jueves, 16 de octurbre de 2003

Tortillas de patata en Sariego



LUIS ANTONIO ALIAS


VARIEDAD. En tamaños, colores y texturas. /L. A. A.
Recibo una invitación para formar parte del jurado que otorgará los premios del concurso de tortillas de patata a celebrar en la Primera Feria Agroalimentaria de la Comarca de la Sidra, reunión expositora y festiva que acoge con culetes frescos y recién escanciados en La Vega, capital del concejo que Santa María de Narzana, gema románica de juglares, guerreros y bestias aladas, regenta desde su alto y vistoso trono.

Naturalmente acepto encantado. Doblemente, teniendo en cuenta que promueve la Asociación de Amas de Casa de Sariego. Y ya sabemos: estas ‘sestaferias’ femeninas, especialmente en las parroquias y concejos rurales, son fuente e impulso de ideas creativas, formativas y dinamizadoras.

Llego, saboreo la refrescante bienvenida de Pachu, Foncueva y Riestra, y entro en una nave animada por mieleros, mermeladeros, panaderos, agricultores ecológicos, queseros, choriceros, jamoneros, y licoreros, amén de artesanos y pequeños industriales.
Repaso las bases del concurso: abierto a cualquier residente en la Mancomunidad; una tortilla por inscrito; únicos ingredientes permitidos huevos, patatas, cebollas y sal; número y plica; puntúan presencia y sabor.

Me recibe Natalia Fonseca, agente de Igualdad de la Mujer, y saludo a los otros dos jurados, Victoria Piquero, de la Asociación de Mujeres Doña Jimena de Nava, y Miguel Ángel Naredo, gerente del Plan de Dinamización Turística.

Nos sentamos y comenzamos a degustar y puntuar.

Quede claro que la tortilla de patatas, o tortilla española, carece de metro patrón. Unos la prefieren gruesa, a la usanza de nuestras abuelas, alzando el mismo ancho de la sartén, otros fina y ligeramente apuntillada en el borde; hay quienes no la conciben sin cebolla, madre de aires y jugosidades, y hay quienes no la conciben con cebolla, incordiante de la perfecta unión huevo-patata; este dicta unos interiores apenas cuajados, y aquel la exige bien pasada y compacta; fulanito reclama un amarillo esplendoroso, y menganito prefiere el tostado.

No citemos además, pues acertadamente quedaban excluidos, los toques presentados como tradicionales: ajo, tomate, pimiento, jamón, torreznos, bonito escabechado...
La cosa tenía, indudablemente, su complicación. Y sobre la mesa reposaban tortillas que, unificadas por los ingredientes, cubrían todos los puntos de cocción, tonalidades y grosores.
Puesto que ninguna desmerecía, decidimos probarlas en silencio, puntuarlas según cada criterio, y sumar finales.

Coincidimos más allá de lo esperado.

Y la anécdota surgió. Los premios primero y segundo recayeron en hija y madre, Mercedes Berros, de Moral, y Milagros López, de Valdediós; Milagros cumplirá pronto ochenta años de buena moza.

El tercero correspondió a Aurora Figares, de Sariego. Y el de mejor presentación lo obtuvo Margarita Fernández, de La Carcabada, que adornó su tortilla con un verdiotoñal faldón de hojas de luchuga y roble.

Entregaron premios los alcaldes de Cabranes, de Colunga y de Sariego.
Ni que decir tiene que las tortillas dieron lugar después a una merienda abierta y gustosa, mientras el grupo de teatro Producciones Nun Tris ensayaba divertidas brujerías de cigua, caldero, escoba, beleño y ruda.