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COMUNICACION Y HUMANIDADES
Revistas Science y Nature



CARMEN CAFFAREL
Directora del Instituto Cervantes
El placer de descubrir

Los dos semanarios estadounidenses que este año han sido galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades son los divulgadores más prestigiosos de la comunidad científica internacional. A lo largo de sus números y ediciones especiales, han aparecido descubrimientos e investigaciones que nos han asombrado, a veces, incluso desafiando nuestras, en principio, sólidas creencias. La oveja Dolly, la primera estructura genética del ADN, la gravitación o el agujero de la capa de ozono, se han conocido gracias a estas dos revistas que destacan por la claridad y el rigor de sus exposiciones, además de su intachable criterio científico e informativo.

Ambas fueron creadas a finales del siglo XIX y desde entonces por sus páginas han desfilado las grandes mentes del pensamiento científico internacional. Baste citar a Albert Einstein, Thomas Hubble o Max Planck. Muchas de las preguntas planteadas por científicos de todo el mundo han tenido en ellas su caja de resonancia. Interrogantes que en algunos casos han sido resueltos, y que en otros muchos, han generado nuevas cuestiones que siguen desafiando nuestro presente y nuestro futuro: ¿de qué se compone el Universo?, ¿cuál es la cura del sida, o del cáncer?, ¿puede el mundo continuar creciendo y ser sostenible para la población?
Los campos que cubren abarcan el amplio espectro de la Ciencia, desde la Biotecnología a la Astrofísica, pasando por la Antropología o la Lingüística Aplicada. Además, hacen gala de lo que en su día afirmó Albert Einstein, «la mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos».

Nature y Science, «competidoras y amigas», como declaró Annette Thomas, la directora ejecutiva de Nature al conocer la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias, han dado a conocer los enormes avances científicos de los últimos cien años, pero como reconocen los editores de Science, aún siguen abiertas muchas incógnitas para el conocimiento humano, y quizá nunca podamos resolverlas, pero el mero hecho de tratar de hacerlo, nos impulsa a conquistar territorios aún inexplorados.

Estas dos grandes publicaciones nos indican el camino. Nuestra investigación científica y técnica ha alcanzado un enorme desarrollo y debemos proporcionarle las plataformas adecuadas para darla a conocer. El español es la segunda lengua de comunicación internacional, y nada impide que también lo sea para la ciencia. Este prestigioso galardón muestra lo que hay que hacer: publicaciones con prestigio y que se conviertan en fuente de consulta obligada para la comunidad científica internacional. Tenemos lo esencial: la materia prima –nuestra ciencia– y el instrumento de comunicación –nuestra lengua–.

Y así lo demuestra el hecho de que las páginas de Nature y Science también hayan acogido a la investigación española, que sigue dando importantes nombres a la ciencia internacional como los del físico cuántico Juan Antonio Cirac, el neurólogo Antonio Damasio, el oncólogo Joan Massagué, el cardiólogo Valentí Fuster o el genetista Bernat Soria.

El Instituto Cervantes, que desde su creación lleva difundiendo por todo el mundo nuestra cultura –y la ciencia y la investigación forman parte de ella–, realizó el año pasado una serie de conferencias científicas en varios de los centros de Marruecos, en Estocolmo y Bucarest. En ellas se habló de la biomedicina en el siglo XXI, de las biodiversidad y la biotecnología o de las células madre y el futuro de la medicina regenerativa. También organizó, en colaboración con el CSIC, la exposición ‘Paisajes neuronales’, con dibujos y láminas del científico Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel en 1906, que creía que las verdades de la ciencia y la belleza del arte iban de la mano.

Para muchos de nosotros, apasionados del arte, pero neófitos en ciencia y sus disciplinas, Nature y Science son dos referentes claros que sacian la curiosidad por esas «verdades de la ciencia» de las que hablaba el Nobel español. Como catedrática de Teoría de la Comunicación Audiovisual, siempre recuerdo las veces que me pregunté por qué cuando encendemos el televisor o la radio y no logramos sintonizar el canal o la emisora que buscamos, aparece esa neblina blanca o ese ruido bisbiseante. La respuesta que me dieron los científicos es que lo que de verdad estamos viendo u oyendo es la radiación de fondo del Universo, la radiación desprendida por el Big Bang. Ante nosotros, el universo en expansión, como la propia Ciencia.


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