COMUNICACION Y HUMANIDADES
Revistas Science y Nature
MANUEL TOHARIA
Director del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia y Presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico
¿Comunicación, Humanidades?
El Premio Príncipe de Asturias, en su categoría de Comunicación y Humanidades, ha sido concedido a dos revistas científicas de alta divulgación, y por tanto no asequibles al común de los mortales, sólo destinadas a servir de vehículo de comunicación generalista para los propios científicos. Al margen de la idoneidad de conceder semejante premio ilustre a dos revistas muy minoritarias, que probablemente no pueden ser leídas ni entendidas por más del 99% de los ciudadanos de habla inglesa, ni aun menos los no angloparlantes, cabe cuestionarse la existencia misma de semejante premio.
¿Comunicación y Humanidades? La Comunicación es un ámbito vastísimo, en el que se mueven profesionalmente muchas personas: docentes, periodistas, literatos, publicistas, incluso políticos y economistas… Los científicos profesionales, por su parte, se comunican igualmente entre sí principalmente a través de las revistas de su propia especialidad, y secundariamente mediante publicaciones generalistas de alto nivel, como la semanal Nature, o las mensuales Science, Scientific American o La Recherche. Y con el público en general, la verdad es que, en general y salvo honrosas excepciones, los científicos se comunican poco y mal. Ese trabajo queda reservado a los medios de comunicación, y también a algunas revistas que han de sacrificar algo del rigor de la gran ciencia a cambio de conseguir una mejor comprensión y un mayor ‘gancho’ en el común de los mortales.
Algunas de estas revistas están suponiendo, en España y en muchos otros países, auténticos baluartes de culturización científica básica frente a las bobadas de las seudociencias que airean otras revistas y, lamentablemente, también algunas cadenas de radio y televisión, por otra parte prestigiosas y de buena factura comunicadora. Sin ir más lejos, ¿qué hace un programa de Iker Jiménez en la misma cadena que un telediario de Iñaki Gabilondo?
En cuanto a las Humanidades, el concepto es mucho más difuso, y de tufillo decimonónico si no francamente medieval. ¿Qué es eso de las Humanidades? ¿El conocimiento científico no está incluído acaso porque quienes lo investigan y atesoran no son seres humanos sino procedentes de algún lejano planeta extrasolar? ¿No es humana la Ley de Newton porque afecta a la caída de los cuerpos, y ésa es una ley de la naturaleza, aunque afecta obviamente también a los humanos y fue descubierta por un humano? Un poco artificial, ¿no?
Buscando algo de luz, nos hemos ido a las bases del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades: «…es concedido a la persona, grupo de personas o institución cuya labor creadora o de investigación represente una aportación relevante a la cultura universal en esos campos». No aclara gran cosa.
Por buscar alguna pista más acerca de lo que tenían en mente los creadores de este premio hemos buceado en la lista de premiados desde 1981: muchos periodistas y medios de comunicación –lógico–, bastantes filósofos y algún lingüista, algunos institutos dedicados a la promoción de los idiomas y la cultura, una universidad y una organización humanitaria: ¿serán ellos los integrantes del campo de “las humanidades”?
Inevitablemente el asunto nos recuerda aquello tan antiguo del cajón de sastre, donde se guarda todo lo que no cabe para el resto de los cajones.
Y aún hay más: algunas clasificaciones distinguen las Ciencias Humanas, compuestas por el Arte y las Humanidades, por una parte, y las Ciencias Sociales por otra, de las Ciencias Naturales, cuyo objeto de estudio es la Naturaleza. O sea que los humanos, según esto, no formamos parte de la naturaleza, dejamos de ser humanos cuando hacemos ciencia…
De manera clásica, probablemente desde hace ya algunos siglos, y quizá reforzado por los escritores de la Generación del 98, las Humanidades excluyen las Ciencias Naturales, aun cuando éstas originen consecuencias de lo más humano, y no digamos filosóficas o históricas. Lo que sí se incluye son la Historia, el Arte –¿todas las artes?–, la Teología, la Filosofía, la Filología y la Lingüística, incluso la Semiótica (moderna disciplina que obviamente forma parte de la Lingüística). Por cierto, ¿Descartes o Pascal, incluso Kant, son de Humanidades o de Ciencias Naturales? ¿De todo?… O sea, humanos.
En todo este popurrí –incierto galicismo que significa olla podrida, sencillamente revoltillo– el criterio que ha de aplicar el jurado depende, obviamente, del jurado. Premiar a dos medios de comunicación resulta indiscutible en esta categoría de premios; que esos medios sean de intercomunicación especializada entre científicos ya es más discutible. Claro que son dos revistas de referencia para el resto de la sociedad, pero hay unas cuantas más, y algunas de mayor trascendencia aun como fuente de información primera para los que nos dedicamos a la comunicación pública de la ciencia. Dicho sea con el máximo respeto, incluso admiración, por esas dos publicaciones. No son ellas lo que discutimos, sino el premio que se les concede. |