jueves, 4 de agosto de 2005


Refrescantes y sabrosas

Los melones y las sandías son dos jugosas frutas veraniegas cuyo porcentaje de agua puede superar el 95%. Sabrosas por sí mismas, también maridan con otros muchos alimentos


José Manuel Peláez

El melón es, junto a la sandía, una fruta cien por cien estival. Se puede consumir solo (como aperitivo o como postre), macerado en vinos, zumos y licores o en combinación con multitud de alimentos: jamón de media curación, higos, langostinos, hojas de menta fresca, naranja...

Está exquisito como postre acompañado de grosellas y fresas silvestres, pero también matizando su sabor con azúcar, nata o un golpe de helado.

Un trozo de melón es tan refrescante como una bebida helada, pues su porcentaje de agua es del 95%. Frío –una hora en el frigorífico antes de servirlo es suficiente– resulta especialmente delicioso, aunque hay quien recomienda sacarlo 15 minutos antes de su consumo para que exprese mejor todo su potencial aromático.

Si se sirve de aperitivo, la opción más recomendable es una variedad tardía de melón de invierno (p. e. Tendral). Tiene cierto gusto a verdura y se acompaña de un salero. Aderezado con pimienta negra se puede consumir como complemento de jamón de Parma y mortadela. Siempre hay que tener presente que los melones verdes se caracterizan por un sabor a pepino, son pobres en aromas y tienen poco sabor.

Durante el verano, los sorbetes y helados de melón son un refresco fantástico y se preparan utilizando la pulpa triturada.

Espolvoreado con pimienta se convierte en una excelente guarnición para acompañar la carne asada, el foie-gras y el pollo asado. En algunos países orientales se utiliza para recibir a los invitados y se sirve muy frío, espolvoreado con azúcar y jengibre. Es conveniente escoger melones de corteza dura, sin marcas y con una retícula gris regular. Si tienen la piel muy verde es que han sido recogidos antes de tiempo. Cuando están maduros desprenden un intenso aroma dulce y delicado muy característico. En caso contrario, hay que dejarlos madurar a temperatura ambiente durante unos días.

Para saber si un melón está maduro hay que tomarlo entre las manos con firmeza. Si al presionar suavemente la base, el lado opuesto a la mata cede un poco es buena señal. También hay que sopesar varios en las manos y elegir el más pesado en relación con su tamaño. Los ejemplares demasiado maduros suelen estar pegajosos al tocarlos. Y si les sacude ligeramente se oye un chapoteo. Se debe rechazar aquellos que estén muy blandos, los que tengan cicatrices o manchas húmedas sobre la piel y los que presentan señales de podedumbre sobre el pedúnculo.

A grandes rasgos, hay que distinguir tres grupos: el melón de invierno, que es liso; el melón reticulado o muscado, cuya corteza presenta una estructura acorchada, y el cantalupo, que se caracteriza por tener una corteza lisa o reticulada. En nuestro entorno se encuentran el futuro, categoría, piel de sapo, alargados y con un peso entre 1,5 y 2 kilogramos. En el territorio español son zonas productoras: Almería, Valencia, Castellón, Cuenca, Ciudad Real y Madrid.

La sandía
La sandía, melón de agua, patilla o melancia se considera originaria del África Tropical y su cultivo se remonta desde hace siglos a la ribera del Nilo. Desde allí se extendió a numerosas regiones bañadas por el mar Mediterráneo y zonas cálidas de Asia. Los pobladores europeos la llevaron hasta América y actualmente es una de las frutas más extendidas por el mundo. Los principales países productores son Turquía, Grecia, Italia, España, China y Japón. Además, se sabe que en algunos países de África se sustituye por el agua en temporadas de sequía.

Características
El fruto, que botánicamente se denomina ‘pepónide’, puede tener forma redondeada, ovalada o cilíndrica, achatada por los extremos. Con un tamaño de hasta 30 centímetros de diámetro y un peso que puede alcanzar los 20 kilos (entre 3 y 8 kilos las comerciales) es de los mayores frutos que se producen. La tendencia futura va encaminada a cultivos de tamaños inferiores a 2 kilos para un consumo más rápido y una más fácil conservación.
La corteza es lisa, dura y de unos 2-4 centímetros de grosor y su color varía entre verde oscuro, verde claro o amarillo. Incluso puede llegar a tener motas de color amarillento, grisáceo o verde claro. La pulpa es rojiza o rosada, muy atractiva, si bien existen variedades con pulpa de color amarillo intenso e incluso anaranjado. Su textura es acuosa, porosa, muy jugosa, refrescante y, por lo general, con un delicioso sabor dulce.
Los hay con semillas negras o marrones y de consistencia leñosa (alargadas o redondas) o sin semillas, aunque en realidad tienen unas semillas blancas que pasan inadvertidas en boca.

Consumo
La sandía es una fruta jugosa, aromática y refrescante cuyas posibilidades culinarias son muchas. Siempre hay que tener presente que la sandía cortada se estropea rápidamente y la pulpa se vuelve acuosa y harinosa.

Todas sus partes son comestibles. Las semillas pueden tostarse, secarse y salarse, dejando un ligero sabor a nuez. La capa de pulpa blanca que envuelve la piel se cuece al horno o se fríe. Incluso sirve para preparar un encurtido. La corteza se puede marinar o confitar. Con su pulpa se pueden preparar zumos, sorbetes, purés... De cualquier forma, la mejor manera de servirla es ligeramente fría y cortada en gajos. Su delicioso efecto refrescante puede ser el colofón perfecto de una comida veraniega.

Compra
La mejor época para esta fruta es el verano, concretamente desde junio a agosto. Esta madura cuando la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color amarillo cremoso. Una mancha blanca o verdosa indica que ha sido recogido antes de tiempo y resultará insípida, debido a que la sandía es un fruto no climatérico: debe recolectarse cuando está totalmente madura.

Las sandían ha de escogerse firmes, pesadas y muy poco brillantes. Además, al golpear la superficie con los dedos o las palmas, ha de emitir un sonido hueco, lo que significa que está en el punto óptimo de maduración. La carne ha de ser consistente, jugosa y sin estrías. Deben rechazarse aquellas que presenten su superficie con cicatrices, quemaduras de sol, abrasiones, áreas sucias, magulladuras, roturas, partes blandas u otros defectos. Siempre conviene asegurarse de que la carne es firme y jugosa.

Conservación
Se conserva en perfecto estado durante dos semanas a unos 15 grados y hasta tres semanas, entre 7 y 10 grados. Debido a que es muy sensible al frío, no debe mantenerse a temperaturas inferiores a 7 grados. No obstante, su gruesa corteza le permite aguantar durante bastantes días en ambientes mejor frescos y oscuros. La calidad de muchas sandías se reduce muy rápido, debido a que se transportan en barco sin refrigeración y deben consumirse rápidamente. Una vez abierta se debe envolver con film de plástico, durante una semana como máximo, para que no se reseque. Aunque más del 90% de la sandía es agua, esta atractiva fruta roja aporta una cantidad apreciable de vitaminas A, C, E, potasio, magnesio y otras sales minerales. Depurativa y antioxidante, es la mejor opción para calmar la sed en verano.