jueves, 29 de septiembre de 2005


Preciados frutos de Fresno

La fiesta del pimiento Morrón de Fresno de la Vega, en León, atrae cada año a miles de asturianos entusiastas de la carnosa hortaliza

JOSE MANUEL PELAEZ



PIMIENTADA. Los asistentes al festejo pudieron paladear el guiso colectivo. / E. N. C.
Los antecedentes de este típico festejo gastronómico leonés se remontan al año 1984. Fue entonces cuando se organizó la primera de las fiestas del pimiento morrón que, con el paso de los años, habría de convertirse en una tradición que también atrae a miles de asturianos. Entre el 23 y el 25 de setiembre, unos 50 agricultores-expositores volvieron a reunirse en la citada localidad para ofrecer lo mejor de su producción. Durante la fiesta se sirvió de forma gratuita una gran pimentada a todos los visitantes, que llegaron a 45.000.

Los pimientos, la estrella del lugar, compartieron estampa con lechugas, escarolas, lombardas, repollos, tomates y puerros, un conjunto que forma una riqueza agrícola fundamental en el presente y futuro de esta zona del sur de León.

Esta es una tierra especialmente rica para el cultivo de hortalizas, a lo que hay que sumar un abono basado en restos orgánicos de pimientos caídos y estiércol con dos años de fermentación. Toda una garantía de cultivo que respeta a la naturaleza.

Los pimientos son un cultivo tradicional en la huerta de Fresno. El 90% se concentra en la localidad leonesa de Fresno de la Vega, donde todos los vecinos los plantan desde tiempos inmemoriales. Actualmente, la promotora de Fresno de la Vega cuenta con 60 hectáreas de superficie cultivadas cuyo destino en fresco es León, Galicia y Asturias.

Se recolectan a mano, verdes o maduros. Éstos, cuanto más rojos, mejor. Los verdes (10% de la producción) son los primeros y últimos en recolectarse.

Tres son las subzonas productivas y se corresponden con diferentes terrenos e igual microclima: Otero, de tierras ligeras, con arenas arcillosas y piedras; Campo, de tierras fuertes, más ricas en arcilla y sin piedras, y Vega, de tierras con arena, limos y sin piedra. Organolépticamente, no hay diferencias apreciables entre ellas.

El pimiento morrón, en sus múltiples variedades, es el más cultivado en el mundo. El de Fresno es del tipo ‘California’, de entre 11 y 14 centímetros de longitud, de 8 a 10 centímetros de ancho, con un peso entre 600 gramos y un kilo (algunos alcanzaron los 2 kilos) y, haciendo honor a su nombre, con los cuatro morros bien marcados. Alimento rico en agua y pobre en hidratos de carbono y proteínas, fuente importante de salud por su contenido en micronutrientes, vitaminas y minerales.

La apreciada hortaliza leonesa, en fresco, presenta un tallo verde y rígido, mientras la carne es de rojo intenso y brillante por la abundancia de capsantina (antioxidante), gruesa, de buen tamaño, carnosa y de piel lisa, fina y sin manchas. De pronunciado aroma, presenta una textura crujiente de carne muy compacta, firme y un sabor dulce, intenso, nada picante y jugoso. Características que hacen de cada bocado un deleite gastronómico. Eso sí, su fina piel obliga a comerlo muy fresco, por lo que se debe conservar en cámara o, en su defecto, en lugares frescos, protegidos del sol, a una temperatura entre 7 y 10 grados centígrados. Y con una humedad relativa de en torno al 85%. Una vez asado este pimiento conserva su intenso perfume e inunda un fino y característico dulzor en el paladar.