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INVESTIGACION CIENTIFICA Y TECNICA
Peter Lawrence y Ginés Morata
SANTIAGO GRISOLIA
Bioquímico. Premio Príncipe de Asturias
Importante aportación para el futuro Mi estrecha relación y admiración profunda por los Premios Príncipe de Asturias se inició hace mucho tiempo. Primero participé como miembro del jurado del Premio de Ciencia y Tecnología, cuando aún era su Presidente mi maestro Severo Ochoa, y después, en 1990, tuve el honor de recibir el Premio lo que me llenó y me llena de orgullo, y aprovecho la ocasión para agradecerlo, otra vez, públicamente.
Afortunadamente, me invitan a participar frecuentemente en el jurado del Premio de Ciencia y Tecnología, lo que me ayuda a conocer el trabajo de muchos científicos y la gran labor de esa comunidad, puesto que sin duda, en conjunto, arropa a este premio con enorme pasión y, como ya he dicho en otras ocasiones, no existe una participación tan masiva de la sociedad como en el caso de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias.
Quiero resaltar, precisamente en estos días de ataques a la Corona, el extraordinario desparpajo y la gran impresión que me produjo Su Alteza Real el Príncipe Felipe cuando, aún casi un niño, presidió por primera vez, y desde entonces la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. He tenido también la suerte de estar con el Príncipe en muchas ocasiones, especialmente en la entrega de los Premios Rey Jaime I, las cuales inició él mismo y me atrevo a sugerir que cuando la Infanta Doña Leonor presida los Premios Princesa de Asturias, su padre nos siga ayudando con los Premios Rey Jaime I.
Este edición de los Príncipe de Asturias presenta una grata coincidencia personal, puesto que uno de los galardonados este año, el profesor Ginés Morata, se encuentra entre los más queridos científicos reconocidos con el Premio Rey Jaime I de Investigación Básica. Y lo es ya que, además de su gran capacidad científica, tuvo una relación muy estrecha con don Severo puesto que su esposa, la encantadora Charo, fue durante muchos años y hasta su muerte la muy querida secretaria de don Severo.
Además, hay otro aspecto importante de relación del profesor Ginés Morata con la Comunidad Valenciana: cuando se estaba terminando la construcción del nuevo Instituto de Investigaciones Biomédicas, ahora Centro de Investigación Príncipe Felipe, pedí al profesor Morata que fuese su director. Me consta que él estuvo a punto de acceder y si declinó fue porque parte de sus colaboradores no deseaban dejar Madrid por razones familiares. Aunque podríamos repetir la bien descrita razón de la concesión del Premio Príncipe de Asturias, he considerado importante resaltar los enormes valores humanos del galardonado: su humildad y sencillez, su profundo concepto ético, su compromiso personal con la ciencia y sus compañeros de profesión, su ayuda incondicional durante estos años.
Como bien dice el acta del jurado, el profesor Ginés Morata y el profesor Peter Lawrence, han trabajado tanto en Cambridge como en Madrid, en la importante área de la biología del desarrollo. Aunque han trabajado independientemente, en conjunción sus trabajos forman la base del conocimiento detallado de genes altamente conservados y que dan lugar a órganos específicos. La biología del desarrollo es la rama de la genética que nos explica porqué crecen los organismos y diferencian estructuras como brazos, piernas o alas. Porque, por curioso que resulte, estos doctores han demostrado que los genes que diferencian el ala de la mosca del vinagre son muy similares a los responsables del desarrollo de nuestros brazos.
Sin duda, la biología del desarrollo ha avanzado muchísimo por las investigaciones de estos científicos. Como bien dice la glosa del jurado, los descubrimientos de estos investigadores tendrán importantes repercusiones en le medicina del futuro.
Ambos científicos han recibido numerosos premios, pero quiero insistir en la importancia del Premio Rey Jaime I porque representa el ser premiado por los mejores Jurados del mundo, que entre otras personalidades, cuentan con varios Premios Nobel, por ejemplo, los 19 que asistieron esta pasada edición.
En definitiva, que la molesta mosca drosófila melanogáster (que significa en latín mosca de vientre negro aficionada al rocío), desde los tiempos de Thomas Morgan, merecedor del premio Nobel de Medicina en la década de los treinta, por sus aportaciones a la genética, sigue siendo una excelente especie para la investigación.
Afortunadamente, tanto el doctor Morata como el doctor Lawrence son relativamente jóvenes, 63 y 67 años, por lo que esperamos y deseamos todos que produzcan aún mayores avances científicos en los próximos años. |
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