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| RESTAURANTE SIDRERIA EL RESTALLU Las razones del éxito Con una carta repleta de referencias y alternativas, el emblema de la casa es un arroz con bugre tan alto de sabor como prudente de precio LUIS ANTONIO ALIAS
El menú rey, origen de auténticas peregrinaciones, se compone de una entrada de jamón ibérico, otra de gambas frescas a la plancha, un arroz con bogavante de grano suelto, puntilloso ‘dente’ y marisco carnoso y sustancioso que tienta hasta el rascado del suculento y crujiente ‘socarrat’, un rioja o un rueda, y postres caseros: tartas, flan, suflé, frixuelos...; no le va a la zaga el especial para dos personas que inicia un pastel de cabracho y continúa una abundosa mariscada. Pero los menús mencionados, y los diarios que permiten tres o cuatro elecciones, aunque cubren buena parte de las demandas no deben ocultar, en apretado resumen, el excelente bacalao con manitas de cerdo –glorioso maridaje de gelatinas– o el repollo relleno de marisco, o los pescados del día al horno y espalda, o el entrecote de buey a la piedra, o la ensalada de perdiz escabechada, o las endibias con boquerones, o la ventrisca de bonito en escabeche, o las calderetas y parrilladas, o los tacos de ternera con setas, o las almejas con alcachofas, o el pulpo con langostinos, o los chipirones afogaos, o el etcétera de una cocina versátil y dinámica que nunca confunde oferta amplia y batalla sin gracia. Los platos se sirven a punto y en punto, saben según lo positivamente esperado, y el abigarrado ambiente va encadenando satisfacciones en el piso inferior, que viste de sidrería espaciosa con un comedor informal bajo dos grandes y simpáticos frescos de cuento infantil –un paisaje diurno y otro nocturno– y el del superior, angulado comedor formal de suelos de madera, cuadros de bodegones y paisajes, y mesas cabalmente equipadas. Fernando y Pilar, o Pilar y Fernando, que ambos comparten historia e iniciativas, unieron sus caminos en esta feliz aventura hace justo siete años. Él, palentino formado muy joven en las cocinas de la Universidad Laboral y cocinero de diversos restaurantes gijoneses de renombre, y ella, administrativa devenida hostelera por circunstancias, decidieron caminar juntos poniendo nuevamente en marcha un chigre preexistente que necesitaba de reformas y reorientaciones. Y reforzados por un personal fiel y eficaz, entre los que se cuentan dos hijos, abrieron campos de ancha cabida y superaron rápidamente «los muchos nervios y fatigas que exigió el arranque», recuerda la afable anfitriona. Y el anfitrión desvela con sencillez y franqueza el norte de su brújula profesional: «Dar lo mejor, limitar las ganancias a la segura continuidad del negocio, convencer para que la mayoría de los clientes retornen, establecer una estrecha familiaridad entre los empleados y trabajar duramente, pero queriéndolo y disfrutándolo». Se entiende el éxito. |