jueves, 15 de mayo de 2008
 


XXI Jornadas Gastronómicas de la Llámpara en Quintes

La Sociedad Cultural y Recreativa Clarín de Quintes organiza, entre el viernes 16 y el domingo 25, un homenaje al molusco más representativo de la comarca Mariñana

LUIS ANTONIO ALÍAS

Durante los próximos diez días esas dos capitales hermanadas y compartidas de la comarca mariñana que son Quintes y Quintueles organizarán, a través de la activa Sociedad Cultural y Recreativa ‘Clarín’, las XXI Jornadas Gastronómicas de la Llámpara.

Toda una alegría para los que gustamos de las exquisiteces y posibilidades de un apetitoso y versátil molusco que forma parte sustancial del paisaje costero asturiano.

Las Jornadas comenzarán este próximo sábado a las veinte horas en el Centro que tiene esta Sociedad en Quintes con la entrega de la Llámpara de Oro a David Manuel Rivas Infante.

Este Doctor en Economía, profesor titular de Estructura Económica en la Universidad Autónoma de Madrid -donde imparte las materias de Estructura Económica Mundial y de Desarrollo Sostenible- y profesor e investigador de varios centros de Europa y América, además de miembro del Club de Roma y miembro de la Academia de la Llingua Asturiana, tiene una estrecha vinculación con la Asociación y la Comarca.
El pregón correrá a cargo de Roberto González-Quevedo, secretario de la Ademia de la Llingua.

Los restaurantes Castañón, Casa Quilo y Casa Pepe de Quintes, y Casa Coty de Quintueles, ofrecerán durante los días señalados lámpares mariñanes en salsas, paella, fideuá, rellenos, tortillas, revueltos y cuantas formas proporcionen la tradición y los fogones.

Únicamente se llenarán los platos con selectos ejemplares de la ‘rosada’ o primera hora mañera, en movimiento alimenticio y sin el musculoso pie firmemente sujeto, por lo que pueden extraerse fácilmente, y las soberbias del ‘mofu’ cubiertas de algas y en lugares de olas batidas.

Por lo demás es fama que les llámpares mariñanes, es decir, las de la costa entre Quintes y Tazones (o la playa de La Ñora y la Punta del Olivo), no tienen rival. El abrupto cantil guarda pedreros de muy difíciles bajadas (El Pielgu, La Tuerba, La Escalera) que ofrecen sus mejores frutos de mayo a septiembre.

Y recordemos que su presencia en la dieta asturiana se remonta, cuando menos, a un período de la prehistoria que tenemos el honor de presidir: ‘el asturiense’.

Hace unos 10.000 años, una etapa de clima intensamente frío dio paso a otra templada y benigna. La naturaleza se revitalizó; los asturianos de entonces encontraron cerca de la costa sitios acogedores y soleados donde instalar sus chozas, y en la costa misma su mejor despensa: mejillones, bígaros, oricios, berberechos, cangrejos, ostras, almejas y, especialmente, llámpares.

Sólo había que recolectar y comer el marisco y los moluscos, bien crudos, bien hervidos en odres de cuero. Los refugios utilizados de cocina y comedor acumularon conchas que la humedad y el tiempo soldaron, produciendo características masas o concheros. Asociado, el pico asturiense, nuestro primer cubierto de cocina, servía para arrancar llámpares o partir erizos.