jueves, 8 de mayo de 2008
 


Menéndez triplica sus naves pese a la crisis de la hostelería

- Sidra: Sidra Menéndez (natural) y Sidra Val d’Ornón (DOP).
- Dirección: Crta. AS-248, 8.695. 33391 Fano, Gijón.
- Teléfono: 985.137.196
- Gerente: Sabino Menéndez.
- Fundación: Inicio del siglo XX.
- Capacidad: 2.500.000 litros. En octubre será un millón más.

El llagar de fano prevé abrir dos nuevas bodegas antes de la próxima cosecha, apostando por su línea de denominación de origen protegida

OCTAVIO VILLA

Dos tipos de sidra y una línea muy clara guían los pasos de Sabino Menéndez, un empresario hecho a sí mismo que antes de la cosecha de este año tiene previsto inaugurar dos nuevas naves, que triplicarán la superficie construida actualmente en el muy sidrero valle de Fano.

Serán una gran nave industrial de estructura metálica, destinada a los 25 nuevos depósitos de acero de 70.000 litros cada uno y a la innovadora maquinaria que prevé instalar para el embotellado y el encajado, y otra algo más pequeña, íntegramente en madera, que será la que acoja unos 26 toneles de madera, de los cuales 20 serán de 20.000 litros por unidad y otros seis estarán cerca de los 40.000 litros. De estos últimos, cuatro serán nuevos y los está ensamblando El Mayáu, en Venta les Ranes.

Esta nave será la destinada a la elaboración de la mejor sidra de Menéndez, la de Denominación de Origen Protegida, bajo el nombre antiguo del valle, Val d’Ornón, para la que Sabino apuesta por usar «sobre todo, manzana raxao «porque son las pomaradas más fuertes» y regona. Y en menor cantidad, blanquina, panquerina, xuanina y perico, variedades todas ellas que le aportan a la sidra cuerpo y un elegante grado de acidez.
Casi en su totalidad, la manzana utilizada por Menéndez para la producción de su variedad con Denominación de Origen Protegida procede de sus 15.000 pomares situados en el valle de Fano, junto al llagar. Este año «está todo muy florido, incluso más que el año pasado, aunque no toca», afirma Sabino, que estima que «la vecería es verdad, pero también ocurre que hay que cuidar las pumaradas, y hay mucha gente que no quiere trabajarlas».

De hecho, Menéndez vaticina que «pronto no habrá más pomares que los que plantamos y cuidamos los llagareros», porque «hay mucha pumarada vieja descuidada».
El llagarero cree en el futuro, pese a que «la calle está fatal, hay muchos hosteleros que han perdido el rumbo con los precios y, además, la gente no llega a fin de mes», lo que constituye una preocupación generalizada en el sector, dado que se vende la práctica totalidad de la producción, pero cobrar es harina de otro costal.