Informal, mínimo y con apenas tres mesas en el comedor constituye una sorpresa agradable e insólita. Situado en una transversal que corta las calles de la Paz y la Alegría para salir al parque de los Pericones, pasa fácilmente inadvertido el acristalado frontal discretamente cortinado. Y dado que antes fue bar de cafés y chateo, quien lo tiene en la geografía de su recuerdo suele acercarse y pedir eso, un vino o un cortado; y recibirá un vino pero de elección, selección y denominación, y un cortado como ordena Juan Valdéz.
Y si desea tapear o comer muy en serio y muy en exigente, sepa que Jorge es un gran cocinero: mierense, enseñado de guaje por su abuela a pie de la chapa de carbón, marchó a Londres con dieciocho años y recorrió, estudió y ejerció de ayudante, encargado y maestro en el multicolor y cosmopolita carrusel gastronómico británico: «Trabajé la cocina hindú, la italiana, la francesa, la belga, la oriental, la española incluso, y puesto que cuido las raíces asturianas me muevo cómodamente por los mestizajes» –comenta.
Retorna a Asturias y busca trabajo, algo sencillo de conseguir con su currículo e informes. Sólo hay un problema: lleva el cuerpo semicubierto de tatuajes y nadie le da trabajo: «Daban igual mis informes y capacidades,mis capacitaciones en higiene y seguridad laboral, mi carácter pacífico, todo.
Así que terminé en cervecerías o monté empresas de distribución de ropa por internet hasta que, para reencontrar la vocación, marché a Madrid donde volví a la variedad: organizo bufés vegetarianos, compongo salsas italianas, dirijo los españolísimos ‘Pata Negra’ y ‘El Escondite’» –recuerda.
Sin embargo le llamaba Gijón, y con Cloe, que ejercía de sumiller, buscó un rincón a su medida y alcance. Y lo encontró. Una ‘Terra Nova’ e innovadora que espera ser descubierta por los amantes del buen comer a precio módico.
Vieiras a la plancha con jamón serrano y germinados; escondido de risotto perfumado por paté, setas y aceite de trufa; provolone atemperado sobre suave cebolla confitada; calabacines gratinados rellenos de fabes de la granja en cremoso de oricios; tiras de secreto ibérico con dados de manzana y mermelada casera de pimientos amarillos; bacalao confitado en hojiblanca y emulsionado con salsa casera de tomates asados; lomo de buey con crema de queso Valle del Oso guarnecido de pintones asados y patatas; buey relleno de queso de cabra; solomillo relleno de espárragos trigueros y salsa de setas y vodka; frixuelos en mermelada de kiwi; brownie con helado de galleta...
Sorpresa tras sorpresa en un brillante desfile imaginativo y sabroso, nos satisface especialmente dejar crónica y seña de esta Terra Nova merecedora de volverse ‘terra cognita’ valorada, estimada y frecuentada.