Jueves, 21 de febrero de 2008


Villacezán, el respeto a la tierra y el peso de la historia

Sus orígenes se remontan al siglo XIX aunque las bodegas fueron modernizadas en 1990 con nuevas tecnologías

Carlos Iglesias

080221.jpgLa Dehesa de Villacezán es lugar un tanto singular dentro de Castilla. La diversidad de sus cultivos y la reforestación de chopos y pinos han conformado un paisaje un tanto atípico en la meseta sur Leonesa; sin perder de vista el paso del río Cea que, aunque no muy caudaloso, sus aguas nunca falta incluso en verano. Un suave atardecer con el sol posándose con levedad sobre sus amplios horizontes y sobre las lomas que dibujan unas llanuras ondulantes, es todo un espectáculo que uno no se puede perder.
En este enclave geográfico se encuentran los viñedos de las Bodegas Villacezán, cuyos vinos están acogidos a la D.O. de ‘Tierra de León’. Un lugar que se encuentra salpicado de arte gracias al ‘Proyecto Picerna’ que intenta crear un entorno artístico y cultural que revitalice la zona. El ‘Molino’ que se encuentra en una de las fincas de Villacezán, con una pequeña iglesia restaurada, realza, si cabe aún más, un valor añadido a una visita ineludible.

Sus orígenes, como viticultores, se remontan al siglo XIX, aunque es en su casa-bodega, construida en 1920, en donde se elabora los vinos, sobre todo a partir de 1990 cuando la tercera generación toma el relevo y moderniza la bodega; una labor que se podría decir que está en sus comienzos si se tiene en cuenta el espíritu que impregna a esta nueva generación; una respuesta de futuro, amparada en nuevas instalaciones, dotadas de tecnología enológica moderna y una reconversión del viñedo familiar.

Situada en Gordoncillo, meseta sur de León, y colindando con Valladolid, sus viñedos se extienden a lo largo de 60 hectáreas, distribuidas en seis pagos, por el margen derecho del río Cea, en terrenos de franco-arcillosos y de origen fluvial; unas viñas sobre las que pesa un pasado una historia de una de las comarcas de vinos más tradicionales del pasado (¿quién no recuerda las ingentes cantidades de vino a granel que arribaban a Asturias para el consumo diario?; y que aún lo siguen llegando). Su capacidad total es de 300.000 litros y un parque de barricas de 250, entre 1 y 3 años, de roble americano y francés.

Gordoncillo se ha convertido en uno de los centros de producción de la moderna vitivinicultura de los Vinos de la Tierra de León. Las variedades cultivadas son, en tintas, la autóctona Prieto Picudo 60% (la base de sus vinos. Una uva minoritaria, autóctona y exclusiva, ya que su área de cultivo se reduce al sur leonés. Sus cualidades: alta acidez y bajo pH, como en muy pocas variedades, piel gruesa que regala tinciones intensas, su gran concentración de antocianos y polifenoles la destinan a ser la esencia de excelentes crianzas.), Mencía 10% y Tempranillo 25%, mientras en blanco es la verdejo; tres variedades con una buena respuesta en los suelos de la zona. Sus vinos son: Dehesa de Villacezán (joven), Villacezán Seis Meses y Roble Villacezán Doce Meses. Además, de Elverite (blanco), y Molendores (rosado), un vino, este último, que cumple perfectamente con su cometido, que no es otro que deleitar en ciertos momentos del día como ningún otro vino, y combinar con unos alimentos que reclaman sus interesantes virtudes como armonía a sus aromas, texturas o sabores; y es necesario señalar que en España cada vez se cuida mejor este producto: abundan los rosados contundentes, con un cuerpo y una estructura tal que son capaces de aguantar más de un año con perfecta vivacidad.

Aunque una buena parte de la producción es aún de vinos jóvenes, la crianza va adquiriendo mayor preponderancia, habiéndose incorporado barricas de roble francés y americano. Pronto se espera la salida de un vino de alta gama con uvas tintas de la variedad autóctona ‘Prieto Picudo’ de viñedos propios; la enóloga de Villacezán, Raquel Mangas, explica que «la elaboración del nuevo vino tinto comienza en el viñedo con estricta selección de racimos, que se transportan en cajas apilables, una vez recogidos a mano para que la uva llegue a la bodega en condiciones óptimas. Sobre todo, empleando barricas de roble especiales en las que se llevan a cabo las fermentaciones alcohólica y maloláctica, y que están equipadas con dispositivos especiales, que permitan hacer la función de remontado y otras actuaciones sin ninguna complicación. Otros aspectos singulares en relación con la elaboración del nuevo tinto prieto picudo se refieren al prensado de la uva seleccionada, previamente mediante el uso de equipos especiales de acero inoxidable con usillo manual. Los equipos son considerados como imprescindibles para lograr un resultado final en el que la calidad del vino sea excelente. En esta primera experiencia se emplean seis barricas de 300 litros».

Un nuevo vino que pretende completar la oferta entre sus clientes, y que representará la línea de investigación constante que llevan a cabo en Villacezán: se realizan en la actualidad diversos ensayos referidos al empleo de barricas de roble para elaborar un vino blanco con variedad ‘Albarín’ de cosecha propia, que en el futuro podría incluirse en la gama que comercializa la bodega.

La competencia es dura y ha sido necesario llevar a cabo un gran esfuerzo para que el mercado deje de ser sólo nacional y traspase fronteras, ahora el 20% de los vinos de Villacezán llega a Estados Unidos y Japón, dos puntos de venta ya consolidados y, en menor medida, a países como México, Puerto Rico o Bélgica. En el ámbito local: «costó que nuestros clientes naturales, los leoneses, se acostumbrasen a estos tintos, que tienen mucha estructura, son afrutados y muy equilibrados en la acidez, pero lo vamos logrando», reconoce García-Luengo.

Una bodega, pues, que ha dado sus primeros pasos con base firme y que, a buen seguro, todavía dará mucho que hablar.