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| Suspiros profundos LUIS ANTONIO ALIAS
Y de toda España. Con leves variaciones de forma, y licores, especias o frutos secos añadidos, los encontraremos en Segovia, Bilbao, Jaén, Castellón, Valencia, Gran Canaria, y otros mil lugares, repúblicas hispánicas inclusive. Hay quien asegura que su poético nombre, tan becqueriano de «los suspiros son aire y van al aire, /las lágrimas son agua y van al mar, /dime, mujer, cuando el amor se olvida /¿sabes tú adónde va?», saca origen de apasionadas esperas femeninas: para justificar velas hasta la clandestina llegada del amante, se dedicaban a nocturnos amasados y horneados. Los ‘suspiros de monja’, buñuelos glaseados de pequeño tamaño, diferentes por tanto, dícese que durante la tarea salían de los pechos de jóvenes novicias enclaustradas contra su voluntad: «Yo me quería casar, /con un mozo repostero, /y mis padres me metieron /de monjita en un convento». En realidad bautizan a los suspiros las extremadas delicadeza y fragilidad que pueden proporcionarles cualificadas manos religiosas y seculares. La geografía asturiana del suspiro destaca los de Pajares que cita el ilustre payariego don Ramón Menéndez Pidal, los de Cudillero, los de Tineo, y los del Nalón. Ángela Pérez, de la tinetense Casa Emburria, prepara suspiros ‘de mayada’, así llamados por limpiar, acompañados de una copita de anís, las gargantas de los mayadores: separar el grano y la paja del centeno y el trigo a golpe de pértigas levantaba mucho polvo. Los ‘Suspiros del Nalón’, empaquetados y distribuidos por los cuatro puntos cardinales del Principado y del Reino, constituyen ya un importante referente de Campo de Caso. La panadería y pastelería que los elabora ocupa una esquina de las tranquilas y siempre que voy –ya es casualidad– agradablemente soleadas callejuelas de la capital casina; un pequeño despacho con dos o tres ‘mesinas’ para cafés precede el amplio obrador del que salen los contenidos de las luego precintadas cajas de suspiros, almendrados y botones, tres variaciones del mismo tema crujiente y goloso. La fórmula proviene de Manuela ‘la de la Felguerina’, una artesana ducha en suspiros tradicionales de la zona, y la primera fábrica la fundó Nicanor Caballín, propietario de un hotel en Caballes cuyas instalaciones amplió para introducir máquinas y emprender una producción semi-industrial a comienzos de los años setenta. Pero llegó la presa de Tanes y cubrió la fábrica. «Entonces mi padre y mi tío, Manuel e Higinio García Pérez, compraron los derechos y la maquinaria. En 1984 reiniciamos faenas en este local con la ayuda de mi madre, María de los Ángeles, y de los tres hermanos, Antonio, José Ángel, y yo», me cuenta Luis Manuel García. También ponen su parte María José Lobeto y Marta Lobeto, hermanas y esposas de Luis Manuel y Antonio, profundizando el carácter familiar de la empresa. «Ajenos a cualquier conservante o colorante, sólo utilizamos ingredientes naturales». Basta probar un suspiro, o un suspiro almendrado, o un botón, que resulta suspiro corto, para que el paladar de fe. Al salir con mis cajas, que adquirir cualquier producto allí donde se produce multiplica satisfacciones, miro hacia la carretera que sube para Tarna, donde la fuente de La Nalona pare al que será nuestro más largo y caudaloso río. Y lo pare entre suspiros. |