Bendito habano
Fumadores de puros asturianos
se reúnen para disfrutar de un placer en el que intervienen cuatro sentidos
Isabel López
Son tiempos difíciles para los consumidores de cigarrillos y casi imposibles para los de puros dadas las restricciones para fumar en los espacios públicos, pero así todo los amantes de los habanos no se resisten a abandonar una práctica placentera. En numerosos países están surgiendo bares y pubs para acoger a estos fumadores porque en el mundo hay mucho aficionado a los puros. También en Asturias, como lo demuestra la treintena de asistentes a la comida celebrada hace unos días en Casa Gerardo, en Prendes, con motivo del nombramiento del deportista Herminio Menéndez como Embajador del Habano, que promueven la tabacalera Altadis y Habanos.
Acompañaron a Herminio Menéndez su hermano Ángel, propietario del restaurante El Paseín, en Candás; el también hostelero Cholo Lobato, de Casa Lobato, en Oviedo; Noé Fernández, presidente de Alimerka; Julio Reyero, constructor; Raúl Fernández, economista; Chema Camacho, publicista; Julio Rodríguez, de la Joyería Roibás; Manuel Vega Arango, presidente del Sporting de Gijón; y el periodista David Fernández. Junto a ellos otros aficionados como José Manuel Vilabella, Premio Nacional de Gastronomía y columnista de EL COMERCIO; Antonio Trevín, delegado del Gobierno en Asturias e Ignacio García Arango, jefe de la Demarcación de Carreteras del Estado.
Los participantes encendieron dos habanos: uno corto –un Cohiba Siglo II–, durante los aperitivos y el segundo –un Cohiba Siglo VI– más apropiado para la sobremesa. Los fumaron tras conocer el número de hojas de tabaco de que constaban y los tipos con los que habían sido elaborados. Y los disfrutaron con la vista, el tacto, el olfato y el sabor, los cuatro sentidos que intervienen en este placer. Antes, saborearon el menú ofrecido por Pedro y Marcos Morán, que combinaba la fabada asturiana y el arroz con leche, los platos tradicionales que han hecho famoso al restaurante asturiano más allá de nuestras fronteras, con otros más modernos, aunque se hayan convertido ya en clásicos de Casa Gerardo, como el bocadillo de quesos asturianos o la cebollita rellena de pisto de bonito.
En la sobremesa se habló de muchas cosas, entre ellas de las limitaciones que supone la ley antitabaco para los ‘puristas’ en recintos públicos cerrados, ya que fumar un habano requiere de unas determinaciones condiciones. También se comentó la diferente consideración social que merecen los consumidores de cigarros y los de pitillos, porque aunque los amantes de los puros gozan de una cierta vitola de distinción e incluso de dandismo, suscitan mayor rechazo que el resto de fumadores. Al final, en medio de la apacible atmósfera que crea siempre una reunión de este corte, los asistentes se despidieron con el convencimiento de que volverán a encontrarse para gozar del placer de un habano.
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