y, aunque la Sociología va a ser su pasión académica desde el primer momento, es un auténtico científico social, en el sentido más amplio de la palabra, al que la Economía y la Ciencia Política no le van a ser ajenas. Como universitario, enseñó en las universidades del Sarre, Hamburgo, Tubinga, Costanza y ahora Berlín, además de llegar a dirigir la prestigiosa London School of Economics and Political Science durante una década importante (1974-1984), donde, recién doctorado, había cursado estudios de postgrado, así como detentar el Decanato del St. Anthony´s College de Oxford dedicado a los estudios internacionales. No es casualidad, por tanto, que haya un montón de universidades británicas, irlandesas, belgas, italianas, norteamericanas y de todo el mundo académico que le distinguieran con doctorados honoris causa, dando cuenta de su impacto global.

Si la academia y el trabajo intelectual y científico han sido sus prioridades, poniendo el guión al compromiso con su tiempo, la implicación política e institucional ha sido fundamental, también, para la concreción de sus ideas de libertad y de cosmopolitismo abierto. Como miembro del FDP, el partido de los liberales alemanes, comenzó su actividad política en 1968 en el parlamento regional del land de Baden-Württemberg, dando el salto al año siguiente al parlamento federal y en ese año pasa a formar parte del gobierno de coalición de Willy Brandt como secretario de estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Al mismo tiempo, es nombrado Comisario europeo en Bruselas entre 1970 y 1974. Después de su nueva etapa docente en el Reino Unido, en 1988 obtiene la nacionalidad británica y en 1993 es nombrado lord por la Reina Isabel II, entrando a formar parte de la Cámara de los Lores británica sin adscripción partidista.

¿Qué estudioso de la sociología no conoce su primera gran obra Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial ? Publicada en 1959, al poco de obtener su segundo doctorado en el Reino Unido, revolucionó el mundo académico con su nueva visión de la teoría del conflicto y el cambio social, que le convirtió en un verdadero modernizador de la teoría sociológica. En ella cuestiona con agudeza y precisión la teoría marxiana de la lucha de clases, siguiendo la tradición weberiana alemana, pero asumiendo las nuevas corrientes estructuralistas y funcionalistas de la sociología norteamericana de la época. Por lo tanto, su primera gran preocupación intelectual es cómo explicar el conflicto y el cambio social para dar respuestas que hagan compatibles la resolución de los conflictos y los cambios sociales con el mantenimiento y ampliación de las libertades y los derechos humanos. La simple relación de algunos de sus títulos más importantes ya da cuenta de la evolución de sus preocupaciones e impacto intelectual y político: ‘Homo sociologicus’ (1959), ‘Sociedad y Democracia en Alemania’ (1965), ‘Ensayos sobre teoría de la sociedad’ (1968), ‘La nueva libertad: supervivencia y justicia en un mundo en cambio’ (1975), ‘En defensa de la Unión Europea’ (1976), ‘El nuevo liberalismo’ (1982), ‘Reflexiones sobre la revolución en Europa’ (1991), ‘La democracia en Europa’ (1993), ‘Ley y orden’ (1994), ‘El conflicto social moderno’ (1994), ‘El hilo de la razón’ (1998), ‘Después de la democracia’ (2002), ‘En busca de un nuevo orden’ (2005) o ‘El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak’ (2007).

Como se puede intuir fácilmente por los títulos de sus obras, sus temas de investigación hacen referencia a la modernización y el cambio de las sociedades abiertas y cosmopolitas, al necesario liderazgo europeo en la extensión universal de las oportunidades vitales en un nuevo orden global, a la institucionalización del conflicto social, a la defensa radical de los derechos y libertades democráticas y a la profundización de una democracia asentada en el derecho y la justicia. Este defensor de las libertades, es un crítico renovador del liberalismo clásico, poco proclive al neoliberalismo y sus recetas más recientes. De ahí que se cuestione las respuestas institucionales a la globalización o los titubeos de la integración europea, ambos situados en un contexto paralelo. En concreto, le preocupa la ira que provoca la impotencia que sienten los ciudadanos de nuestras democracias porque tienen la sensación de que las decisiones importantes que afectan a sus oportunidades vitales cotidianas no corresponden ya a instituciones que ellos puedan controlar. Por eso, comprende, pero rechaza, la glocalización como reacción o respuesta falsa y peligrosa, lo mismo que los movimientos violentos antiglobalizadores, alertándonos de su gran parecido a los totalitarismos de épocas pasadas. La respuesta, según él, es más democracia, más transparencia, más responsabilidad, más sensibilidad con los ciudadanos y establecer una visión de futuro en prosperidad y libertad. Pero también le preocupa que en las sociedades globalizadas el trabajo ya no funcione como herramienta de control y orden social, creando un vacío peligroso y el riesgo a dejarse llevar por el asistencialismo en nuestras sociedades desarrolladas. La cohesión social ha ido transformándose desde la pérdida de capacidad de control y orden, primero, de las iglesias, luego de la familia, la comuna o la nación y el contrato de trabajo terminó siendo casi el único método que quedaba para estructurar la vida de la gente. Por todo ello, su compromiso con la libertad es el fundamento de la reconstrucción de las bases morales de una nueva cohesión social, para la que la política adquiere un valor estratégico de primer orden.

Una vez más, los Premios Príncipe de Asturias han tenido un gran acierto en galardonar y subrayar el liderazgo intelectual de este gran humanista y científico social europeo. Creo que un asturiano de la talla de Jovellanos estaría encantado. Escuchemos con atención las lecciones de este gran maestro de nuestro tiempo.

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