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27 Premios Príncipe de Asturias


PAZ FERNANDEZ FELGUEROSO
Alcaldesa de Gijón

El premio y el mérito

Resulta casi imposible glosar un año más la importancia de los Premios Príncipe de Asturias. Y es complejo hacerlo porque la calidad de los galardonados, el alcance internacional de la convocatoria y el acierto de la organización que encabeza la Fundación Príncipe de Asturias, colocan el listón de estos galardones a una altura en la que solo caben felicitaciones. Para Asturias y los asturianos, para las instituciones, para las empresas, para el mundo académico, para el del pensamiento, la ciencia o la opinión los Premios son ya una pieza más de nuestro engranaje de comunidad moderna, abierta al mundo y con peso específico en España y fuera de España. Precisamente ahora que tantos intereses creados y profetas de la catástrofe tratan de ver en el desarrollo del Estado autonómico una amenaza para la Nación, Asturias da una clara muestra de lo que es aportar a España un elemento de orgullo y de prestigio intrnacional. Los premios son de Asturias para España y para el mundo.

Convencida y orgullosa del peso creciente y la importancia de cada convocatoria , no quiero dejar de pasar esta oportunidad para reflexionar brevemente sobre lo que estos premios han de aportar a Asturias. Lejos del grandonismo autocomplaciente en el que no caeremos nunca, o de la grandilocuencia con la que se pueden tratar de interpretar algunas coincidencias o adelantos en el nombre de los premiados sobre los mismísimos Nobel, pienso que la bondad de los Premios Príncipe está en la calidad de los premiados.

No confundamos el premio y el de mérito. Recordemos ese consejo popular que advierte que es sólo el necio quien confunde valor y precio. Los Premios Príncipe de Asturias mantendrán impoluto su prestigio, su alcance universal y el respeto que se les tiene si siguen respaldando el mérito, si siguen buscando, como buscan, hacer elogio público de verdaderos talentos. El premio brilla un día, pero el mérito permanece siempre. El premio nos lleva a las primeras páginas de la actualidad, pero el mérito de los premiados, sus merecimientos, son el verdadero valor de esa decisión, es lo que honra por igual a los jurados, a los premiados y a la sociedad asturiana que vive cada año y de cerca los fallos y la entrega de los galardones. Asturias incorpora a sus méritos como comunidad los méritos de cada uno de los premiados que cada año reciben el homenaje del mundo en el teatro Campoamor. Asturias, tan generosa como exigente a la hora de premiar a los de casa y a los de fuera, se enriquece cada año en poco más en función del mérito de quienes reciben los premios.

A estas alturas de la historia de los premios, cuando es indiscutible su calidad, lo que nos importa es que estos galardones hagan verdadero homenaje a méritos profundos, a logros de la ciencia o de la cultura, a vidas entregadas a las grandes causas de la Humanidad.

Miguel de Cervantes escribió que «al bien hacer jamás le falta premio». Es una sentencia sencilla pero honda, como todas las de un hombre cuyos méritos estuvieron muy por encima de los premios que recibió, y que anima a luchar por que en la sociedad del éxito rápido, fácil y de consumo igual de fácil y de rápido, se sigan valorando los méritos de quien hace bien.

Con este deseo, reitero una vez más mi felicitación a los jurados, a los premiados y premiadas, a la Fundación Príncipe de Asturias y a toda Asturias, tierra de gentes que saben premiar el talento, el esfuerzo y el mérito.


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